Mar Menor, la laguna que lucha por recuperarse

Analizamos las causas de su deterioro y las soluciones propuestas por todos los sectores.

El Mar Menor es una de las lagunas saladas más grandes de Europa. Con una superficie que supera los 135 kilómetros cuadrados, recorre más de 70 kilómetros de la Región de Murcia y tiene uno de los ecosistemas más importantes, delicados y únicos del mundo. Su cuenca vertiente comprende1.300 kilómetros cuadrados, durante los que recorre los 900kilómetros cuadrados del Campo de Cartagena, bajo el cual se esconde un acuífero, una gran masa de agua que también se encuentra conectada bajo el nivel del suelo con el Mar Menor. Esta cuenca vierte agua en el Mar Menor a través de ramblas, siendo las más importantes la Rambla del Albujón, la Rambla de Miranda, la Rambla del Beal, y la Rambla del Miedo.

Pero el Mar Menor es mucho más que eso. Es hogar de centenares de vecinos y vecinas que han crecido en los pueblos ribereños. Es recuerdo del verano para otros miles de murcianos y murcianas que acuden a sus playas cada año huyendo del calor del interior de la Región de Murcia. Es sustento para los tantísimos negocios que ‘viven’ durante todo el año de la facturación que logran gracias al enorme reclamo turístico que es el Mar Menor y también lo ha sido para las varias generaciones de pescadores que han echado las cañas y las redes en sus aguas, y de los agricultores que se han beneficiado de las fértiles tierras de su alrededor para llevar a cabo su ejercicio. Pero también es, desde hace años, objeto de preocupación por su degradación.

Macho de caballito de mar pariendo en el Mar Menor. Foto: Javier Murcia (www.javiermurcia.es)

No es necesario recordar la preocupación general que se instauró en el día a día de los murcianos y murcianas cuando las aguas del Mar Menor se tiñeron de unos tonos verdosos, marrones y grises, consiguiendo que se bautizara como ‘la sopa verde’. Tampoco se le olvida a nadie el dramático episodio en el que miles de peces muertos y agonizantes aparecieron en las costas del Mar Menor. Ni cómo todo esto impactó de manera catastrófica en la economía de la Región de Murcia, que encontraba y encuentra en la laguna salada uno de sus mayores motores económicos.

Desde estos acontecimientos, que comenzaron a hacerse visibles y populares en el año 2016, han aflorado decenas de proyectos e iniciativas para solventar el mal estado del Mar Menor, tanto desde la Administración pública regional como desde el Gobierno central, la comunidad científica e incluso el conjunto de los ciudadanos. Pero la pregunta era entonces clara: ¿todavía estamos a tiempo de salvar el Mar Menor?

LA SINGULARIDAD DEL MAR MENOR

Para entender qué ha pasado con el Mar Menor, es necesario conocer su singularidad. El catedrático Ángel Pérez Ruzafa que lleva más de cuatro décadas analizando el Mar Menor, explica que “todas las lagunas costeras tienen mucha interacción con las zonas terrestres y son ambientes particularmente estresados desde el punto de vista de condiciones ambientales naturales, porque las temperaturas se hacen muy altas en verano, se hacen mucho más frías que el mar abierto en invierno, tienen más carga de nutrientes por las actividades que hay en la zona en la cuenca vertiente, y el gran perímetro que tienen en un volumen relativamente pequeño. Todo eso hace que sean sistemas con tendencia a ir acelerados, y los hace muy productivos. Los sistemas muy productivos son verdes, porque crecen mucho tanto el fitoplancton como las algas bentónicas”.

La Isla del Barón, una de las islas del Mar Menor, al atardecer.

Pero el Mar Menor, como decimos, es diferente. “El Mar Menor era un caso extraordinariamente singular porque era capaz de mantener aguas transparentes con una biodiversidad alta, a pesar de ser muy productivo para la pesca. Eso es algo que es lo que llevamos nosotros investigando desde hace años. Hemos analizado el Mar Menor como laguna, lo hemos comparado con otras lagunas costeras, y ahí es donde hemos ido viendo que las causas por las que el Mar Menor es capaz de mantener aguas transparentes al mismo tiempo que mantiene una alta productividad pesquera y, además, tener una gran biodiversidad radican precisamente en que es muy heterogéneo ambientalmente y en sus comunidades bioló- gicas. Esa heterogeneidad es consecuencia de un equilibrio muy sutil entre las conexiones restringidas con el Mediterráneo y el mantenimiento de flujos de energía”, explica el investigador Ángel Pérez Ruzafa.

CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ

Una vez conocida esta singularidad, es preciso descubrir qué ha pasado con dicho equilibro. En este sentido, si hay algo en lo que se ponen de acuerdo casi todos los estamentos científicos que estudian y han estudiado la laguna salada, es que el origen del problema de Mar Menor es multifactorial.

Sin embargo, la evidencia científica también apunta a tres grandes bloques como principales responsables de la degradación: el vertido de nitratos procedentes de la agricultura, la llegada de contaminantes resultado del abandono de las minas de la Sierra de Cartagena y La Unión, y el deterioro derivado del urbanismo descontrolado. Estos tres grandes bloques tienen algo en común: en los tres casos los responsables creyeron que podían hacer las cosas mal sin que esto tuviera consecuencias. Pero las ha tenido. Y aún las estamos pagando entre todos.

EL URBANISMO, DESCONTROLADO


Celia Martínez Hidalgo, arquitecta y doctora en Urbanismo, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, advierte de que “Al igual que ha sucedido con la agricultura, que ha ocupado el cauce natural de la cuenca vertiente, el urbanismo también. Sobre todo, en la parte alta de la cuenca, en la zona de los resorts turísticos de campos de golf, etc., en muchos casos han cambiado las líneas naturales de las escorrentías y ha impermeabilizado el suelo. Por otra parte, en toda la zona de los pueblos ribereños se ha artificializado la costa y han ocupado, en muchos casos, la salida natural del agua”.

La Manga del Mar Menor, ejemplo de urbanismo descontrolado.

Todo esto, explica la arquitecta, no es más que el fruto de la inexistencia de un plan de ordenación del territorio actualizado que es “el instrumento fundamental para organizar, no solo el urbanismo, sino todos los usos de la cuenca vertiente”. Actualizar este instrumento para conseguir un documento acorde con la situación actual de la cuenca vertiente, “podría desclasificar suelo urbanizable y plantear acciones sobre lo que ya está construido. Habría que tomar medidas de renovación urbana, renaturalización del medio, recuperación de elementos”, explica Celia Martínez Hidalgo.

LA MINERÍA, ABANDONADA

Nave abandonada en la sierra minera de Cartagena y La Unión.

La Sierra Minera de Cartagena-La Unión tuvo su auge de actividad en los siglos XIX y XX. Sin ningún tipo de control desde el punto de vista medio ambiental, muchas de esas minas generaron montañas enteras de residuos derivados del lavado de los minerales que quedaron abandonados. También quedaron abandonadas muchas minas al aire libre y estas, unidas a las montañas de residuos, cuando caen fuertes lluvias han estado provocando el arrastre de sedimentos muy contaminantes para el Mar Menor durante décadas.

 

 

LA AGRICULTURA, DONDE TODO VALÍA

En el caso de la contaminación por nitratos de origen agrario, no se puede decir que haya pillado por sorpresa: han pasado24 años desde que el Mar Menor fue designado como zona sensible a la contaminación por nitratos, principalmente de origen agrícola. Esto venía significando que el Mar Menor podía estar en riesgo de eutrofización debido a la llegada de agua contaminada, sobre todo de origen agrícola, porque esta agua contenía gran cantidad de nutrientes, principalmente nitratos, causando una proliferación masiva de microalgas, cambiando el color del agua a verde y alterando el ecosistema.

Pero tuvieron que pasar 18 años, ni uno menos, para que esta declaración se hiciera rotunda, reconociendo al Mar Menor como zona vulnerable a la contaminación por nitratos. Esta declaración, que enfocó el problema más hacia la agricultura, incluía normativas y prohibiciones como el uso de ciertos fertilizantes y aumentaba la vigilancia en las explotaciones agrícolas. Cabe destacar que esta declaración fue en 2019,es decir, tres años después de la gravísima crisis que tuvo la laguna salada en 2016, y décadas después de que voces como las de ANSE (Asociación de Naturalistas del Sureste), el Instituto Español de Oceanografía, la Universidad de Murcia o Ecologistas en Acción dieran las primeras voces de alarma.

El lapso de tiempo entre que el Mar Menor empezó a lanzar las primeras ‘señales de alarma’ hasta que se convirtió en un objeto de interés político es, en palabras del director de ANSE, Pedro García, “una consecuencia de la dejadez política a todos los niveles y por parte de todas las administraciones públicas con competencias, tanto regionales como nacionales; de la negligencia que hubo en la no aplicación dela normativa, y de la avaricia de los distintos sectores”.

EL ACUÍFERO, CONTAMINADO

Además de los problemas que se ven a simple vista, hay que hablar del gran problema invisible que tiene el Mar Menor: su acuífero. Durante décadas, las aguas subterráneas del acuífero se han venido empleando para riego. A finales de los años setenta llegaron las primeras aguas del Trasvase Tajo-Segura, de mejor calidad, lo que permitió reducir la explotación por bombeo de forma paulatina aunque variable en el tiempo, según las disponibilidades y criterios para efectuar las transferencias. Los pozos han sido considerados por los agricultores como un seguro en caso de no tener disponibilidad de agua del trasvase, pero su mayor salinidad requería su aplicación en cultivos más tolerantes, la mezcla con aguas de mejor calidad, o lo que ocurrió a partir de mediados de los años noventa que fue la implantación de desalobradoras.

Durante muchas décadas, los fertilizantes utilizados en la agricultura se habían ido filtrando, contaminando el acuífero fundamentalmente por nitratos. El efecto es de un acuífero con una elevada contaminación por nitratos.

Una acción que, en las últimas décadas, pudo empeorar la situación fue la puesta en marcha de las desalobradoras porque el rechazo (agua salobre) acababa en el Mar Menor. De nuevo, era la laguna quien servía de cubo de basura para todos esos deshechos mientras la actividad agrícola continuaba pese a la contaminación que producía. Un desastre circular en toda regla.

Pero la paralización de las desalobradoras, que no contaban con autorización de vertido, no ha sido la solución definitiva ya que se produjo una subida del nivel freático con una descarga mayor de agua subterránea al Mar Menor y, por tanto, mayor entrada de contaminantes. El nivel freático es, por explicarlo fácilmente, la distancia entre el agua subterránea y la superficie. Al ser este nivel tan alto, en algunos puntos llega a la superficie. Y volvemos a lo mismo: el agua contaminada aparece y acaba en el Mar Menor.

Mancha blanca del Mar Menor. Imagen del satélite Sentinel-2 recogida el 19 de abril de 2025

Por todo esto, reducir este nivel es, en opinión del investigador Ángel Pérez Ruzafa, prioritario: “Casi el primer momento vi claramente como el nivel freático estaba afectando al Mar Menor, porque la secuencia fue esa: se desmonta el salmuoreducto y se prohíbe desalobrar el agua que se extrae, por lo que se deja de extraer porque no sirve para el riego. Esto hace que, lo que antes entraba por un solo conducto al Mar Menor, ubicado en la Rambla del Albujón y que habría sido muy fácil de desviar para evitar que llegase al Mar Menor, y de tratar para quitarle los nitratos a la salmuera, ahora entra de forma difusa por toda la vertiente”.

José Luis García Aróstegui, científico titular del Instituto Geológico y Minero de España (Oficina de Murcia) y profesor asociado de Hidrología en el Departamento de Ecología e Hidrología de la Universidad de Murcia, explica que utilizar el agua del acuífero para el riego de forma directa no sería una opción a día de hoy ya que tiene una salinidad muy alta, incompatible con las necesidades de los cultivos. Para poder utilizarla “habría que desalobrarla (reducirle la salinidad) y mezclarla con otras aguas de menos salinidad” pero esta acción produciría que en torno al 75% del agua se pudiera usar para el riego y el resto, más o menos el 25 % sería rechazo (agua con una gran salinidad y alto contenido en nitratos), “por lo que tendrían que ver qué hacen con ese desecho, porque es necesario gestionarlo y, en caso de que acabase en el Mar Menor, habría que quitarle los nitratos antes”.

La viabilidad económica y ambiental de esta cuestión todavía está siendo estudiada por los organismos competentes, en este caso la Confederación Hidrográfica del Segura que es quien tiene autoridad sobre el acuífero.

CONSECUENCIAS EN LA LAGUNA: LA MANCHA BLANCA Y LA HIPOXIA

Todo lo expuesto concluye en una situación: el Mar Menor está contaminado y eutrofizado, lo que ha dado lugar al intenso color verde que adquirió la laguna hace unos años y a algunos episodios realmente escandalosos y que toda la población murciana, por no decir nacional, recuerdan: la mancha blanca y la hipoxia.

Sobre la mancha blanca, el investigador del IEO (Instituto Español de Oceanografía) Juan Manuel Ruiz explica que es un fenómeno de blanqueamiento del agua debido a la precipitación de carbonatos presentes en el agua de mar. Este blanqueamiento afecta a una amplia extensión de unos 11km2 de la laguna y apareció de forma brusca en junio de 2022. “Previamente habíamos detectado una tendencia creciente de incremento progresivo y anómalo del pH de la laguna. Cuando el pH aumenta por encima de un determinado valor, los carbonatos que están disueltos en el agua precipitan y formas microcristales de calcita, lo que le confiere el agua el aspecto blanquecino”, apunta Juan Manuel Ruiz.

Ante la pregunta de qué ha causado esta subida anómala del pH, “la respuesta la encontramos en las elevadas cantidades de carbonatos disueltos presentes en las aguas subterráneas que fluyen hacia la laguna, que han ido aumentado a lo largo de las décadas a medida que el acuífero se ha ido recargando”, explica el investigador del IEO.

Su consecuencia más inmediata ha sido la reducción casi total de la luz en el fondo con la consiguiente eliminación de la vegetación marina, advierte Juan Manuel Ruiz. “Estudios realizados demuestran que la abundancia y riqueza de especies animales ha cambiado drásticamente y se encuentra considerablemente empobrecida. En las proximidades de la mancha blanca los sensores de las boyas oceanográficas han detectado una influencia significativa sobre la calidad del agua que podría estar afectando negativamente a los hábitats del fondo y su capacidad de recuperación. Hasta ahora la superficie que ocupa la mancha es estable, pero si por cualquier razón aumentase las consecuencias serán bastante adversas para el ecosistema lagunar”, asegura el investigador.

Peces muertos en la orilla del Mar Menor. Fotografía: ANSE

Por otra parte, otro fenómeno que, en su momento despertó la preocupación, fue la hipoxia y los peces muertos que trajo consigo. Las explica claramente el investigador Juan Manuel Ruiz: “la hipoxia es la reducción de las concentraciones de oxígeno por debajo de los valores mínimos normales. La causa principal está relacionada con el proceso de eutrofización. La entrada de nutrientes induce la producción primaria y el aumento de la materia orgánica, que es descompuesta por los microorganismos marinos. Estos microorganismos utilizan oxígeno para hacerlo, de forma que, si los nutrientes aumentan, los microorganismos proliferan y el oxígeno se agota”.

Del mismo modo, “como pudimos comprobar con la DANA de 2019, -continúa el investigador- el aporte masivo y repentino de agua dulce puede estratificar el agua interrumpiendo el intercambio de oxígeno con la superficie y acelerando el agotamiento de oxígeno en el fondo. Al agotarse el oxígeno, entran en juego los microorganismos anaerobios que al descomponer la materia orgánica liberan sulfuros, metano y amonio”.

“La mayoría de especies no toleran estos niveles hipóxicos por mucho tiempo. Algunas especies son más tolerantes que otras, pero si la situación persiste la mayoría de especies pueden verse afectadas o forzadas a desplazarse. Las condiciones hipóxicas son letales para la mayoría de las especies animales y vegetales, no solo por el agotamiento del oxígeno sino también por las elevadas concentraciones de compuestos reducidos del azufre o del nitrógeno, que son altamente tóxicos para los organismos marinos. Esto fue la causa de los dos episodios de mortalidades masivas de organismos marinos que presenciamos en el Mar Menor”, concluye Juan Manuel Ruiz.

Llegaron las soluciones para salvar el Mar Menor

Aunque podía parecer -porque en muchos momentos era así-, que el Mar Menor no era más que una patata caliente cuya responsabilidad iba de mano en mano porque nadie quería hacerse cargo, las soluciones empezaron a aparecer. Para sorpresa de nadie, las primeras surgieron lejos de despachos políticos y tuvieron lugar en laboratorios como los del Instituto Español de Oceanografía, en asociaciones como ANSE o directamente por impulso de investigadores como Rocío García Martínez. Pero, esta vez sí para sorpresa, las Administraciones también han dejado de lado las diferencias y se han puesto de acuerdo con un único objetivo: salvar el Mar Menor.

PROYECTO RESALAR

El mal estado de las salinas y arenales del Mar Menor es otro de los factores relacionados con la degradación de la laguna salada. Que estos espacios no cuenten con el mantenimiento adecuado propicia que se acumule materia orgánica y fangos, lo que se traduce en vertidos de sedimentos y nutrientes en el Mar Menor cuando estos se degradan. Por el contrario, unas salinas y arenales saludables pueden servir de filtro natural para la laguna salada.

Conscientes de esta importancia, Fundación ANSE creó en 2019 el proyecto ‘RESALAR: regeneración de salinas y arenales en el Mar Menor’, financiado por el MITECO y dentro del Marco de Actuaciones Prioritarias Para la Recuperación del Mar Menor de dicho Ministerio. Su objetivo es la recuperación de una parte de las salinas de Marchamalo (8 hectáreas de la zona oriental), abandonadas a mitad de los años 90, para la producción de sal de forma artesanal, manteniendo y aumentando la biodiversidad, la restauración de las naves salineras adquiridas y la demolición de otras construcciones en ruinas, y la conservación y recuperación de la vegetación natural y la biodiversidad en el Monte Blanco y en la Caleta del Estacio.

Montañas de sal producidas en el marco del Proyecto Resalar. Fotografía: ANSE

Así, el proyecto Resalar dio comienzo con la adquisición de un terreno de casi 7.000 m2 y dos viejas naves industriales de las antiguas salinas, con unos 500 m2 de superficie construida, que venían a aportar la infraestructura necesaria para la recuperación de la actividad salinera en la zona oriental de las salinas.

Las naves industriales adquiridas por la Fundación de ANSE para la Custodia del Territorio eran las únicas de todas las instalaciones de las antiguas salinas que no se había en ruinas, y conservaban las cubiertas originales de teja. Además de para el manejo de las salinas, las naves y los terrenos anexos fueron destinados al desarrollo de actividades educativas y divulgativas, así como de apoyo a otros trabajos y proyectos relacionados con la conservación y recuperación del Mar Menor, como el proyecto RemediOS de recuperación de la ostra plana (que se explica a continuación en este artículo).

SE PUSIERON MANOS A LA OBRA

Hasta el 2024 se llevó a cabo el trabajo de restauración de las naves salineras de Marchamalo. Esta restauración incluyó trabajos de gran envergadura como el cambio de casi la totalidad de las cerchas de madera de la nave más grande, que después comenzó a servir de albergue para los tanques para investigación y conservación de bivalvos y la oficina de las salinas. Del mismo modo, como parte del proyecto se inyectó nuevos suelos a ambas naves, reformado instalaciones eléctricas y de agua, tratado humedades de paredes interiores, reforzado sujeción de todas las tejas, instalado suministros de agua y aire a los tanques para bivalvos, entre otras muchas reformas y mejoras.

En la parte exterior, la reforma respetó al máximo las características arquitectónicas originales, eliminado objetos metálicos de las paredes, colocado nuevas ventanas de madera en la nave grande, eliminado paramentos de evacuación de agua rotos, sustituido algunos dinteles de puertas y ventanas, etc.

Y VOLVIÓ LA SAL

El esfuerzo de recuperación y restauración de la zona de las salinas de Marchamalo dieron sus primeros frutos en septiembre del año pasado, momento en el que ya se podía ver una pequeña montaña de unas 1.000 toneladas de sal, procedente de dos charcas cristalizadoras del antiguo complejo salinero. Al tiempo que se recogía dicha cosecha, varias máquinas y tractores trabajaron en la extracción de lodos, reperfilado y reforzamiento de los pisos de charcas cristalizadoras para facilitar la recogida de la cosecha del próximo año y mejorar la calidad de la sal para consumo humano.

Aunque aún es pronto para comercializar esta sal, la cosecha de 2024 ha demostrado que ANSE sería capaz de recuperar la actividad salinera e infraestructuras como las naves históricas, devolviendo la esperanza a un entorno que parecía condenado al mismo futuro que tantas otras salinas desaparecidas en el entorno del Mar Menor: La Veneciola (La Manga), Lo Poyo y La Hita (Los Alcázares).

La asociación considera que la cosecha de sal obtenida, y la gran acogida entre vecinos y visitantes que durante este verano visitaron las salinas y conocieron el proyecto, demostraron que el futuro del humedal de Marchamalo pasa inevitablemente por la recuperación y mantenimiento de la producción de sal en la totalidad de las salinas, lo que contribuiría a mejorar la diversidad, generar empleo y aportar actividades complementarias al turismo de sol y playa del Mar Menor.

PROYECTO REMEDIOS

Otro de los equipos en busca de soluciones para el Mar Menor es el de Marina Albentosa en el Instituto Español de Oceanografía (IEO) de San Pedro del Pinatar. En su caso, llevan a cabo un tipo de iniciativas llamadas ‘soluciones basadas en la naturaleza’ con las que pretenden utilizar elementos naturales y sus propiedades para mejorar el estado de la laguna salada. La bióloga marina explica que su proyecto se enmarca dentro de lo denominado como ‘restauración activa: “En esta restauración activa intervienen sobre todo organismos que nosotros llamamos ingenieros, que generan hábitat. Entre ellos los bivalvos”. El proyecto está financiado por el MITECO y dentro del Marco de Actuaciones Prioritarias Para la Recuperación del Mar Menor de dicho Ministerio.

Cajas destinadas a la reproducción de la ostra plana como parte del proyecto RemediOS. Fotografía: P. RemediOS

Dentro de este grupo de bivalvos, el equipo de Marina Albentosa escogió las ostras “porque ya hubo población de ostras en el Mar Menor a finales de los años ochenta y llegó a ser una población de 135 millones de ostras, y por esa capacidad de bio-extracción de nutrientes que es el diagnóstico que tiene el Mar Menor: exceso de nutrientes”.

Hubo 135 millones de ostras, pero ya no existen. Perder esa población tan enorme de este tipo de bivalvos tuvo un precio para la salud del Mar Menor: tras diversos cálculos científicos, el equipo del IEO concluyó que, en el momento en el que había esos 135 millones de ostras en el Mar Menor, estas solo tardaban unos dos meses en filtrar toda su agua. “Perder todo eso -advierte Marina Albentosa-, es quitar servicios ecosistémicos”. Esta gravedad es todavía mayor ya que la ostra se considera una especie-hábitat, es decir, sirven de cobijo y zona de reproducción para otras tantas especies del Mar Menor.

RECUPERAR EL ARRECIFE

Habiendo demostrado la importancia de estas ostras, el equipo de IEO pasó a ‘la acción’: crear un arrecife de ostras para poder estudiarlas y descubrir la manera de recuperarlas en el Mar Menor. Esta solución requiere de simulaciones ya que la laguna salada tiene particularidades específicas y partía de un problema primario: no tenían ostras para estudiar, se habían acabado, no existían más. Para ‘conseguir’ esas ostras, el equipo de Marina Albentosa se presentó a una convocatoria de la Fundación Biodiversidad a través de su programa Pleamar y así fue como surgió el proyecto RemediOS en 2022. “Teníamos nueve meses para arrancar, y decidimos reproducir las pocas ostras que teníamos en un criadero que construimos”, explica Marina Albentosa, que también es responsable del proyecto.

En medio de esa carrera para conseguir unas pocas ostras en esos meses surgió el proyecto Resalar de ANSE, en las que la asociación pretendía recuperar las salinas de Marchamalo. En este espacio, el equipo de RemediOS encontró un lugar de tránsito entre el laboratorio y el Mar Menor que podría favorecer la introducción de las ostras. Finalmente fue en las salinas de San Pedro gracias a la colaboración con la empresa Salinera Española donde se introdujeron las ostras y ahí continuó el estudio en 2023. En este contexto, el equipo del IEO encontró diversos problemas que derivaron en nuevas líneas de investigación para aumentar el conocimiento sobre las ostras del Mar Menor:

Cestos ostrícolas parte del proyecto RemediOS. Fotografía: P. RemediOS

La temperatura: gracias a la colaboración con el proyecto ThinkinAzul de la Comunidad Autónoma y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el equipo pudo estudiar cómo se comportaban y cuál era la supervivencia de la ostra en ambientes de estrés térmico ya que la temperatura del agua llegó hasta los 34 grados centígrados en verano. La contaminación: a través de la tesis doctoral de Silvia Sánchez-Segarra dentro del proyecto MITOYSTER, y una de las integrantes del equipo del IEO, estudiaron el efecto de la contaminación química para la supervivencia y la capacidad de filtración de la ostra.

MARINA DEL CARMOLÍ

Marina del Carmolí es un cripto humedal (un humedal donde el agua acostumbra a fluir solo de manera subterránea, sin llegar a emerger a la superficie casi en ningún momento) que, a pesar de estar protegido a nivel regional, nacional e internacional por su valor medioambiental, ha sido objeto de la degradación durante décadas. Esta falta de cuidado ha afectado directamente a la salud del Mar Menor, al tratarse del último filtro natural antes de la laguna salada en uno de sus puntos más polémicos, la Rambla del Albujón, gracias a la presencia de plantas autóctonas de humedales con capacidad de filtro.

Así lo apunta Rocío García Martínez, ingeniera químico-industrial. “Originariamente, la Rambla del Albujón no desembocaba en el Mar Menor. Lo hacía en unos campos llamados llanuras de expansión con una desembocadura mucho menos definida de la que tiene ahora, que es una desembocadura artificial que se creó cuando se construyó la autovía y los cultivos de secano que había en esas llanuras de expansión se convirtieron en cultivos de regadío. Ya no les interesaba el agua de la Rambla e hicieron que todo desembocase en el Mar Menor”, advierte la ingeniera.

Como respuesta y solución a esta situación, Rocío García Martínez desarrolló el Proyecto Global para la Recuperación y Renaturalización de Marina del Carmolí. Este proyecto incluye la creación de SUDS (sistemas urbanos de drenaje sostenible) o parques indundables. “Se trata de parques que, durante todo el año se pueden usar para el ocio o para el turismo, para la sociedad en general a nivel recreativo, pero que cuando llueve, se llena de agua procedente de la rambla y la retiene”, explica Rocío García Martínez, “lo que evita que toda esta agua llegue al Mar Menor”. Estos parques inundables se colocarían en tres enclaves estratégicos para la salud del Mar Menor: la Rambla del Albujón, la Rambla de Miranda, y la Rambla del Miedo. “A su vez, estarían interconectados entre ellos y conectados con una depuradora en Los Alcázares y otra depuradora en El Algar, y ubicados a una distancia suficiente con respecto al Mar Menor para que sea vertido cero real”.

MARCO DE ACTUACIONES PRIORITARIAS


El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico puso en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor en febrero de 2022. Para coordinar esta iniciativa, crea la Oficina Técnica, que se pone en marcha en verano de ese mismo año. Se crea tras el episodio de sopa verde e hipoxia que tuvieron lugar en el año 2021 con el objetivo de mejorar la coordinación entre los diferentes sectores y actores implicados tanto en el deterioro de la laguna salada como en los proyectos para su recuperación.

Para lograrlo se crea el Marco de Actuaciones Prioritarias del Mar Menor, que incluyen una superficie que va más allá de la laguna y abarca toda su cuenca vertiente. Esta zona de actuación es fundamental, explica Inmaculada Ramírez, directora de la oficina técnica, “porque el problema del Mar Menor no se arregla desde el Mar Menor, se arregla desde fuera, desde el origen de este estado eutrófico tan fuerte”. Dicho plan ha sido reconocido por la ONU como iniciativa emblemática de restauración ambiental. Del mismo modo, la ONU reconoce la coordinación interadministrativa como herramienta fundamental en la recuperación del Mar Menor.

Implantación y puesta en marcha del sistema de monitorización del Mar Menor. IEO

Este marco de actuación consta de diez líneas. Entre ellas, destaca la primera, que denuncia que “la falta de una adecuada ordenación del territorio en la cuenca vertiente del Mar Menor y las actividades que afectan al dominio público hidráulico (al agua pública, como son los ríos, los lagos o, en este caso, el acuífero y las ramblas) y al uso del agua, en especial la agricultura de regadío, por su extensión e intensificación, la ganadería intensiva y el urbanismo, han supuesto impactos importantes en la laguna”. Esto es así debido a que esta situación, explica el documento, provoca un aumento en las necesidades de aguas, invade los cauces, destruye los drenajes naturales y provoca un aumento en los vertidos contaminantes. Como resultado de las actuaciones llevadas a cabo en esta línea se cerraron más de 9000 hectáreas de cultivos regadíos ilegales.

La segunda línea de actuación, que se postula como el eje central del Marco de Actuaciones Prioritarias, es la ‘Restauración y Mejora Ambiental en el Ámbito de la Cuenca del Mar Menor, Soluciones Basadas en la Naturaleza’. En esta línea, destaca el tratamiento de la Sierra Minera para evitar que esta mantenga su estado de degradación y la creación del cinturón verde.

EL CINTURÓN VERDE

Coincidiendo con lo expuesto por Inmaculada Ramírez, uno de los aspectos más importantes para la recuperación del Mar Menor es el control y la reducción de los sedimentos, nitratos y fosfatos que le llegan tanto a nivel superficial como subterráneo. Para ello, el año pasado se puso en marcha el ‘cinturón verde’ dentro del Marco de Actuaciones Prioritarias del Mar Menor.

Este cinturón es, en realidad, un conjunto de acciones basadas en la naturaleza que pretende recuperar la zona de la ribera de la laguna salada para que se convierta en un espacio de amortiguación, una especie de filtro o barrera, para evitar que los nitratos terminen llegando al Mar Menor. Estas acciones son, entre otras, la creación de humedales artificiales y la recuperación de toda la vegetación que antes existía en esta zona y que también servía de filtro. El resultado sería la reducción de la entrada de contaminantes al agua utilizando esta solución que imita el poder de la naturaleza.

LA SIERRA MINERA

Desde otra perspectiva, y también para evitar que al Mar Menor le lleguen contaminantes, dentro del Marco de Actuaciones Prioritarias existe una línea para la restauración de los emplazamientos mineros abandonados y la restauración hidrológico forestal de su entorno en la sierra minera de Cartagena y La Unión. Esta gestión es importante ya que, como explicábamos anteriormente, hasta ahora las minas a cielo abierto y los residuos mineros derivados del lavado del mineral y abandonados en zonas colindantes durante los años en los que las minas estuvieron en marcha quedan expuestos al medio ambiente. “Esto impide que crezca vegetación y, cuando llueve, baja a través de las ramblas y llega hasta el Mar Menor”, advierte Inmaculada Ramírez.

Obras de la CHS en las ramblas mineras. Fotografía: Oficina Técnica del Mar Menor

La Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), organismo encargado de controlar tanto las ramblas que desembocan en el Mar Menor como el acuífero subterráneo, depende del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y es uno de los implicados en la elaboración del Marco de Actuaciones Prioritarias del Mar Menor, así como el encargado de poner en marcha algunas de sus actuaciones. Una de ellas la explica el presidente de la CHS, Mario Urrea: “estamos trabajando en la zona de las ramblas mineras, que producían unos arrastres hacia el Mar Menor. Hemos actuado en una primera fase con la construcción de diques que retienen los sedimentos”. Además de esta actuación, añade el presidente de la CHS, “ya que los diques, al final, tienen una capacidad limitada, el año que viene haremos unas zonas de almacenamiento controlado colindantes a la rambla, que son como unas balsas para que esa agua con sedimentos se quede retenida”.

Estas dos obras se van a complementar con una renaturalización de la zona de la rambla, ya que “cuando el agua está un tiempo en contacto con esta vegetación, también se produce una cierta descontaminación.” apunta Mario Urrea. Esta solución, asegura el presidente de la CHS, haría que la carga contaminante que llega al Mar Menor fuera “irrelevante”.

EL ACUÍFERO

Otro ‘punto caliente’ contemplado en el Marco de Actuaciones Prioritarias y que entra dentro de las competencias de la CHS es la Rambla del Albujón. Esta, a diferencia de otras como las de la zona de la minería, tiene la particularidad de que su aportación de agua al Mar Menor es continua. Dicha situación se debe, entre otras cosas, al elevado nivel freático del acuífero cuaternario, el que está debajo del Campo de Cartagena. Por este motivo, las actuaciones en la Rambla del Albujón tienen que ser específicas. Desde la CHS explican que estas consisten en los filtros verdes y los humedales desarrollados por la Dirección General de Biodiversidad. La labor de la Confederación, en cambio, es “renovar la impulsión o elevación que hay ubicada en la desembocadura de la Rambla del Albujón y que recoge el agua que llega para hacerla llegar al canal post-trasvase”.

Por otra parte, continúa el presidente de la CHS, “una segunda actuación prevista es la realización de estudios para saber si es posible extraer agua del acuífero y desnitrificarla fundamentalmente en estado sólido para no obtener un residuo líquido ya que lo que queremos evitar es que llegue ese residuo al Mar Menor”. Esta actuación forma parte del Plan de Ordenación del Cuaternario y tendrá que ser aprobada por la CHS a lo largo de este año.

Collage de actuaciones de uno de los proyectos de mejora ambiental de explotaciones agrarias financiados por el MITECO. Fotografía: Fundación Biodiversidad

Ante la pregunta de por qué todas estas actuaciones no se hicieron antes, el presidente de la CHS explica que se debe a que hasta 2016 no se había producido una “alteración ecológica” como la vivida ese año. Pero desde 2016 han pasado casi diez años en los que se ha sabido, de manera casi unánime, que uno de los principales problemas del Mar Menor era la llegada de vertidos a través de las ramblas.

A este respecto, el presidente de la CHS, Mario Urrea, afirma que “el problema no viene por la Rambla del Albujón, ya que la cantidad que se vierte por esa vía es mínima. Lo importante es el acuífero cuaternario que tiene carga de nitratos y, por tanto, el Ministerio decidió a partir del 2018 actuar en el origen: controlar para no seguir metiendo agua al cuaternario. Cuando ya hemos comprobado que no se está introduciendo más carga contaminante al acuífero, es cuando nos estamos planteando descontaminarlo. No tenía sentido descontaminar el acuífero si seguíamos metiéndole carga contaminante”.

Para lograr que esta introducción de contaminantes al acuífero se elimine, la CHS ha hecho un ejercicio de control de la actividad agrícola y ganadera en coordinación con la Comunidad Autónoma para evitar el regadío ilegal así como el uso de contaminantes, y fomento de una actividad que reduzca el uso de nitratos que, apuntan, se traduce en que ya no se está vertiendo carga contaminante al acuífero.

TRANSICIÓN ECOLÓGICA DE LOS SECTORES

A sabiendas que es complicado modificar toda la conducta y toda la actividad productiva que se desarrolla en el entorno del Mar Menor, que se nutre del mismo o que, en el peor de los casos, lo deteriora con su ejercicio, otra de las líneas del Marco de Actuaciones Prioritarias del Mar Menor incluye apoyo en este sentido.

En este sentido, la línea 6 de actuación incluye cuatro proyectos de investigación para disminuir el uso de fertilizantes en la práctica agrícola que se llevan a cabo a través de la Fundación Biodiversidad en colaboración con las explotaciones agrarias. “Estamos intentando demostrar de manera práctica cómo se pueden reducir los fertilizantes, cómo se puede mejorar la fertilización, hacerlo todo dependiendo del tipo de suelo, del tipo de trabajo para evitar esa contaminación de aguas subterráneas o del Mar Menor”, explica Inmaculada Ramírez.

De esta manera, la agricultura de la Región podría beneficiarse de este conocimiento y poner en marcha prácticas agrícolas más sostenibles para el medio ambiente, sin que estas tengan que implicar por necesidad el vertido de fertilizantes a la cuenca vertiente del Mar Menor o a la propia laguna salada.

Estos proyectos, en los que también participan agricultores, también incluyen investigaciones como la renaturalización de las balsas de agua del Campo de Cartagena. El proyecto actúa en 9 balsas de riego con una capacidad de almacenamiento de 592 metros cúbicos, instalando islas flotantes con vegetación acuática para reducir los contaminantes y mejorar la calidad del agua de riego. Del mismo modo, incluye actuaciones de renaturalización en 35 hectáreas mediante la revegetación de las balsas, sus márgenes y las parcelas en que se ubican empleando diferentes estratos y barreras vegetales.

El objetivo de esta línea de actuación es crear filtros verdes que mejoren la calidad del agua de riego, que funcionen como refugios de biodiversidad y generando un espacio terrestre para reducción de la erosión, mejora de la conectividad ecológica, reducción del consumo de agua de riego y la evaluación de cultivos alternativos.

La aplicación a gran escala de estas actuaciones sobre las balsas también tendría beneficios sobre los agricultores, que verían mejorada la calidad del agua destinada al riego, reducirían el uso de contaminantes y se encaminarían a una agricultura más ecológica.

PLAN DE ACCIÓN DE LA CARM

Otro de los sectores implicados en la recuperación de la laguna salada es la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor. Presentado en febrero de 2024, este Plan de Acción continúa con actuaciones anteriores promovidas por la Comunidad Autónoma, y contempla diferentes líneas destinadas a la creación de conocimiento y a la generación de soluciones para sus problemáticas. Entre estas ideas, destacan algunas como los piezómetros instalados o el gemelo digital del Mar Menor.

LA RED DE PIEZÓMETROS

Los piezómetros son instrumentos utilizados para conocer el nivel del agua subterránea, entre otros parámetros. El consejero de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, Juan María Vázquez, explica que el total de 19 piezómetros instalados en el lado continental del Mar Menor tienen dos objetivos: “Por un lado, queríamos saber el perfil geológico de las zonas de encuentro entre la orilla del Mar Menor y el acuífero. Por otro lado, queríamos saber cuál es el intercambio entre el acuífero y el Mar Menor”.

Por ahora, dichos piezómetros han concluido, explica el responsable de la Consejería, “que hay zonas con muy poco intercambio de agua porque el perfil geológico es muy arcilloso y, por tanto, muy impermeable, pero también hay perfiles arenosos mucho más permeables a la entrada y salida del agua. Por último, también hay perfiles volcánicos que son permeables”. Tal y como explica Juan María Vázquez, conocer el nivel de intercambio de agua entre el Mar Menor y el acuífero es importante debido al estado de contaminación de la masa subterránea.

Gemelo digital del Mar Menor
EL GEMELO DIGITAL

Otro de los programas para generar conocimiento sobre el Mar Menor y, además, que este conocimiento sirva para prepararnos para sucesos que puedan llegar a tener lugar en el futuro y que puedan afectar a la salud de la laguna como puede ser el cambio climático o lluvias torrenciales, es el gemelo digital del Mar Menor.

“Un gemelo digital es una replica digital de algo. En el caso de un ecosistema, sirve para anticiparnos y detectar posibles afecciones que alteren el equilibrio del ecosistema. Esto puede ser complicado porque hay muchos elementos que interaccionan entre ellos y lo más importante es que este gemelo digital se nutra del mayor número de datos posible sobre parámetros como el oxígeno, la clorofila, la transparencia, añadido a datos de fuentes externas como los satélites Copernicus, etc.”, explica el consejero Juan María Vázquez.

Estos datos recabados servirán para poder hacer diferentes tipos de pruebas, recrear situaciones para conocer cómo serían las consecuencias, y todo eso artificialmente. “Por ejemplo -explica el consejero-, si caen seiscientos litros por metro cuadrado, ¿qué pasaría? ¿Dónde tenemos que insistir en tanques ambientales o en otras infraestructuras para estar preparados?”

AGROALNEXT Y THINKINAZUL

Los programas Agroalnext y ThinkinAzul son dos planes destinados al desarrollo agroalimentario y a la investigación del medio marino, respectivamente. Formado por varias comunidades autónomas, incluida la Región de Murcia, “permiten un trabajo coordinado entre comunidades autónomas y también con el Ministerio de Ciencia e Innovación, para compartir infraestructuras, datos y resultados”, explica Juan María Vázquez.

Ambos tienen impacto en la salud del Mar Menor, añade el responsable de la Consejería. En el caso de Agroalnext “porque avanza en agricultura sostenible, en sistemas eficientes de fertilización, en desarrollo de nuevas variedades que requieran menos agua para crecer, en el desarrollo de sensores para conocer la profundidad que alcanza la irrigación, los nutrientes que llegan, combinar esto con la pluviometría de cada momento”. Resultado del impulso de programas de investigación como este y del desarrollo de la propia agricultura “hemos conseguido que nuestra agricultura sea la más innovadora, tecnificada y reconocida con sellos de calidad por parte de la Unión Europea. A mí siempre me gusta decir que hace unos años ya exportábamos nuestros productos hortofrutícolas a Europa. Ahora, además de exportar los productos, exportamos cómo se producen esos tomates y esos pimientos en unas condiciones óptimas”, apunta Juan María Vázquez.

Por su parte, en ThinkinAzul “todos los objetivos están centrados en la economía azul y, en el caso del Mar Menor, dar respuesta al comportamiento de especies ante situaciones concretas, conocer organismos filtradores, la biodiversidad de la laguna, el impacto de los nutrientes sobre las especies”, explica el consejero.

TANQUES AMBIENTALES
Construcción de uno de los tanques ambientales. Fotografía: Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor

Otra infraestructura fundamental para evitar que al Mar Menor le lleguen grandes cantidades de agua cuando se producen lluvias torrenciales es la del tanque ambiental. “Ahora mismo en el campo de Cartagena ha instalado los 11 tanques por una capacidad de 200.000 metros cúbicos. Cuando se producen episodios de lluvias y empieza a arrastrar, estas primeras aguas son las que van más contaminadas. Por tanto, se van canalizando hasta llegar a estos tanques ambientales. Una vez ahí, el agua es tratada, depurada y puesta de nuevo en circulación. Los lodos que se producen son recogidos por camiones y eliminados”, explica el consejero de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor.

A todo esto se suma, añaden desde la Consejería, la ampliación de las depuradoras hasta un total de diez; la ejecución de colectores de pluviales; la revisión de más de 30 kilómetros de redes de saneamiento y la corrección mediante enfundados de casi 16 kilómetros de dicha red; así como la retirada de biomasa con el objetivo de mantener el equilibrio del Mar Menor.

LAS ASOCIACIONES, QUIENES NUNCA OLVIDARON EL MAR MENOR

Para hacer justicia a este apartado sobre todas las soluciones y todos los organismos que han puesto su granito de arena en la protección y cuidado del Mar Menor, no podemos olvidar la labor de las asociaciones y las plataformas vecinales que, sin descanso, han luchado por la laguna salada.

Marcha de Pacto por el Mar Menor en la Rambla del Albujón
PACTO POR EL MAR MENOR

Pacto por el Mar Menor es una plataforma ciudadana que lleva reivindicando la salud de la laguna desde el año 2015. Isabel Rubio, del grupo de Coordinación de dicha plataforma, explica que surge “cuando nos reunimos un grupo de personas preocupadas por el Mar Menor que estábamos viendo señales de deterioro y que queríamos saber qué estaba pasando”.

Estas señales, explica una de las coordinadoras de Pacto por el Mar Menor, eran tan evidentes que se podían ver a simple vista: “yo hago buceo y fotografía submarina, y en aquel mes de agosto empecé a ver que el agua se ponía verde, que unos peces llamados agujas que normalmente van como mucho de dos en dos y están en el fondo del mar se empezaban a agrupar y a subir a más altura buscando la superficie. Cosas raras que no nos encajaban”, recuerda.

Con el objetivo de esclarecer qué ocurría, decidieron organizar unas jornadas en la Universidad de Murcia con los representantes de todos los sectores relacionados con el Mar Menor y del sector jurídico “porque no entendíamos que no hubiera legislación al respecto, y no es que no hubiera, sino que no se aplicaba”, explica Isabel Rubio.

En estas jornadas, investigadores de largo recorrido como los profesores Ángel Pérez Ruzafa y Miguel Ángel Esteve, explicaron algunas de las amenazas que estaba sufriendo la laguna desde hace décadas. “A raíz de esas jornadas, el grupo de amigos que las habíamos organizado pensamos que teníamos que seguir adelante. Empezó a unirse más gente, porque ya había mucha preocupación”, explica Isabel Rubio.

Una vez constituido Pacto por el Mar Menor, tenían: “Uno era informar a la gente de lo que estaba pasando. Ahora hablamos de la palabra eutrofización como si eso fuera algo corriente, pero en aquel momento nadie sabía lo que era el exceso de nutrientes. Empezamos a dar charlas y todavía seguimos, 10 años después. El segundo objetivo era hacer presión en las administraciones para que tomaran medidas para resolver el grave problema del Mar Menor. Para ello, nos hemos reunido con todas las administraciones, hemos hecho denuncias de casos donde no se cumplía la legislación en cuanto al uso de fertilizantes, fuimos hasta el Parlamento Europeo con ANSE y con Ecologistas en Acción con nuestras denuncias, hemos convocado manifestaciones y concentraciones delante de San Esteban, recorridos por la Rambla del Albujón”.

ALIANZA POR EL MAR MENOR

Otra de las plataformas sociales más potentes y que más han levantado la voz por la laguna es lo que a día de hoy se llama ‘Alianza por el Mar Menor – AMARME’. Dicha plataforma comenzó a gestarse en 2019, tras el primer episodio de peces muertos que tuvo lugar en la zona de Villananitos (San Pedro del Pinatar), bajo el nombre SOS Mar Menor, conformada por miembros de colectivos y organizaciones como Pacto por el Mar Menor, ANSE, Ecologistas en Acción, FAVCAC y Cofradía de Pescadores, con el objetivo de realizar una gran manifestación como protesta. Dicha manifestación, que tuvo lugar frente a la Asamblea Regional, fue de las más grandes de la historia de Cartagena al reunir más de 55.000 personas.

Manifestación en Cartagena por el Mar Menor. Fotografía: AMARME

“Tras la manifestación y en el contexto de la pandemia SOS Mar Menor se disolvió y surgió un movimiento ciudadano muy fuerte, del cual tengo el orgullo de pertenecer, que comenzó a reunirse en una plaza en Los Alcázares, en la Plaza del Espejo, el 20 de junio del 2020. La propia ciudadanía decidió en ese momento que estaba harta y que quería hacer algo para llamar la atención sobre el problema del Mar Menor”, explica la presidenta AMARME, Julia Albaladejo Álvarez. Dicho movimiento ciudadano “en un principio se le llamó Banderas Negras por referencia a las banderas que se les da a las playas. Inventamos una manera revolucionaria de manifestarnos porque, con el tema del COVID, poco podíamos hacer. Hicimos pancartas enormes, negras, donde expresábamos nuestras reivindicaciones y lo que creíamos que era necesario para salvar el Mar Menor”.

De ese movimiento, que posteriormente se pasó a llamar Alianza por el Mar Menor-AMARME comenzó a gestarse la ILP del Mar Menor: “Simultáneamente a estas protestas, contacté con Teresa Vicente, a quien se le había dado el Nobel Verde en Europa. La invité a que viniera a la Plaza del Espejo y y nos habló de la posibilidad de pedir la personalidad jurídica para el Mar Menor. Ahí se formó el movimiento que defendió la ILP del Mar Menor, porque ella nos dijo que esta iniciativa legislativa la podían aprobar en la Asamblea Regional, nos explicó el trámite y nuestra sorpresa fue que la Asamblea Regional no la apoyó. Nos obligó a salir a la calle en plena pandemia para conseguir las firmas y recogimos más de medio millón. Fue un proceso largo en medio de la pandemia que concluyó con su aprobación en el Congreso de los Diputados por una mayoría casi absoluta, con el único voto en contra de Vox”, recuerda Julia Albaladejo Álvarez.

Dicha personalidad jurídica ha comenzado a tener ‘utilidad’ en los últimos meses, tras un largo trámite que fue todavía más largo debido a que VOX, tras votar en contra en el Congreso de los Diputados, también intentó sin éxito que el Tribunal Constitucional frenase la medida.

LA ECOCULTURAL DE LOS ALCÁZARES

No se puede proteger algo que se desconoce. Esta es una de las premisas de La Ecocultural de Los Alcázares, otra asociación que ha reunido tiempo y esfuerzo en que tanto el entorno del Mar Menor como toda la Región y, en definitiva, quien quiera pueda conocer más sobre la laguna.

En 2011, un grupo de ciudadanos, sobre todo procedentes de Los Alcázares, fundaron La Ecocultural para “investigar el patrimonio de todo tipo relacionado con el Mar Menor y, posteriormente, transmitirlo”, explica Antonio Zapata, presidente de la asociación y cronista. Con actividades lúdicas y divulgativas como paseos en barco por la laguna salada, La Ecocultural une historia, literatura, cultura y ecología en un solo punto.

Nacra, una de las especies del Mar Menor que estuvieron en peligro, volviendo a su hábitat. Foto: Javier Murcia (www.javiermurcia.es)

Cinco años más tarde, cuando tuvo lugar la trágica crisis de la sopa verde en 2016, “para nosotros fue un gran trauma, un shock, pero seguimos desarrollando lo que estábamos haciendo hasta el momento en ese sentido: colaboramos con Pacto por el Mar Menor, con ANSE, en lo que podemos. Por ejemplo, hemos hecho repoblaciones, jornadas a las que invitamos a expertos que han hablado de los valores naturales del Mar Menor, de una perspectiva puramente científica, hemos traído a ornitólogos, hemos traído a geógrafos, a geólogos, etc., para saber más del Mar Menor y de las causas que han llevado a su estado” apunta el presidente de La Ecocultural de Los Alcázares “porque siempre ha habido mucho ruido sobre este tema, muchos conflictos de intereses, y nosotros siempre hemos creído que era necesario escuchar a aquellas personas que sabían más del tema, que eran los verdaderos expertos”. Algunos de los expertos que han acudido a estas charlas divulgativas son también las fuentes informativas de este artículo, como puede ser Ángel Pérez Ruzafa o José Luis García Aróstegui.

¿CÓMO ESTÁ EL MAR MENOR AHORA MISMO?

Antes de que el Mar Menor tuviera ese nombre, en tiempo de los romanos se le conocía como ‘Belich’. Este es, además, el nombre que han utilizado un grupo de investigadores para bautizar su proyecto científico en el que han desarrollado un sistema de monitorización fiable y robusto que permita conocer el estado de la laguna en continuo y tiempo casi real, así como simular y predecir las respuestas del ecosistema a los cambios del medio, el impacto de las actividades humanas, el efecto de las medidas de gestión y recuperación en la cuenca vertiente y los efectos del cambio climático.

Juan Manuel Ruiz, coordinador del programa Belich e investigador del Instituto Español de Oceanografía explica que el desarrollo de dicho sistema “ha representado un importante reto científico-tecnológico de carácter multidisciplinar en el que han colaborado más de una veintena de científicos expertos en diferentes disciplinas como la oceanografía, la ecología, la modelización ecológica, ingeniería informática o la química marina”.

En estos momentos, añade también su responsable Juan Manuel Ruiz, Belich ya dispone de múltiples sondas instaladas en diferentes plataformas oceanográficas desde las que el equipo recibe datos de gran importancia y fiabilidad, como el nivel de oxígeno, la turbidez, la clorofila a, la temperatura, la radiación submarina, la temperatura, el nivel del mar, las corrientes y el intercambio con el Mediterráneo.

El proyecto Belich, liderado y coordinado por el Centro Oceanográfico del IEO-CSIC, y financiado mayoritariamente por fondos Next Generation en contexto del Marco de Actuaciones para la Recuperación del Mar Menor del MITECO, ha contribuido además a mejorar el conocimiento científico de procesos básicos relacionados con el funcionamiento del ecosistema lagunar, como las comunidades planctónicas y bentónicas, su papel en el ciclo del nitrógeno o las fuentes de nutrientes y materia orgánica. “En base al conocimiento adquirido y el sistema de observación se ha podido identificar, caracterizar y alertar de procesos y fenómenos que en estos momentos están siendo muy relevantes para el estado actual del ecosistema lagunar y su futuro”, asegura el coordinador de Belich.

Imagen de julio de 2025 tomada en Playa Honda. Foto: Salud21

Contar con esta infraestructura avanzada permite crear una imagen fiable y precisa sobre el estado de la laguna. En este sentido, el investigador Juan Manuel Ruiz apunta: “Si medimos el estado actual a partir de variables y parámetros clásicos, típicos indicadores de la calidad del agua (oxígeno, clorofila, transparencia, etc.), podemos afirmar que la laguna se encuentra en un estado normal y estable durante los dos últimos años. En este periodo no se han repetido eventos anómalos ni extremos como los registrados a partir de 2016”.

FRÁGIL EQUILIBRIO

A pesar de esta estabilidad, el investigador Juan Manuel Ruiz llama a la prudencia. “Esto podría significar que el ecosistema se está recuperando y que las medidas aplicadas están dando efectos, pero establecer este tipo de relaciones causa-efecto es sin duda bastante especulativo”, insiste el responsable de Belich, que añade: “Ningún científico con conocimiento de causa y sentido común afirmaría que el ecosistema está en buen estado y recuperado en base solo al mejor o peor aspecto del agua y su transparencia. El hecho de que el agua esté transparente no significa que no exista un proceso de eutrofización, proceso impulsado por los excesos de nutrientes y materia orgánica procedente de la actividad humana (en este caso, mayormente procedentes de la agricultura y la ganadería)”.

Para esclarecer esta situación, Juan Manuel Ruiz explica que “un error muy habitual de concepto es pensar que si no se detectan nutrientes en el agua el ecosistema no está eutrofizado. Dicho estado no se determina en base a las concentraciones de nutrientes en el agua sino por el conjunto de reacciones biológicas en cadena que son capaces de inducir, sobre todo a nivel de los productores primarios del ecosistema (fitoplancton, macroalgas, angiospermas), y sus consecuencias (anoxia, mortalidad de organismos, etc.)”.

Del mismo modo, recuerda que hay otros elementos a valorar para el estado de un ecosistema. “En el caso del Mar Menor, la famosa ‘sopa verde’ de 2016 llevó a la laguna a convertirse en un caso icónico de lo que llamamos colapso ecosistémico, lo que supuso la pérdida de más del 85% de las praderas marinas, la casi desaparición de especies tan emblemáticas como el caballito de mar o las nacras. Si bien la mejora de las condiciones del agua puede estar propiciando las condiciones óptimas para la recuperación de estos y otros componentes perdidos o alterados del ecosistema lagunar, lo cierto es que desde el colapso la situación de estos elementos ecosistémicos apenas ha cambiado de forma que el ecosistema lagunar se mantiene en un estado alterado, más empobrecido y vulnerable, respecto a su estado antes de 2016”.

“Por otro lado –concluye el investigador- hay otros síntomas o procesos que pueden obstaculizar el proceso de recuperación, e incluso impulsar un nuevo episodio de colapso, como el incesante calentamiento del agua por el cambio climático, o el fenómeno reciente conocido como ‘mancha blanca’”.

CONCLUSIONES

Cuando comencé a preparar este artículo a finales de mayo, lo hice sin ninguna expectativa. Como residente de un pueblo ribereño desde hace más de quince años y periodista especializada en medio ambiente, sabía o creía saber ciertas cosas sobre lo que le había causado que el Mar Menor sufriera de tal manera. Y así era, sabía muchas cosas, pero era mucho más lo que me faltaba por descubrir, sobre todo en lo relativo a la parte más esperanzadora: las soluciones.

No deja de ser cierto que la diferencia entre colores políticos y la costumbre de pasar los problemas de organismo público a organismo público cuando hay que ponerles solución ha sido otro de los grandes males que ha sufrido el Mar Menor. Los científicos, las asociaciones y las plataformas ecologistas lo venían anunciando desde el siglo pasado: el Mar Menor está en riesgo, pero todos los que tenían potestad para tomar medidas decidieron mirar hacia otro lado. Si fue porque se estaban lucrando de las actividades que producían dicho deterioro o si ha sido simplemente por dejadez, solo lo saben sus bolsillos y sus conciencias (aunque la Justicia ya está actuando sobre algunos de los responsables en casos como el mediático Caso Topillo). Después el problema dejó de ser ‘ignorable’ y, seguramente, pasó a ser mucho más caro, más lento de solucionar y más complicado de lo que habría sido diez o veinte años antes de la ‘sopa verde’.

Pero, aunque tentador, quedarse en lo que podría haberse hecho, en quiénes son los responsables de que no se hiciera en su momento o en cómo podría estar en Mar Menor ahora mismo si se hubiera hecho antes, no es para nada útil ni va a acercarnos más a volver a ver la laguna con aspecto saludable. Prefiero aferrarme, tras más de dos meses de trabajo, quince entrevistas e incontables horas de investigación, con la sensación que tengo ahora mismo y que pretendo transmitir a quienes hayan llegado hasta el final de este artículo: aún estamos a tiempo con el Mar Menor y las soluciones ya están en marcha. Quizá dentro de algunas décadas, podamos dejar de recordar el Mar Menor como un paraje degradado y maltratado, y pasar a recordarlo como un ejemplo de lo bien que pueden ir las cosas con dos sencillos gestos: dejar a los científicos que de verdad saben sobre un tema ser quienes llevan la voz cantante en sus soluciones, y dejar de lado los intereses económicos y políticos para centrarse en lo que verdaderamente importa que, en este caso, es el Mar Menor◙

1 comment
  1. Hola Candela, enhorabuena de verdad por este artículo, me ha parecido el más completo, riguroso y claro que he leído hasta ahora.
    Soy estudiante, y estoy precisamente participando en un proyecto a nivel europeo donde vamos a intentar aportar algo fructífero a este proceso de recuperación. ¿sería posible contactar contigo?
    ¡Gracias por tu tiempo y por tu trabajo!

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