José María Monedero se crio como cualquier niño nacido hace 39 años en una pequeña localidad de Albacete en el seno de una familia de clase media. Con un entorno de amistad normal y una perspectiva de futuro igual de normal, todo cambió cuando conoció las drogas a los 16 años. “Empezamos a tontear con la bebida, con los porros, pero también con la cocaína y me hice adicto al momento. No era un consumo lúdico, he consumido más solo que en ambientes festivos”, recuerda José María.
Al igual que la adicción se instaló en la vida de José María desde el primer momento, también llegaron muy pronto los primeros intentos de dejarla atrás. “Pero iba a fogonazos – explica -, me alisté en el ejército con dieciocho años y al principio bien, pero cuando bajó la euforia de la novedad empecé a consumir de nuevo. Cuando vi que me estaba metiendo en el hoyo de nuevo, huyo a Mallorca donde estoy casi un año y donde mi consumo se reduce, pero cuando empecé a picotear de nuevo con la cocaína, pido el traslado a Valencia. Y, al igual que en las otras dos veces, al principio muy bien pero cuando se acaba la emoción del destino nuevo, empiezo a consumir sin control”.
Primer intento
En este momento, con veinticuatro años, decide pedir ayuda para dejar atrás las drogas “pero porque no me quedaba otro remedio, por problemas de deudas. Me dijeron que no consumiera pero que podía beber alcohol las primeras semanas, e hice de eso mi ley y pasé de niveles altos de cocaína a niveles altos de alcohol y, al final, terminaba metiendo también la cocaína de nuevo”, explica José María Monedero.
Así estuvo desde los veinticinco hasta los treinta y cuatro, apunta José María, “me levantaba cada día jurando que no iba a consumir y al cuarto de hora estaba pidiendo un chupito”. Esta situación hizo que su mujer, madre de su hijo que entonces era un bebé, decidiera poner fin a su relación.
En 2019, con ayuda de su familia y en otro intento de dejar atrás las adicciones, José María conoció un centro de salud mental. “Me preguntaron a qué estaba dispuesto a renunciar para recuperarme, y dije que a todo. Estuve ingresado dos meses y medio que sirvieron para pararme y darme una pequeña caja de herramientas”, explica José María. Del centro pasó a un piso terapéutico y después a una habitación compartida. Durante esos dos años desde el ingreso, parecía que todo iba sobre ruedas para la recuperación de José María, pero no era así.
“Me dedicaba a hacer lo que me decían. Ir a terapia, hacer deporte, hablar con compañeros, y poco más. Lo hacía todo perfecto, hacía lo que se esperaba de mí, pero no era honesto”, asume José María, “y llegó un punto en el que creía que lo hacía todo tan bien que no escuchaba lo que me decían. Elegí un mal trabajo, uno de noche y estuve a punto de recaer, pero hice caso a Josep que es mi terapeuta, y que me dijo que tenía que buscar otra cosa. Y me derrumbé porque pensaba que por qué había estado a punto de recaer si lo estaba haciendo todo bien. Y es que no era así”.
La vida de Jose María sin las drogas
En ese punto, con ayuda de Josep, José María decidió retomar el tratamiento desde un punto de vista más humilde, elegir otro trabajo y empezar a formarse. Decidió estudiar educación social y también hizo cursos relacionados con el tratamiento de las adicciones. “Recuerdo el proceso de recuperación como muy duro, pero también como el mejor de mi vida porque llegué a un lugar en el que no me juzgaban, en el que podía expresar cualquier pensamiento, siempre estaba acompañado en un espacio seguro, en el que he hecho amigos e incluso he descubierto cosas sobre mí que no sabía porque la adicción no me dejaba ver”, recuerda José María, “y a día de hoy soy libre porque ya no dependo de una sustancia para poder levantarme”.
Además de haber encontrado su libertad, José María a día de hoy acompaña a otras personas con problemas con las drogas. “Lo que hizo Josep conmigo, que fue ayudarme, guiarme y acompañarme en un proceso de recuperación, es lo que hago yo en Murcia con un equipo multidisiciplinar con psicólogas, psiquiatras, terapeutas. Lo que intento es establecer un diálogo con la persona con adicción y que se permitan ser honestos”.
Esta ayuda, José María la presta a través del centro Forum Salud Mental Murcia, con un tratamiento “no de dejar de consumir, sino de aprender a vivir sin consumir, con un desarrollo integral en el que tienes que tocar todas las facetas de tu vida. No es solo que la familia te pida que el familiar deje las drogas, cuando conseguimos esto hay que ir más allá, ver sus metas, formarle, demostrarle de lo que es capaz, pedirle que se supere, que reflexione”, concluye José María Monedero.
