Cuando pensamos en artes marciales como el karate, la primera imagen que a menudo viene a nuestra mente son las competiciones o la autodefensa. Sin embargo, detrás de la potencia de un golpe o la precisión de una técnica se esconde una filosofía milenaria basada en valores mucho más profundos que la mera confrontación.
Queremos desmantelar el mito de que el karate es una disciplina violenta y, en su lugar, explicar lo que realmente representa, especialmente para la formación de nuestros jóvenes: una herramienta fundamental para el desarrollo del respeto, la disciplina y el autocontrol.
Para ayudarnos a profundizar en estos preceptos, tenemos el honor de entrevistar a José Frutos Vicente, sensei con una dilatada trayectoria (lleva 34 años practicando karate) y en la actualidad ostenta el cinturón negro 3er dan otorgado por la Real Federación Española de Kárate y disciplinas asociadas y el cinturón negro 2º dan concedido por la OGKKE (Okinawa Goju-Ryu Karate Do Kyokai España). También ha sido practicante activo de disciplinas tales como el Taekwondo, Aikido, boxeo o Defensa Personal Policial, de las cuales confiesa haber aprendido muchísimo haciendo que la práctica de su kárate sea más dinámica.
Pero, sobre todo, Frutos no solo enseña a golpear, sino a vivir, guiando a sus alumnos a través del Dojo Kun (los preceptos del dojo) en su camino hacia el crecimiento personal.
Mucha gente asocia las artes marciales con la agresividad o la lucha. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre la violencia y la disciplina del karate?

JOSÉ FRUTOS VICENTE: La existencia de la violencia radica en la pérdida total del control de uno mismo, tratando de infligir daño físico o moral intencionadamente, sin ningún propósito, normalmente fruto de la ira, el miedo o el propio ego.
El trabajo continuo basado en una estricta disciplina forjada por el respeto, la humildad, la constancia, el entrenamiento integral (cuerpo y mente) y un estricto y atípico código ético (Dojo Kun), conlleva un total dominio de uno mismo, de nuestras capacidades, desarrollando un carácter único gracias a un crecimiento personal constante cuya máxima expresión se traduce en nuestro lenguaje no verbal, nuestra actitud ante una situación límite, sabiendo gestionar esa rabia y ese miedo que tanto daño hacen a nuestra sociedad. En kárate existe un dicho muy conocido que reza así: “En kárate nunca hay un primer ataque”.
¿Qué le diría a alguien que teme que el karate enseñe a sus hijos a ser más agresivos o a pelear?
J.F.V: Es una pregunta que muchos de los padres de mis alumnos me hacen, en la entrevista inicial que mantenemos cuando surge en sus hijos e hijas la curiosidad por la disciplina, y yo siempre les respondo de la misma manera: cuanto más sabes pelear, menos te peleas.
El kárate, a diferencia de lo que la gente suele pensar, no se practica solo dentro de las cuatro paredes del dojo; el kárate es TODO, se practica en clase, en casa con los padres, en cada relación social que nuestros hijos e hijas mantienen en su día a día, cuando hacen sus labores domésticas, los deberes del colegio, cuando muestran respeto por sus profesores, cuando ayudan a una persona desconocida. El kárate abarca toda nuestra vida, el entrenamiento de nuestro cuerpo y nuestra mente es una parte de ese TODO que es el kárate.

La primera lección que aprenden mis alumnos en clase, es que el kárate es un estilo de vida, y durante su aprendizaje te proporciona recursos que te permiten ayudar a quien lo necesite, en el contexto que sea, además de proporcionarte unas habilidades únicas con las que poder defenderse de una agresión ilegítima llegado el caso, nunca para un uso egoísta o violento o para satisfacer nuestro ego.
En términos de aprendizaje, ¿cuánto tiempo se dedica a la técnica física y cuánto a la filosofía y el código de conducta del dojo?
J.F.V: Quizá esta pregunta se pueda responder con otra pregunta, ¿Cuánto tiempo empleamos en nuestra más tierna infancia en aprender a andar y cuánto en aprender a hablar? Yo diría que van de la mano. En nuestro caso es así, con cada puñetazo que damos, cada vez que levantamos la pierna para golpear a nuestro adversario, cada vez que entrenamos duro con un compañero, en cada combate existente dentro del dojo, con cada Kiai, con cada risa y con cada reprimenda, siempre hay una connotación ética.
Nosotros basamos nuestro aprendizaje técnico en nuestros katas. Todo el kárate que aprendemos y practicamos en nuestro estilo (Goju Ryu) se esconde con sutileza en cada movimiento de cada kata que nos enseñan. El kata es un “combate imaginario” en el cual luchamos contra adversarios diversos usando técnicas y habilidades que se han transmitido de generación en generación gracias a la práctica y la enseñanza de estos “combates”. Cada kata es un mundo en sí mismo con una identidad bien marcada que requiere de constancia, estudio, aprendizaje, templanza y práctica diaria para dominarlos, unos de los principios fundamentales de nuestro kárate.
¿Podría explicar el significado de términos como “Rei” o “Dojo Kun” y cómo se aplican en la vida diaria?

J.F.V: Rei en Japón, o saludo aquí en España, es una herencia importada directamente del Asia oriental, más concretamente del pequeño archipiélago insular situado en el Océano Pacífico (Japón) y consiste en una reverencia que muestra gratitud y respeto. Esta manera de saludar es una tónica común al iniciar o terminar la clase o cualquiera de los ejercicios que se hacen, la realización de un ejercicio, bien frente al sensei o bien frente a un compañero, siempre van de la mano con una de estas dos frases que repetimos mucho en la práctica de nuestro kárate, “onegaishimasu” (por favor enséñame) y “arigato gozaimasu” (muchas gracias).
El saludo en la práctica del kárate es fundamental para entender los valores que se pretenden transmitir con la práctica de la disciplina, puesto que cuando enseñamos a saludar, enseñamos cortesía, disciplina, humildad, respeto mutuo, esfuerzo y por qué no, autocontrol, ya que no siempre te apetece saludar a la persona que tienes delante de ti, aprendiendo de manera indirecta a convivir, forjando así el carácter. El saludo o Rei en nuestra disciplina es tan importante como aprender “Suparinpei” (kata superior por excelencia) o hacer 100 flexiones de puños. Además, y hago mucho hincapié en esto, este saludo tan especial no solo se realiza durante los entrenamientos, sino que cuando un alumno se encuentra con su Sensei en la vida pública, éstos se inclinan en señal de respeto hacia su maestro.
Respecto al Dojo Kun, y para quien nunca antes haya escuchado este término, son unos principios y fundamentos éticos que guían la conducta de un practicante de kárate, tanto dentro como fuera del Dojo, enfatizando valores que van más allá de nuestra capacidad o habilidad física, una especie de “tabla de los 10 mandamientos” de la tradición bíblica.
En nuestro estilo tenemos ocho preceptos:
➡️Sé correcto con tus maneras con humildad.
➡️Entrena bien considerando tus posibilidades físicas.
➡️Estudia y practica con seriedad.
➡️Mantente en calma, contrólate, sé rápido y flexible.
➡️Cuida de tu salud.
➡️Vive una vida llena y sencilla.
➡️No te supervalores.
➡️Continúa entrenando con paciencia y con firmeza.

