Inteligencia artificial: ¿riesgo o herramienta?

El uso de la IA en el ámbito laboral, personal o académico y sobre todo por los jóvenes, es una cuestión a la orden del día

JÓVENES

El uso de la inteligencia artificial (IA) en nuestra vida está más que instaurado. Esta situación abre, a menudo, debates sobre la idoneidad del uso de la IA en ámbitos como el académico o el laboral. Algunas voces claman que la inteligencia artificial puede sustituir al ser humano mientras que otras abogan por su implementación como una herramienta más. Pero la realidad es que, desde hacer resúmenes para preparar exámenes hasta resolver preguntas cotidianas del tipo: ¿qué puedo comer hoy?, miles de personas recurren a herramientas como Chat GPT cada día, en especial la población joven.

De izq. a dcha. Laura Moya y Lourdes García

Laura Moya Paredes, de 26 años, es estudiante de oposición de Educación y profesora en una academia, un puesto para el que a veces usa la inteligencia artificial como apoyo: “me ayuda a diseñar ejemplos de ejercicios para los alumnos”, explica la joven. En el otro ámbito de su vida, el académico, la inteligencia artificial también le facilita algunas tareas “como hacer resúmenes en base a documentos que yo le indico que use de referencia”.

Lourdes García Martínez, de 26 años, estudiante de Derecho y trabajadora en un puesto de Atención al Cliente, apunta que lo importante es “darle a la IA las indicaciones correctas. Tienes que hacer una buena explicación de lo que quieres, de lo que buscas, con muchos detalles. Y, por supuesto, leer siempre todo lo que te genera la IA, porque se puede estar equivocando”.

LA IA EN LO LABORAL

Una de las advertencias que los detractores de la IA hacen con más ímpetu es que la inteligencia artificial va a sustituir a las personas. En este sentido, Lourdes García opina que “no es tanto sustituir como servir de apoyo, en tema de actividades más mecánicas, pero siempre va a haber alguien que tenga que dirigir esa IA”.

Para las profesiones artísticas, como pintores o cantantes que están viendo como material generado por la inteligencia artificial desplaza sus propias obras, Lourdes García Martínez propone “una legislación específica que lo regule. Ahora es la novedad, pero en algún momento deberíamos tener una legislación en la que se incluya la obligatoriedad de avisar de que algo está generado por la inteligencia artificial, como ya pasa en las redes sociales con la publicidad, para que esté regulado y se sepa cuando la IA está apropiándose indebidamente de trabajos artísticos o estos están hechos directamente con IA. Lo contrario es engañar a la gente”.

LA IA EN LO ACADÉMICO

Cuando la inteligencia artificial comenzó a ser extendida entre la población, muchos estudiantes la vieron como una opción para copiar trabajos de manera indetectable. Ahora, aunque existen maneras de analizar el material académico para detectar la autoría de la IA, Laura Moya opina que es “es un uso mucho más peligroso, ya que el objetivo de estudiar es aprender y asimilar los conocimientos. Con esta herramienta, quienes ya se esforzaban poco probablemente se esforzarán aún menos”.

Para resolver este riesgo, las jóvenes proponen “que el sistema educativo empiece a plantear las cuestiones de manera que la IA no las pueda resolver, de manera más práctica o que, por ejemplo, si pides un trabajo que luego el estudiante tenga que exponerlo para comprobar que sabe de lo que habla. Es un trabajo extra para los profesores y es complicado, pero así pueden comprobar que el estudiante se ha esforzado”. “Aun así, las prácticas no son más que un porcentaje de la nota. Al final, te la juegas en el examen y ahí no está la IA, ahí es cuando debes demostrar que sabes de la materia”, advierten las dos jóvenes, estudiantes y trabajadoras.

LA IA EN LO PERSONAL

Por último, otro ámbito en el que el uso de la IA ha hecho saltar las alarmas es el de las relaciones personales. En redes sociales, cada vez se ve más población – sobre todo joven – que usa la inteligencia artificial como un confidente, pidiéndole consejo e incluso, asegurando que es capaz de sustituir a un psicólogo o psicóloga. Aunque Lourdes García y Laura Moya aseguran “haberle pedido a chat GPT que me diera algún consejo, preguntarle si estoy exagerando con mi actitud ante una situación, haberle contado algún problema grave o haberle pedido que me dijera alguna cosa para motivarme”, reconocen saber que “la IA va a tender a darte la razón, no es objetiva en muchos casos y, si ve que estás exponiendo algún problema muy grave, te recomienda que busques ayuda profesional”.

Este límite, que en lugar de ponerlo la persona lo está poniendo la inteligencia artificial, es algo que las jóvenes ven positivo y que debería continuar desarrollándose. “Por ejemplo, si quieres subir una captura de pantalla para que la IA analice la conversación, que no te deje, que te diga que eso forma parte de tu privacidad o que te advierta de que no puede analizarlo porque está sacado de contexto”, proponen las jóvenes.

En la otra cara de la moneda, más allá de usar la IA como ‘confesionario’, Lourdes García y Laura Moya exponen lo útil que puede ser la IA en actividades cotidianas: “es mucho más rápido y más específico que buscar en Google. Puedes explicar, por ejemplo, que te has manchado de café en seda blanca, y preguntar cómo limpiar específicamente eso. La IA te va a dar una solución muy concreta y detallada”◙






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