«Hasta noviembre no sabíamos cómo iba a ser la selectividad»

El examen de acceso a la universidad ha cambiado este año y ahora a los jóvenes les toca decidir sus próximos pasos

Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), selectividad… Parece que cada pocos años, esta prueba cambia de nombre, pero no deja de ser el mismo perro con otro collar: un examen en la que centenares de alumnos se juegan ‘a una carta’ conseguir la calificación suficiente para poder estudiar lo que quieren. El resultado es, entonces, una doble presión: conseguir una buena nota y no ‘equivocarte’ a la hora de escoger unos estudios superiores que te formen para el trabajo al que dedicarás tu vida.

Alejandro Varela, Sofía Irizar y Álvaro Pérez son tres de los jóvenes que este año se han presentado a la prueba en la que se han tenido que examen de casi todo el contenido incluido en segundo de bachillerato. Hablamos con ellos en las instalaciones de Inversus Group para conocer sus impresiones y sus planes de futuro.

LA PAU ‘SORPRESA’

En su caso, además de la presión habitual de la PAU, se le sumaba el hecho de que, cuando empezó el curso escolar aún no sabían cómo iba a ser el examen de acceso a la universidad. En la pandemia y, hasta este año se creó lo que se conocía como ‘modelo COVID’, una versión de los exámenes que, en opinión general del sector de la educación, eran más fáciles o permitían a los alumnos escoger entre más opciones a la hora de responder a las preguntas, lo que mejoró significativamente los resultados y, por tanto, las notas medias. Este año la previsión era que el modelo COVID se eliminara para dar lugar a una nueva manera de examinar a los jóvenes, pero el curso empezó y nadie sabía cómo iba a ser ese modelo.

“Hasta finales de octubre no sabíamos cómo iba a ser el examen en algunas asignaturas. Una de las cosas importantes de bachillerato es que los exámenes que haces durante el curso son con el mismo formato que el de la PAU, pero nosotros lo hacíamos a ciegas porque no lo sabíamos. Fue muy raro y muy indignante”, asegura Álvaro Pérez. Su compañero, Alejandro Varela, añade: “el primer trimestre es el más importante, porque es el que vas más fresco, con más energía y más motivado. Si no sacas buenas notas ahí, te estás condenando todo el curso, y nosotros no sabíamos nada”.

Sofía, Álvaro y Alejandro visitan las instalaciones de Inversus Group

Esta situación llegó a ser tal que, en casos como el de la asignatura de geografía, los alumnos descubrieron el formato del examen PAU cuando lo tenían delante. “Fue un gran susto porque durante todo el curso estuvimos haciendo exámenes de tema a tema, y en la PAU las preguntas eran mixtas y lo descubrimos ahí. Es un gran ‘handicap’ y ha hecho que, en general, las notas hayan sido bastante malas”, explica Sofía Irizar.

“En historia, por ejemplo, no era necesario aprenderse todos los temas para optar al 10 cuando estaba el modelo COVID. Si había 20 temas, eran obligatorios 9 temas. Este año hemos pasado a tener 20 temas, de los cuales 16 eran obligatorios”, recuerda Alejandro Varela.

Además de este desconcierto general, la sensación genérica también ha sido que los exámenes se han corregido ‘a la baja’. “Incluso con el desconcierto de los modelos de examen, ha habido algunos de los que hemos salido contentos, creyendo que íbamos a sacar un nueve o un diez, y cuando han salido las notas teníamos un seis”, recuerda Álvaro Pérez. “Creemos que lo han hecho para corregir la subida de notas que había por el modelo COVID, que al final han prolongado demasiados años. Han querido hacer un modelo más complejo y corregir a la baja para ajustar esto”, explica Sofía Irizar.

A pesar de que el descontento con las notas obtenidas es casi genérico, también lo es la sensación de impotencia, de incapacidad de poder protestar de manera útil. “Puedes protestar, pero sabes que va a caer en saco roto. Nos ha tocado esto y es irremediable, pero lo que sí hubiera estado bien es hacer un año de transición para que no se aumentara el temario de manera tan radical”, propone Alejandro Varela.

Otra de las polémicas que suele surgir alrededor del examen de acceso a la universidad es la diferencia entre comunidades autónomas. Cada una presenta su propio modelo y cada año, los alumnos que se examinan de la misma comparan las diferentes versiones. “Hablé con una chica que me dijo que ella también habría sacado una buena nota de haber hecho la selectividad en Murcia. Hay muchísima rivalidad entre comunidades autónomas y yo lo que pienso es que si han cambiado el modelo de examen, podrían haber aprovechado para hacerlo más parecido entre todo el país. Habría sido una alternativa fácil y más justa”, explica Sofía Irizar.

¿Y AHORA QUÉ?

Aunque la situación no ha sido las más propicia tanto a la hora de preparar los exámenes como cuando han recibido las calificaciones, Álvaro Pérez cuenta con entrar en el Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. “Lo he tenido claro desde siempre, era mi primera opción”, asegura el joven. Sofía Irizar también lo tiene claro: “quiero estudiar derecho y estudios internacionales, pero sobre todo lo que quiero es salir de la Región, explorar, ver cosas nuevas”.

Pero, ¿qué pasa cuando, como Alejandro Varela, no lo has tenido claro desde el principio? En su caso, comenzó el bachillerato en la modalidad de ciencias sociales porque, como Álvaro, quería ser periodista. Durante los dos años de bachillerato, la informática se cruzó en su camino y ahora, su objetivo es estudiar ingeniería informática. “Al haber cometido el error de elegir mal el bachillerato y me encontré en una rama de ciencias sociales queriendo hacer un grado universitario propio del bachillerato tecnológico”, explica el joven, que añade: “No creo que entre por la nota, y he decidido hacer un grado superior porque he estado buscando información y me convalidan asignaturas y me acerca a lo que yo quiero”.


El CEO de Inversus Group, José Manuel Fernández, charla con los jóvenes sobre sus inquietudes.
SABER LO QUE QUIERES, DEMASIADO PRONTO

Las consecuencias de haber elegido ‘mal’ la rama de bachillerato que quiere hacer han causado que Alejandro Varela tenga que buscar alternativas para poder estudiar lo que quiere. Y es que, en términos generales, un alumno tiene entre 15 y 16 años cuando entra a bachillerato y tiene que elegir qué rama de estudios cursar, sabiendo que esta decisión va a encaminarle hacia un futuro u otro.

“Yo gracias a Dios no me arrepiento de la decisión que tomé, porque siempre he tenido muy claro que era una persona de letras, que las ciencias no me interesaban, pero sí que creo que hay mucha gente que no lo tenía nada claro. Es una edad muy temprana para posicionarse en una rama tan amplia y, de hecho, mucha gente se mete a ciencias creyendo que va a tener más salidas y luego se arrepiente cuando ya está en bachillerato de ciencias porque se da cuenta de que no es su vocación”, asegura Sofía Irizar.

Del mismo modo que el bachillerato de ciencias está ‘mejor visto’ que el de ciencias sociales, la universidad está mejor vista que las formaciones profesionales de grado superior, una alternativa de estudios superiores para alumnos que han terminado el bachillerato. Cada vez hay más opciones de este tipo de formación, que suelen durar dos años y, aunque cuentan con un altísimo grado de empleabilidad después de acabarlos, la población sigue entendiendo que son una alternativa peor que los grados universitarios.

“En muchos casos, una formación profesional tiene incluso una mejor salida profesional que la universidad porque las empresas se pelean por la gente que saca buenas notas en estas formaciones profesionales. A menudo vas mucho más preparado para ese sector específico al que quieres entrar y, en muchos casos como el mío, después de hacer el grado superior puedes entrar a la universidad si lo que quieres es seguir formándote. Pero sigue habiendo ese estigma de que los grados superiores son para los que no llegan a la universidad”, asegura Alejandro Varela.






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