
Mª NIEVES MARTÍNEZ-HIDALGO
Doctora en Psicología Social Presidenta y directora de Fundación SOYCOMOTU
La técnica del avestruz no funciona con casi nada, pero menos con un problema de salud pública como es el suicidio y, en especial, en población infanto-juvenil.
Tampoco funciona ante situaciones de acoso escolar como ha ocurrido con Lucía, una niña de 12 años que el pasado 20 de febrero se vio abocada al suicidio por sufrir bullying en el centro educativo donde cursaba 6º de primaria. La madre de Lucía pide que se visibilice este tema. “La comunidad educativa no me va a devolver a mi hija, a mi luz, si hubieran hecho algo más que mirar para otro lado”, publicó después de su muerte en el perfil de Facebook del Ayuntamiento de Puerto de la Cruz (Tenerife), comenta un periodista en El País. En dicha localidad se organizó una marcha silenciosa para resaltar que hay que tomar medidas para abordar el acoso en los centros educativos, y poner en marcha protocolos que funcionen y faciliten la solución de estas situaciones de violencia.
Parece que los seres humanos nos estancamos en la infancia y no maduramos cuando seguimos escondiendo nuestros fallos y errores, cuando evitamos afrontar los problemas y sus consecuencias, como si de forma mágica fuesen a solucionarse y pudiéramos salir ilesos e impunes cuando llega la hora de la verdad.
Los protocolos no funcionan, se sabe; padres y madres lo denuncian, pero seguimos amparándonos en esa responsabilidad que se diluye cuando formamos parte de la masa: los compañeros que presencian el bullying se callan, los profesores se callan, el equipo directivo se calla, la víctima se calla, padres y madres, a veces, también callamos y todo por miedo a la revancha, al conflicto, a las consecuencias, por “si va a ser peor el remedio que la enfermedad”. La suma de todos estos silencios es uno de los factores que conducen a la fobia y al fracaso escolar, a la depresión, a la ansiedad, al trastorno de estrés post-traumático, a las autolesiones y al suicidio.
ACOSO ESCOLAR
En 2023, 10 menores de entre 10 y 14 años y 63 adolescentes de entre 15 y19 años se quitaron la vida en Espa-ña (INE). Muchos de estos suicidiostienen como causa la violencia escolar, un acoso que no cesa cuando sesale del colegio o del instituto porquecontinúa en las redes sociales. Además, son muchas las víctimas de bullying que son re-victimizadas porquese les culpa de no tener habilidadespara enfrentarse a sus agresores o paragestionar el miedo a salir al recreo.
El suicidio es multifactorial y, en la mayor parte de los casos, no puede ser atribuido a una sola causa. Sin embargo, en los menores el acoso escolar es un importante factor de riesgo. Según el Estudio sobre Conducta Suicida y Salud Mental en la Infancia y la Adolescencia en España (2012-2022) realizado por Fundación Anar, las víctimas de acoso escolar tienen casi tres veces más riesgo de suicidio.
Otros datos de este estudio: los menores de 12 años con un rendimiento escolar alto exponen como motivación para el suicidio el acoso escolar que sufren. Tener menos de 10 años, padecer alguna discapacidad, provenir de familias migrantes o formar parte del colectivo LGTBIQ aumenta el riesgo de intento suicida por encontrarse los menores de edad más expuestos a discriminaciones y exclusiones.
Los docentes se quejan de que cada vez que un menor se suicida, los medios de comunicación ponen el foco sobre ellos, como si fueran los responsables. No se trata de demonizar a maestros y profesores, tampoco a los centros educativos, pero hay que reconocer que en algunos casos que han salido a la luz su actuación ante el acoso no ha sido eficaz. Podríamos hablar de escasez de recursos, de su lucha por una escuela pública sin recortes que muchos apoyamos, y esa sería una de las aristas de la tragedia.
Los centros educativos deberían estar mejor dotados, en especial, con más recursos humanos: psicólogos/as, equipos de orientación que pudieran llevar a cabo programas de prevención y abordaje del acoso escolar y del suicidio de forma anual o como parte de una asignatura obligatoria de ‘Educación para la salud mental’, incluida en el currículo escolar al mismo nivel que la educación física, el inglés o las matemáticas, en la que el alumnado aprendería a respetar el valor de la diversidad y de la convivencia, a desmitificar la figura del ‘chivato’, a generar espacios seguros y redes de apoyo, a cuidarse y cuidar a los demás, a saberse comunicar y mantener hábitos saludables a nivel mental. Porque los maestros y los profesores no pueden hacerlo todo, y más cuando también se les carga con gran cantidad de trabajo administrativo que les resta tiempo de otras áreas de atención.
Es importante que todos asumamos nuestra parte de responsabilidad, y pongamos empeño en que se habiliten e implanten medios eficaces para prevenir tanto el acoso escolar como el suicidio. Si necesitas ayuda, estos son algunos de los teléfonos a los que puedes acudir. El sufrimiento no es para siempre, existe una salida.

Hola.
Indicar que además de la conciencia social, escolar, familiar …,hacer más visible este tipo de situaciones…; hay que decir que existen colegios donde el problema se agudiza más por ser heredados del creador o porque la mayoría de los profesores son familia (hermanos, primos, tíos, sobrinos…) y sus hijos van a ese centro escolar y son los acosadores o fomentadores del acoso; y son incapaces de separar la parte familia y la parte trabajo, de esta forma niegan el acoso escolar ( básicamente dicen con hechos que su familia es impune ante cualquier acoso hacia otros niños y están creando demonios).
Es difícil demostrar estas situaciones y duele mucho cuando abocan al suicidio a personas bondadosas y que iluminan el mundo.