El vínculo terapéutico es la relación que se construye entre terapeuta y paciente. Muchos de los pacientes que vienen a consulta presentan dificultades en el ámbito relacional, ya sea con su alrededor o consigo mismos. Estas dificultades pueden originar gran parte de la sintomatología que vemos en consulta: ansiedad, depresión, conductas adictivas, trastornos alimentarios, somatizaciones, irritabilidad, etc.
La relación terapéutica funciona como un espacio seguro y libre de juicios, en el que el paciente, a través del feedback del terapeuta, va adquiriendo mayor conciencia de sí mismo y de su funcionamiento. Esta conciencia es la que ayuda al paciente a enfrentarse a las cuestiones que originan la sintomatología por la que acude a consulta.
Libre expresión del paciente en la consulta
El vínculo terapéutico genera un espacio de libre experimentación en el que el paciente puede permitirse ser uno mismo y expresarse como no lo haría en su vida.
Generalmente actuamos y reaccionamos ante las circunstancias de forma condicionada, ya sea por adecuarnos a ciertos contextos, por las posibles consecuencias, por aprendizaje, por mantener una imagen, etc. En definitiva, estamos limitados, y esa limitación impide que seamos conscientes de una parte importante de nosotros que juega un papel definitivo en nuestra relación con nosotros y con el entorno.
Este vínculo facilita que el paciente tenga la confianza de revelar lo que se esconde detrás de sus síntomas con ayuda del terapeuta.
El valor del vínculo terapéutico
La elección de técnicas específicas para su uso en terapia, así como el marco teórico desde el que se trabaje, es importante para realizar una buena intervención. Esto es así, tanto como para dotar de estructura y sentido a la propuesta de tratamiento, como para definir e identificar el problema y establecer el objetivo de la terapia.
No obstante, si este vínculo entre terapeuta y paciente no se da, las probabilidades de éxito terapéutico se verán reducidas. Sin este vínculo, el espacio terapéutico será un lugar más en el que el paciente se encuentre limitado y no se muestre o se permita ser de una forma genuina.
Finalmente, la autenticidad con la que se muestra un paciente es un indicador de salud, ya que informa del grado de confianza y libertad que tiene para ser, algo que se fomenta a través del vínculo terapéutico y que va a permitirle gestionar sus conflictos de un modo más adaptativo.
Cristina Tuells Girona, psicóloga de Psicoclínica Murcia.
