‘El hombre elefante’: una historia llena de prejuicio y desgracia

La enfermedad empezó a desarrollarse cuando John tenía 5 años. Su madre lo trató con mucho cariño y le enseño a leer y escribir, John fue un lector empedernido siempre que se lo permitieron.

El Hombre elefante fue una producción de Mel Brooks, dirigida por David Lynch e interpretada por John Hurt (John Merryck), Anthony Hopkins (Frederick Treves), Anne Bancroft (Señora Kendall), John Gielgud (doctor Carr Gomm), Wendy Hiller (enfermera Mothershead), Freddie Jones (Bytes) y Hannah Gordon (Señora Treves). Fue nominada al Oscar en 8 categorías, entre ellas las de película, director y actor principal (John Hurt). Costó 5 millones de dólares y recaudó más de 30.

Joseph John Carey Merryck (conocido como John Merryck), nacido en Leicester en 1863, sufría la enfermedad conocida como Neurofibromatosis de Von Recklinghausen y también otra llamada Síndrome de Proteo. Se trata de una patología producida por la mutación genética del gen AKT1 a lo largo del cromosoma 14. Ello provoca deformidades y protuberancias en el cuerpo. John tenía una estatura de 1’57, su crá- neo medía algo más de 91 centímetros, la mano derecha tenía 30 centímetros de circunferencia y la muñeca 12 centímetros; sin embargo su mano izquierda era perfectamente normal. La columna estaba retorcida y la cadera deformada. Murió a los 27 años en el Hospital de Londres.

La enfermedad empezó a desarrollarse cuando John tenía 5 años. Su madre lo trató con mucho cariño y le enseño a leer y escribir, John fue un lector empedernido siempre que se lo permitieron. La madre murió cuando el chico tenía 11 años, el padre se volvió a casar, y la madrastra y hermanastros comenzaron a maltratarlo y a reírse de él por sus deformidades que lo iban convirtiendo en un monstruo.

John vivió unos años con unos tíos, hasta que abandonó ese hogar y empezó una vida de penurias por su enfermedad. Desempeñó varios oficios, de los que nadie aceptaba, asfaltado de calles, minas de carbón y fundiciones, pero como asustaba a la gente y los compañeros le acosaban, acabó en un circo y después cayó en manos de un explotador que lo exhibía al público en un espectáculo de Freaks. Primero su “dueño” fue un tipo llamado Thomas Norman, que no le trataba muy mal y le pagaba un salario, pero se lo vendió a otro llamado Sam Torr (Bytes en la película), quien lo hacía vivir en una jaula, como a un animal, y lo maltrataba. El doctor Frederick Treves lo vio y se apiadó de él. Se lo llevó al hospital de Londres, pero Torr (Bytes), lo secuestró y se lo vendió a otro hombre del espectá- culo, llamado Ferrarri, que llevó a Merryck de gira por Europa. Lo abandonó sin dinero en Bélgica.

John, con muchas dificultades, y la ayuda de sus colegas del circo logró embarcarse para Inglaterra. En la película vemos como un enano le dice al despedirlo,… Mucha suerte, ¿quién la necesita más que nosotros? Ya en Londres, el doctor Treves lo recogió y lo volvió a ingresar en el Hospital de Londres.

La película cuenta toda esta historia de desgracias, y su guión procede de los escritos del propio doctor Treves y de otro libro de Ashley Montagu, ese guión lo escribieron Christopher de Vore, Eric Bergren y el propio director de la película David Lynch.

Lo que vamos viendo en la narrativa es una exposición de las bondades y maldades del ser humano. Personas que se aprovechan de las debilidades y otras que se apiadan y dan lo mejor de sí mismos. Y merece detenerse en varias escenas que dan una idea de la narrativa en su conjunto.

1º) El doctor Treves se entera de que en un espectáculo de Freaks (Fenómenos) exhiben a una especie de monstruo deformado. Lo ve y luego pide al explotador una sesión privada. Cuando lo vuelve a ver, hay un primer plano de su ojo izquierdo derramando una lágrima, sólo una. Eso lo contó el propio doctor Treves, que fue una sola lágrima, pero le cayó como un torrente imparable. Treves decide llevarse al monstruo al Hospital en el que trabaja y paga una cantidad a Bytes. En el rodaje, Anthony Hopkins no tenía enfrente a John Hurt, estaba solo con el director y el cameraman. Provocó la lágrima acordándose de su padre, que estaba hospitalizado en ese momento.

2º) Ese monstruo se llama John Merryck y ya en el Hospital de Londres, cuando el director del centro le entrevista, no contesta, no le habla, está muy asustado y además tiene dificultades para expresarse por los bultos en los labios. Gomm, el director, dice, … Es un completo idiota, …Roguemos a Dios porque así sea, dice el doctor Treves. El buen médico cree que es mejor que John no sea completamente consciente de su desgracia. Cuando creen que es un completo retrasado incapaz de hablar, se oye su voz en off, desde su cuarto. Recita el Salmo 23, …El Señor es mi pastor nada me falta. Recita el salmo completo, cuando había ensayado solo una parte con Treves. …Yo solía leer la Biblia todos los días, dice a los médicos. Empieza a entablarse una cordial relación entre el doctor Treves y John Merryck. Treves va descubriendo la sensibilidad y bondad de Merryck, además posee cierta cultura y muy buen gusto. Conoce los poemas de Tennyson.

3º) Treves y el director del Hospital, doctor Carr Gomm, llevan el caso a la Junta del centro. Platean que Merryck se quede alojado como enfermo crónico. Necesitan la mayoría de los votos. Mr. Broadneck, miembro influyente de la Junta, se niega, Gomm le pregunta si su decisión es definitiva, Broadneck lo afirma. Entonces Gomm anuncia una visita. Se presenta en la sala Alexandra de Dinamarca, Princesa de Gales y esposa del futuro Eduardo VII. Trae una carta de la Reina Victoria en la que solicita que Merryck sea aceptado como enfermo cró- nico del hospital, pide caridad para su súbdito más desfavorecido. Vuelven a votar, Broadneck cambia su voto. Merryck se queda, además el doctor Gomm, publicó su historia en el Times y se recibieron muchas donaciones para sufragar sus gastos. Pero como se dice en los párrafos anteriores fue secuestrado por su “dueño” Bytes.

4º) El doctor Treves lo invita a su casa y asistiremos a unos momentos de particular emotividad y ternura. …Estoy encantado, dice, y empieza a llorar, …Es que yo no estoy acostumbrado a ser tratado tan bien por una mujer tan hermosa; se dirige a la esposa del doctor. El pobre llora de alegría y emoción. En esa escena es espectacular la interpretación de la señora Treves (Hannah Gordon), con una cara muy expresiva de sus sentimientos. John enseña una foto de su madre. …Pero si es muy hermosa, dice la señora, …¡Oh! Sí, tiene el rostro de un ángel, …Yo debí ser una gran decepción para ella. … No, Mr. Merrick, un hijo tan encantador como usted, no puede ser nunca una decepción. … Yo me he esforzado mucho por ser bueno. Entones quien se echa a llorar es la señora Treves, y John le dice, …¡Oh!, por favor no llore, y cierra la escena un fundido a negro. Es una de esas escenas que te golpea el corazón y no la olvidas en toda tu vida.

En el siguiente plano vemos a Merryck construyendo con pedazos de cartón la maqueta de la Iglesia de Saint Philip, cercana al hospital. John sólo podía ver la torre y el resto se lo imaginó. Es cierto e histórico que construyó esa maqueta, y se conserva en el London Royal Museum and Archives, ubicado, curiosamente, en los bajos de la Iglesia de Saint Philip.

5º) Un fundido encadenado nos traslada al teatro Saint James, al camerino de la actriz Magde Kendal. Lee algo referente a John Merrick. … Me gustaría mucho conocer a ese caballero, dice la famosa actriz. Madge fue una de las más grandes del teatro victoriano, era de las más jóvenes de una familia de veintidós hermanos y debutó en el escenario con seis años. Su carrera se alargó por más de medio siglo y también fue empresaria teatral en el St. James Theater. En la época de Merrick ella estaba en su mejor momento, tenía cerca de 40 años, y en realidad nunca conoció a John Merrick porque estaba de gira y cuando volvió a Londres John ya había muerto. Pero es cierto que se interesó por John y recaudó fondos para su manutención y sustento en el hospital de Londres. Declaró sentir una inmensa pena por no haber conocido a John. La interpretación de Anne Bancroft como Madge Kendal se ajusta a la realidad de lo que supuso a muchas personas que conocieron y trataron a Merrick, y en la cara de la actriz queda perfectamente reflejado este detalle, como también sucede con las actuaciones de Hopkins, Gielgud y Wendy Hiller. Ese aspecto de estar mirando a una persona con satisfacción y admiración, pero a la vez teniendo presente que ese ser tan dulce y educado ha pasado por situaciones de una crueldad inimaginable se expresa de manera excelsa. Es como estar mirando dos cosas contrapuestas y manifestarlo con la mirada y leves gestos. Las interpretaciones son formidables y contenidas para dar auténtica credibilidad a lo que aparece relatado en una pantalla.

La escena de la visita de la señora Kendal a John es otro momento poético emocionantísimo. Le regala un libro. Es “Romeo y Julieta”. Leen un fragmento de la escena quinta del primer acto, al terminar Madge Kendal lo besa y dice, … No, Mister Merrick, you are not an elephant man, you are Romeo, …No, señor Merrick, usted no es un hombre elefante, usted es Romeo; y la escena termina con una lágrima que aparece en el ojo izquierdo de John y cae amorosamente por su desfigurada mejilla. Está documentada la firmeza, sensibilidad y educación de éste hombre que cautivó a todos los que lo conocieron. Los enamoraba con su profundo atractivo interior.

Cuando ya ha vuelto de su violenta odisea, se instala en el hospital. Una noche lo llevan a un espectáculo de Madge Kendal en el Saint James Theater; antes de salir, habla con el doctor, éste se disculpa y John le contesta que no debe reprochárselo, ahora se siente feliz porque se siente amado. Ve la representación de Kendall y su grupo con música de Rabel y Richard Strauss, y la actriz al finalizar, se dirige al público para anunciar que esa función está dedicada a alguien muy especial, que conoce el teatro y ama al teatro, aunque asiste por primer vez, el señor John Merryck.

John vuelve al hospital con el doctor Treves, se despiden, …Buenas noches. Que descanse, Y usted también, amigo mío, contesta Merryck.

Empieza a sonar el Adagio para cuerda de Barber. John mira su maqueta de la Iglesia de Saint Philip, dice, …It’s finished, …Todo se ha acabado, mientras se acaricia la mejilla con su delicada mano izquierda. Mira los dibujos que tiene enmarcados en su cuarto, son de niños durmiendo. Quita las almohadas y se acuesta. John Merryck tenía que dormir incorporado, con la cabeza alta, apoyada en varias almohadas. La cámara se mueve muy lentamente, con suma delicadeza. Recorre la mesilla en la que hay una foto de la señora Kendall y otra de la madre de John. Luego la cámara pasa a la maqueta y a la ventana, las cortinas se balancean delicadamente. Estrellas y el último viaje al encuentro de su querida madre, de la gloria.

John Merrick murió desnucado, todos negaron que fuese un suicidio intencionado porque se encontraba muy feliz con su nueva vida, quizás fuese por accidente o descuido. Su cuerpo quedó a disposición del hospital de Londres y fue examinado varias veces sometiéndolo a numerosas pruebas.

Técnicamente la película es impecable. Los fundidos, algunos encadenados y muchos a negro, las transiciones, los picados y contrapicados, son todos ejemplares y perfectamente justificados, nada de virguerías caprichosas. La iluminación tenebrista, en blanco y negro, de Freddie Francis, que llevaba veinticinco años sin trabajar como operador porque se había pasado a la dirección de películas de serie B, el decorado, de Stuart Craig, austero y muy cuidado, la música de John Morris, el vestuario de Patricia Norris, el montaje portentoso de Anne V. Coates (Oscar por Lawrence de Arabia en 1962), en fin, todos los elementos que configuran una producción cinematográfica se alienaron para alumbrar una película redonda El director artístico, Stuart Craig, ganaría tres Oscar después de esta película, en 1982 por Gandhi, en 1988 por Las amistades peligrosas y en 1996 por El paciente inglés.

Todo este equipo conjuntado lo hizo posible gracias al trabajo en producción de Mel Brooks, apoyado por Jonathan Sanger, al que puso como cabeza visible porque él no quería aparecer debido a su fama de actor, productor y director de comedias, y eso podía confundir al público. Brooks corría un riesgo dando la dirección de la película a David Lynch, con fama de excéntrico, de hecho después de su fracaso con su primera película, Cabeza borradora, una de esas cintas experimentales que llaman de culto, se dedicaba a arreglar techos porque nadie quería financiar sus proyectos cinematográficos.

He visto casi toda la filmografía de Lynch, en mi opinión lo mejor que ha hecho, ha sido, precisamente, El hombre elefante, porque es la más clásica de sus obras. Y le sirvió para sacar adelante otras películas, Dune, Terciopelo azul, Corazón salvaje, Mulhollan Drive y su serie de televisión Twin Peaks, aunque su actividad más prolífica fueron los cortometrajes. David murió en enero de 2025, cuando ya estaba elevado a la categoría de director de culto, para lo bueno y para lo malo.

El hombre elefante significó la recuperación para el cine de Anthony Hopkins, que a partir de esta película, y de Magic, de dos años antes, ascendió a las más altas cotas, y le llegaron las nominaciones al Oscar y las dos estatuillas. También John Hurt dio un paso adelante en su carrera. Anne Bancroft, esposa del productor Mel Brooks, era un valor seguro, ganadora del Oscar en 1962 por El milagro de Ana Sullivan, Wendy Hiller tenía casi 70 años cuando encarnó a la enfermera Mothershead, una carrera consolidada y un Oscar de 1958 por Mesas separadas. En cuanto a Sir John Gielgud, el doctor Gomm de la película, era una venerable reliquia de la interpretación, ganador de todos los premios posibles, al año siguiente se llevó el que le faltaba, el Oscar, fue por su encarnación del mayordomo Hudson en la película Arthur.

Curioso resulta que Jonathan Demme eligiera a Anthony Hopkins para el papel de Hannibal Lecter de El silencio de los corderos después de verlo en El hombre elefante, porque, aunque ambos son médicos, uno es un perverso caníbal y el otro un alma buena, están en las antípodas.

John Hurt tenía que estar en el departamento de maquillaje a las 5 de la mañana porque la operación de maquillarlo y caracterizarlo llevaba casi 7 horas para colocarlo, y 2 para quitarlo, por eso sus escenas se rodaban en días alternos. Se llevó a su casa la máscara, que finalmente no utilizaron para su personaje, y esta le libró de un atraco, ya que el ladrón la vio, se asustó y salió corriendo de la casa.

Mel Brooks ofreció el papel del malvado Bykes al veterano Trevor Howard, al no aceptarlo, se acordó de otro famoso malvado del cine británico, Freddie Jones, el padre de Toby Jones, un competente actor de reparto en más de un centenar de películas, más otro tanto de series de televisión.

John Merryck es uno de esos ejemplos de personas a las que la vida repartió muy malas cartas, pero terminó ligando una gran jugada. Al maltrato respondió con bondad, al desprecio con respeto y al amor con más amor.

Ver El hombre elefante produce un efecto extraño, porque se mezclan ambientes degradantes con otros elegantes, amabilidad con crueldad, luces con sombras, horror con amor. Y al acabar de ver la película, sientes la necesidad de mejorar como ser humano. Y hasta te crees capaz de conseguirlo◙






























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