El envejecimiento es un fenómeno multidimensional que afecta de distintas maneras a las personas, también a las mayores. La Organización Mundial de la Salud (OMS) adelantaba el pasado mes de marzo que la población global experimenta la depresión en un porcentaje del 3,8%, incluidos el 5% de los adultos y el 5,7% de los mayores de 60 años; en resumen, el grupo de personas mayores se deprime más que el resto.
De hecho, la depresión es, según otro informe de la OMS de octubre de 2022, uno de los grandes síndromes geriátricos y una de las patologías más prevalentes entre el grupo de personas mayores. Quizás por este motivo se entienda mejor que en nuestro país el grupo de personas mayores de 80 años es el que en más ocasiones intenta suicidarse y lo consigue, al menos una de cada dos personas.
Variables sociales y psicológicas
Sabemos que existen diferentes variables sociales y psicológicas que pueden favorecer la aparición de la depresión en las personas mayores. Por enumerar solo algunas: la disminución de ingresos económicos tras la jubilación, la pérdida de actividad y relaciones sociales, un aumento del estrés por tener que hacer frente a situaciones complejas con menos recursos (gastos de luz, combustible, comida, etc), padecer el “síndrome del abuelo esclavo”, la muerte y/o enfermedad de amigos y familiares, o sufrir edadismo producido por el resto de la sociedad, entre otras.
Algunos síntomas muy característicos son: dificultades para concentrarse, sentimientos de baja autoestima o de culpa excesiva, falta de esperanza acerca del futuro, pensamientos de muerte o suicidio, alteraciones del sueño, falta de energía, o cambios en el apetito o en el peso.
El envejecimiento supone un momento de crisis existencial, como también la adolescencia o la madurez. Por ello, tampoco debemos confundir los momentos de nostalgia, tristeza o confusión propios de la adaptación a esta nueva fase de la vida con una depresión. No todo sentimiento de tristeza es depresión.
Actuar cuanto antes contra la depresión en mayores
Por ello, es fundamental prevenir su aparición. Algunas estrategias que podrían resultar útiles serían las siguientes:
Para hacer frente a este problema de salud, recuerde siempre que ante la menor duda, y/o un cambio de estado mental que dificulte su vida tal y como la venía viviendo con anterioridad, debe acudir a su médico y enfermera de referencia en su centro de salud, para descartar otras patologías que pudieran confundirse con una depresión sin serlo, o bien para ayudarle a resolverla o paliar sus efectos negativos.
Administración y cuidadores
Es fundamental que desde la Administración Pública en materia de Salud se ponga en marcha con carácter urgente planes de abordaje de los problemas de salud mental, también en las personas mayores. También debemos intentar mantener y promover las relaciones sociales, sobre todo cuando somos cuidadoras de otras personas enfermas; en este caso los centros de mayores ofrecen una amplia oferta de actividades grupales. Es fundamental hacer ejercicio físico, mejor al aire libre. Recuerde que vivir el presente es el mejor homenaje a la vida.
Por: Carmelo Gómez. Presidente de la Sociedad Murciana de Enfermería Geriátrica y Gerontológica. Catedrático de Humanización y Cuidados a los Mayores de la UCAM (Universidad Católica).
