De líder del pelotón a seleccionador nacional

Hablamos con Alejandro Valverde sobre su apuesta por seguir vinculado al ciclismo, pero priorizando la vida familiar

Alejandro Valverde Belmonte nació en la localidad de Las Lumbreras, de la pedanía murciana de Monteagudo, el 25 de abril de 1980. Desde sus inicios en categorías juveniles, Alejandro demostró un talento fuera de lo común y un carácter combativo que generaba pesadillas entre sus contrincantes más directos. Saltó a profesional en 2002 con el equipo Kelme-Costa Blanca, marcando el comienzo de una carrera plagada de éxitos. A lo largo de más de dos décadas, ha corrido para equipos como Illes Balears-Banesto, Caisse d’Épargne y el Movistar Team, donde fue el líder indiscutible hasta su retirada en 2022 del circuito UCI WorldTour.

Entre sus logros más destacados están el Campeonato Mundial en Ruta 2018, la Vuelta a España 2009 y 17 victorias entre las tres Grandes (Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España), siendo uno de los pocos en la historia que se han subido a un pódium en las tres competiciones. Ha participado nada menos que en cinco Juegos Olímpicos, todos desde Atenas 2004 hasta Tokio 2020.

En su palmarés, tiene un total de 133 victorias como profesional. Pero sorprende retroceder al pasado y descubrir que la primera carrera de Valverde fue en Jumilla, donde acabó segundo. El fin de semana siguiente ganó su primera carrera en Yecla. Obtuvo más de cincuenta victorias consecutivas entre los 11 y 13 años, ganándose el apodo de El Imbatido, cuando tan solo era un niño.

Actualmente, es el seleccionador nacional de ciclismo en carretera de España. Fue nombrado por la Real Federación Española de Ciclismo en marzo de 2025, para liderar la selección masculina élite.

¿Es cierto que tu pasión por las dos ruedas es una herencia directa de tu padre?
ALEJANDRO VALVERDE: Sí, así es. Mi padre empezó a practicar ciclismo, y aunque fue un poco tarde (sobre los 30 años), hay que reconocer que iba muy bien. Además, mi hermano mayor, Juan Francisco, también competía; él es quien ahora gestiona el ‘Valverde Team’ y está conmigo en la Federación Española de Ciclismo. En mi caso, yo empecé como un hobby que acabó convirtiéndose en mi trabajo. En mi casa siempre se vivió el ciclismo como una pasión.

¿Llegaste a probar otros deportes de niño?
A.V.: Como cualquier niño en el colegio, practiqué fútbol, baloncesto o tenis, pero el ciclismo era lo que mejor se me daba y, sobre todo, lo que más me gustaba. Empecé a ganar carreras muy pronto, con apenas 9 años, y eso fue el mayor estímulo para seguir entrenando y compitiendo.

Fuiste el líder indiscutible del Movistar Team durante muchísimo tiempo. ¿Cómo se convive con esa presión constante?
A.V.: Sin duda, es una presión añadida porque tienes el peso del equipo y del público sobre tus hombros; todo el mundo espera lo máximo de ti cada vez que te subes a la bicicleta.

En la categoría UCI WorldTour (profesionales) hay muchas cosas en juego y eso siempre lo tienes en la cabeza. En cualquier caso, yo he tenido la suerte de llevarlo bastante bien. Por supuesto que había días más duros que otros, pero nunca representó un problema real para mí. Siempre he dado lo mejor de mí en cada competición; en eso tengo la conciencia tranquila.

Perteneces a una generación de ciclistas que ha vivido una transición tecnológica muy importante en el ciclismo. ¿Qué cambios destacarías como los más significativos?
A.V.: La evolución ha sido enorme, como bien dices. Fueron muchos años de ‘parón’ tecnólogico; las bicis evolucionaban poco o casi nada, pero de pronto comenzaron a aparecer cambios muy importantes.

En cuanto al material, el salto del aluminio al carbono, los cambios electrónicos, los frenos de disco y pasar de los tubulares al sistema ‘tubeless’, por mencionar algunos, y todos han sido muy importantes y, a su manera, han ayudado mucho a configurar el ciclismo actual.

Pero el cambio más grande ha sido la nutrición, en el ciclismo y, en definitiva, en todos los deportes. En el ciclismo antes se pensaba que había que comer poco para estar ‘fino’, y eso lo único que provocaba eran grandes ‘pájaras’. Ahora, sin embargo, gracias a la investigación en este terreno, se come muchísimo para poder rendir al máximo al final de la carrera. Está todo muy medido: cada corredor toma exactamente lo que necesita para optimizar su rendimiento, y la figura del nutricionista se ha vuelto fundamental en nuestros equipos.

Yo, en general, siempre he cuidado mucho el tema de la alimentación, pero me lo tomé muy en serio y me volví muy estricto con la nutrición a partir del año 2012, cuando comprobé que era un apartado deportivo que se iba a imponer, y también comencé a ver los resultados, respecto al rendimiento, que se obtenían siguiendo las pautas que te marcan los especialistas en este asunto.

¿Y te sigues cuidando ahora que has dejado la alta competición?
A.V.: Ahora lo que hago es entrenar más para poder permitirme algún capricho (risas).

Muchos compañeros cuelgan la bici y no quieren verla en años, pero tú sigues saliendo a entrenar casi a diario, y compites, incluso, en otras disciplinas dentro del ciclismo. ¿Cuál es el secreto?
A.V.: Para mí, entrenar siempre ha sido un momento de disfrutar, nunca ha supuesto un sacrificio. Si te gusta lo que haces, la disciplina y la constancia vienen de la mano. Por descontado que había días en que te costaba salir a entrenar, eso ocurre siempre. Pero si la base de todo es que, en general, te apasiona este deporte, incluso a esos malos días acabas dándole la vuelta y terminas disfrutándolos.

Hay que tener presente que el ciclismo de élite es un deporte que puedes tener mucha ‘clase’ (dicho de una técnica impecable), pero si no tienes las condiciones y no entrenas lo necesario, te quedas en el camino. Pero lo que desde luego creo firmemente, es que hoy en día sin autodisciplina no se gana nada.

Has manifestado en alguna ocasión que te preocupa el salto tan temprano de los jóvenes al profesionalismo. ¿Por qué?
A.V.: Yo soy un fiel defensor de la categoría Sub-23. Ahora, los chavales pasan de junior a profesionales con 17 o 18 años y se están saltando etapas de aprendizaje muy necesarias. Físicamente pueden estar preparados, pero la cabeza no suele estarlo cuando son tan jóvenes; por supuesto hay excepciones, pero suele ser así. El salto a profesionales es muy grande en muchos aspectos.

Esto que digo provoca que veamos a corredores que con 22 años ya están saturados y se retiran del pelotón profesional. En mi opinión, la categoría Sub-23 debería ser obligatoria al menos uno o dos años para que maduren lo necesario.

De todos tus rivales, que fueron muchos y muy buenos, ¿quién te impresionó más?, ya sea para bien o para mal.
A.V.: He tenido la enorme suerte de haber compartido pelotón con grandes leyendas del ciclismo. Lance Armstrong, que fue en el momento en que estaba muy fuerte, representaba un rival durísimo; ganarle en el Tour de 2005 fue un antes y un después para mí, tanto personal como profesionalmente.

También admiro mucho a otros como Bettini, Contador, Purito o los hermanos Fränk y Andy Schleck. Pero seguro que me olvido de muchos más. Afortunadamente, siempre me he llevado bien con todos y he evitado los conflictos a toda costa, así es que el recuerdo del resto de gente del pelotón es positivo.

Si tuvieras que quedarte con una sola victoria de toda tu carrera, ¿cuál elegirías?
A.V.: Sin ninguna duda, el Campeonato Mundial del año 2018. Lograrlo con 38 años, después de haber estado tantas veces tan cerca, me hizo una ilusión especial, incluso más que ganar etapas importantes en el Tour o la Vuelta. Vestir con el maillot arcoíris durante todo un año es algo que no tiene precio, algo a lo que creo que aspira cualquier ciclista profesional.

¿Cómo es la vida de Alejandro Valverde ahora que no compite en el UCI WorldTour?
A.V.: Ahora disfruto mucho más de la familia, que es lo que más me costaba dejar cuando corría. El ciclismo es un deporte que implica muchas estancias fuera de casa, y no solo durante la competición (concentraciones con el equipo, viajes, etc.).

Sigo ligado al ciclismo como embajador de Movistar y como seleccionador nacional, lo cual me encanta porque me permite estar cerca de los chavales sin pasar tanto tiempo fuera de casa como cuando era corredor, o si fuera director de equipo, que también pasan más tiempo fuera que los propios corredores.

Y, por supuesto, sigo ‘matando el gusanillo’ con pruebas de gravel o MTB, donde también estoy compitiendo, pero ya sin presión, y nunca demasiado lejos de casa.

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