Los terrores nocturnos son una parasomnia, un tipo de trastorno del sueño que afecta principalmente a niños entre 3 y 7 años, aunque también pueden ocurrir en adultos en casos poco frecuentes. Durante un episodio de terror nocturno, el niño puede parecer estar despierto, gritar, llorar, sudar, y mostrar señales de pánico extremo, pero generalmente no está consciente y no responderá a intentos de consuelo o comunicación.
Hablamos con la doctora Ana Peinado, psicóloga especializada en inteligencia emocional y terapeuta EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing). Tiene un máster en Psicología General Sanitaria y máster en Investigación de Psicología Aplicada. Actualmente, Ana Peinado compagina su actividad como profesora asociada en la Facultad de Psicología de la Universidad de Murcia, con el desarrollo de programas de educación emocional en centros educativos.
Dirige el Centro Alma en la capital murciana. En su consulta ofrece terapia infanto-juvenil, trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático, duelo, entre otros. Además, es autora de varios libros sobre educación emocional y bienestar.
¿Qué son los terrores nocturnos y cómo se diferencian de las pesadillas?
A.P. La principal diferencia es que los terrores nocturnos están dentro de lo que conocemos como parasomnias, es decir, alteraciones del sueño mientras que las pesadillas son únicamente sueños perturbadores. Cuando la persona tiene terrores nocturnos no recuerda qué le ha ocurrido. Suelen aparecer en las primeras horas del sueño mientras que las pesadillas son más frecuentes al final del periodo de sueño.
¿Cuáles son las causas más comunes de los terrores nocturnos en niños?
A.P. No se sabe con exactitud cuáles pueden ser las causas de la aparición de terrores nocturnos en la infancia. Parece tener un cierto componente genético, por lo que, si el padre o la madre sufrieron terrores nocturnos en su infancia, es posible que el hijo o hija los desarrolle también. En ocasiones, aparece cuando hay una fiebre alta o con periodos prolongados de falta de sueño. Estados emocionales intensos de estrés o ansiedad también pueden provocar su aparición.
¿A qué edad suelen comenzar los terrores nocturnos?
A.P. Suelen comenzar en torno a los tres años y permanecer hasta los siete, aproximadamente.
¿Cómo pueden los padres identificar si su hijo está experimentando terrores nocturnos?

A.P. La principal diferencia con una pesadilla es que el niño continúa dormido y es difícil despertarle. No responden cuando se les habla o se les toca y hay mucha agitación motora (llanto, gritos, movimientos como si golpeara, puede sentarse en la cama o incluso andar).
¿Qué impacto tienen los terrores nocturnos en la calidad del sueño del niño?
A.P. Aunque los terrores nocturnos son muy alarmantes para los padres, realmente no son peligrosos. El hecho de que se produzcan en una fase del sueño profundo y que el niño no se despierte durante el episodio no altera el ritmo del sueño.
¿Existen tratamientos o intervenciones efectivas para reducir la frecuencia de los terrores nocturnos?
A.P. Lo más habitual es que los terrores nocturnos desaparezcan por sí solos. Si se sospecha que la causa de su aparición es un episodio de emocional intenso, podemos enseñar al niño o niña a manejar emocionalmente la situación. Si el niño tiene problemas de apnea o reflujo, aliviar esos síntomas puede ayudar. Como en todos los niños, tener una adecuada rutina del sueño es fundamental.
¿Cómo pueden los padres apoyar a su hijo después de un episodio de terror nocturno?
A.P. Lo mejor es no despertarlo. Simplemente quedarse al lado para evitar que se haga daño o se levante. El episodio puede durar entre cinco y quince minutos y a partir de ahí, volverá a dormirse. El trabajo de los padres yo diría que es sobre todo mantener la calma, aunque sea complicado. Es importante tener en cuenta que, aunque sea llamativo, el niño no sufre durante este episodio y al día siguiente no lo recordará.
¿Qué papel juega el estrés o los cambios en la rutina en la aparición de terrores nocturnos?
A.P. Parece que el estrés puede ocasionar la aparición de terrores nocturnos, aunque no sería el único factor. Posiblemente deben darse otro tipo de condicionantes como la predisposición genética para que el estrés o los cambios de rutina originen esta parasomnia. No obstante, en cualquier caso, enseñar a nuestros hijos qué hacer ante situaciones complicadas, darles recursos adecuados de afrontamiento y acompañarlos con calma son aspectos fundamentales, básicos e imprescindibles en la crianza.
¿Hay alguna predisposición genética que aumente la probabilidad de que un niño experimente terrores nocturnos?
A.P. Sí, al igual que otras parasomnias como el sonambulismo o la enuresis nocturna, los terrores nocturnos parecen tener un componente genético que se activa con determinadas situaciones como la fiebre o la falta de sueño.
¿Qué consejos generales pueden seguir los padres para ayudar a su hijo a superar los terrores nocturnos?
A.P. En primer lugar, calma. Aunque sean muy llamativos los terrores nocturnos no son peligrosos. En segundo lugar, igual que con cualquier niño sufra o no de terrores nocturnos, respetar las rutinas y los horarios, que en casa haya un clima de tranquilidad, no abusar de las pantallas, evitar que vean contenidos violentos, etc. son consejos que siempre deberían seguirse. En tercer lugar, si los terrores nocturnos duran más de 30 minutos, hay una excesiva rigidez o presenta sacudidas o el niño está triste o con miedo durante el día, es necesario consultar con un profesional•

