Han pasado casi cien años entre el día que se puso nombre al Síndrome de Ovario Poliquístico o SOP y el día en el que se le modificó el nombre para ajustarlo a la realidad de las miles de mujeres que lo sufren. Corría el año 1935 cuando dos doctores, Stein y Leventhal, describieron lo que nombrarían como SOP a partir del diagnóstico de siete mujeres con falta de menstruación, hirsutismo y sobrepeso. En la exploración encontraron quistes en los ovarios de estas mujeres, lo que les llevó a deducir que eran el origen del problema.
Ahora, sesenta y seis organizaciones académicas, pacientes, clínicas y la Organización Mundial de la Salud han publicado un estudio en la revista ‘The Lancet’ que aleja el origen de todos estos desajustes de los ovarios de las mujeres, enfocándolo de una manera más integral desde una perspectiva endocrina. Uno de los motivos que llevó a esta deducción fue la constatación de que muchos de esos ‘quistes’ no lo eran en realidad, sino folículos con un crecimiento detenido.
Reducir el diagnóstico a la supuesta presencia de quistes que servían como excusa y explicación para todo tipo de síntomas (problemas hormonales, emocionales, metabólicos, de infertilidad, aumento de vello o acné en el cuerpo, etc.) alejaba a las miles de mujeres diagnosticadas de un conocimiento real sobre su cuerpo. Además, advierten los autores del estudio, reducía el tratamiento a la ginecología, cuando se trata de un problema endocrino. En el propio estudio alertan de que denominar SOP a este síndrome se traducía, directamente, en retrasos diagnósticos, atención fragmentada, estigma y falta de comprensión.
Por todo esto, se ha llegado al consenso científico de cambiar el nombre de SOP a SOMP (síndrome ovárico metabólico poliendocrino) al descubrir que su origen real está en alteraciones endocrinas relacionadas con la insulina, los andrógenos y las hormonas ováricas. Este nuevo término engloba mejor esta patología ya que es ‘poliendocrino’ porque en él intervienen varias hormonas, es metabólico porque causa afecciones en el metabolismo como puede ser la resistencia a la insulina o la hipertensión, y es ovárico porque los expertos advierten de que la función ovárica es clave.
Voces expertas han celebrado este cambio de nombre ya que permite combatir uno de los grandes problemas del hasta ahora conocido como SOP: el diagnóstico tardío o la ausencia total de diagnóstico. Las mujeres cuyas manifestaciones de este síndrome se basaban en problemas, por ejemplo, en el estado de ánimo o en la capacidad para perder o ganar peso, en la pérdida de cabello, el aumento de acné o el exceso de vello corporal, podrán llegar ahora al diagnóstico aunque sus ciclos menstruales no se estén viendo afectados.
Conseguir un diagnóstico en SOMP permite a estas mujeres reducir el riesgo de sufrir las consecuencias del mismo a largo plazo tales como la diabetes tipo 2. Además, por supuesto, les permite entender mejor la naturaleza de su cuerpo y, a su vez, poner soluciones a las expresiones de este síndrome de manera global, sin tener que resignarse a un malestar genérico, a consecuencias en su día a día, únicamente por tener ‘quistes en los ovarios’.
REDACCIÓN
