
¿Quién no ha bostezado alguna vez? Del latín ‘oscitare’, la RAE define bostezo como el acto involuntario de abrir exageradamente la boca para realizar una inspiración lenta y profunda, seguida de una espiración larga acompañada de un gemido. Durante el bostezo se cierran los ojos, los músculos faciales se estiran, se inclina la cabeza para atrás y se abren las trompas de Eustaquio. Igualmente, al bostezar es normal y adecuado el lagrimeo debido a la contracción de los músculos orbiculares que comprimen la glándula lacrimal.
El bostezo es un acto motor involuntario que genera sensación de bienestar. Es una conducta adaptativa muy antigua en la evolución animal y que está presente en el ser humano y también en los animales vertebrados. El bostezo se relaciona con la necesidad de sueño, el aburrimiento e incluso la ansiedad. En el humano se ha descrito desde la semana 12 de embarazo y en la infancia se bosteza más que en la edad adulta.
Aunque fue Charles Darwin quien, en 1873, describió el bostezo, todavía hoy desconocemos sus mecanismos y funciones últimas. Habitualmente, sobre todo al inicio del día o justamente después del despertar, de forma espontánea realizamos pandiculaciones, es decir, cinesias en las que el bostezo se combina con el estiramiento de los músculos antigravitatorios. Estos programas motores son típicos de los estados de transición entre fases del ritmo circadiano. Se relacionan con procesos homeostá- ticos adaptativos originados en el tronco del encéfalo y, desde el sistema reticular activador ascendente, se activa la corteza cerebral. Los bostezos también están presentes en pacientes cuadripléjicos, así que se acepta que, para su inicio, no serían esenciales ni el sistema nervioso de la médula espinal ni el de la cadena simpática torácica.
TEORÍAS DEL BOSTEZO
Aunque la mayoría de teorías de aparición de los bostezos no están demostradas, se proponen algunas como que al bostezar se estimula mecánicamente la arteria carótida, se comprime el bulbo carotídeo y, así, se estimula la corteza cerebral en forma de alerta. Sería semejante al despertar por aumento de estimulación desde los centros reticulares activadores ascendentes con la liberación de catecolaminas (la hipótesis de somnolencia y de activación).

Asimismo, que como al bostezar se produce una inspiración exagerada, se aumenta el aporte de oxígeno en los pulmones que pasaría a la sangre y, a la vez, en la espiración, se eliminaría el dióxido de carbono (la teoría de hipercapnia y de oxigenación). Sin embargo, se ha demostrado que tener más cantidad de oxígeno disponible no hace disminuir el bostezo. Y que exponer a altas concentraciones de dióxido de carbono tampoco aumenta su aparición.
También se han discutido otras teorías menos pausibles como la de termorregulación del cerebro, la de cambio de estado, o la de liberar presión al oído medio al abrir la trompa de Eustaquio. Lo que sí se acepta es que el bostezo persigue la sincronización de la conducta en los cambios de alerta, consiguiendo que la tensión arterial y la frecuencia cardiaca aumenten un 30%, lo que conduce a activar el sistema simpático y a asegurar ese estado de alerta modificando los sistemas neurobiológicos. Adicionalmente se ha demostrado que el bostezo puede mejorar la atención y reducir la ansiedad: así, antes de una competición, los atletas aumentan la frecuencia de bostezos y, en consecuencia, elevan los niveles de cortisol, hormona del estrés emocional, que también se libera en respuesta a bajos niveles de glucemia.
FASES DEL BOSTEZO
En 1958, Barbizet señaló que el bostezo duraba de 4 a 7 segundos y tenía tres fases. En la primera fase, la apertura lenta y progresiva de la boca se acompaña de expansión de faringe, laringe y tórax, descenso de la lengua, del hioides y del diafragma y dilatación máxima de la glotis (separación de las cuerdas vocales), además de expansión de la caja torácica, descenso del diafragma e inspiración intensa.
La segunda fase incluye taquicardia, contracción de los músculos dilatadores de los labios y párpados, máxima dilatación de las fosas nasales y faringe con salivación y lagrimeo.
La tercera fase finaliza con una espiración lenta acompañada de un gemido al cerrarse la boca, cuando los músculos laríngeos y faciales se relajan. Una reacción parasimpática inicial va a culminar con una reacción simpática, que favorece el estado cognitivo de alerta.
MIMETISMO
Se definen dos tipos de bostezos, los bostezos voluntarios y los que realizamos por mimetismo, por imitación o por contagio. Es la denominada ecoquinesia del bostezo. Se ha entendido como una forma de empatía kinésica, que obligatoriamente es instintiva e involuntaria, aunque también pudieran haber cumplido una función social en el que cuando un animal bosteza y enseña los colmillos, el otro responde con la misma conducta.
Pero, aunque los bostezos contagiosos se han relacionado con la empatía, este hecho no se ha podido demostrar, si bien si se ha constatado que, incluso sin ver a una persona bostezar, con solo oír la palabra bostezo o incluso con solo escuchar el característico gemido al final del bostezo, se induce el bostezo en las otras personas. Por ello, se concluye que los bostezos se contagian más por actividad de procesos reflejos que por actividad de las neuronas en espejo o la imitación.
Conocido es el dicho: “El bostezo es un grito silencioso… pidiendo café”, pero sabiendo que el bostezo, por sí mismo, produce efectos positivos, lo más sensato es que, cuando el bostezo nos apremie, no lo reprimamos. Dejémonos llevar. Nuestro cerebro lo agradecerá porque mejorará nuestra capacidad de rendimiento mental al elevarse la capacidad de atención y de concentración ◙
