Ingeniería biomédica: la carrera desconocida que salva vidas

Lorena Rabasco Martínez estudió esta carrera y se está especializando en robótica para desarrollar prótesis médicas

Seguro que, en algún momento de tu vida, te has realizado una prueba médica o has tenido que someterte a algún tipo de análisis para encontrar el origen de un padecimiento o poder diagnosticarte una enfermedad. Que esto sea posible es, en parte, gracias a los ingenieros biomédicos. Este grado universitario, a pesar de ser un gran desconocido, es una de las bases de la sanidad actual y de la investigación que nos acerca al futuro de la medicina y la salud.

Lorena Rabasco Martínez, graduada en ingeniería biomédica por la Universidad Politécnica de Valencia, no conocía la que posteriormente fue su elección académica hasta que no empezó a plantearse qué hacer después de estudiar bachillerato.

En su visita a las instalaciones de Inversus Group, empresa comprometida con el talento joven y con la promoción de las nuevas generaciones, Lorena Rabasco Martínez explica que esta ingeniería biomédica “te da todos los conocimientos de una ingeniería, pero enfocado al campo de la salud y la tecnología médica, lo que la convierte en una carrera muy específica que, a su vez, toca muchos campos como la imagen médica, la biomecánica, los exoesqueletos, la inteligencia artificial, la telemedicina, la robótica, etc. Se trata de una ingeniería 100%enfocada a mejorar la calidad de vida de las personas”.

El grado en Ingeniería Biomédica, explica Lorena Rabasco Martínez, “está en constante investigación y te ofrece varias ramas: por un lado, te puedes dedicar a la investigación; por otro lado, puedes entrar en el sector privado en empresas como Medtronic que desarrolla tecnología médica; y en tercer lugar, te puedes dedicar al mantenimiento de aparatos en el hospital, por ejemplo, en radiología. También, al ser una carrera nueva, el plan de estudios es muy reciente y cambia bastante entre una facultad y otra”.

LA INGENIERÍA QUE ABRE PUERTAS

En el caso de Lorena Rabasco Martínez, fue el sector de la robótica lo que más le llamó la atención y lo que decidió que sería su siguiente paso con un máster en la Universidad Complutense de Madrid. Es solo una de las muchas y muy variadas ramas profesionales a las que te puedes dedicar cuando acabas la carrera de ingeniería biomédica y, aunque no requiere un máster habilitante como pasa en otras ingenierías, Lorena Rabasco Martínez recomienda: “Si estudias ingeniería biomédica, recomiendo hacer un máster, pero yo no haría un máster precisamente en ingeniería biomédica porque te estás cerrando puertas, te estás focalizando en algo, y se repiten muchas cosas. Yo recomiendo abrirte campos, porque al final la ingeniería biomédica te forma para un sector determinado, entonces lo mejor es abrir otras puertas. Y por eso yo hice un máster en robótica, pero también puedes ir por la inteligencia artificial, el big data, o la imagen médica directamente”.

OFERTAS Y FUGAS DE CEREBROS

Posterior a la formación, sea cual sea el camino que tomes, llega el momento de introducirte en el mercado laboral. En el caso de la ingeniería biomédica, la cantidad y la calidad de las ofertas de trabajo, explica Lorena Rabasco Martínez, depende mucho del lugar en el que te encuentres o de dónde quieras ir: “Por ejemplo, en Valencia hay empresas que se dedican sobre todo a imagen médica. En Madrid y Barcelona hay muchas más. Y con las Universidades hay muchos convenios para hacer prácticas fuera”. Precisamente sobre la fuga de cerebros tras la formación en ingeniería biomédica, la egresada en dicha carrera explica: “Se van a Suiza y Holanda porque ahí están más reconocidos, y mucho mejor pagados. Con la misma labor, ahí ganas más con prácticas que aquí con un puesto de trabajo. También pasa que muchas empresas que trabajan aquí tienen toda la parte del desarrollo de dispositivos en otro país, y te tienes que ir allí para trabajar en ese sector porque aquí hacen solo la comercialización”.

CAMBIAR LA VIDA DE LA GENTE

En el caso de Lorena Rabasco Martínez, su formación en el Máster en Robótica le ha permitido realizar unas prácticas de laboratorio con los exoesqueletos que tanto le llamaron la atención cuando comenzó la carrera, y actualmente ha empezado a compaginar estos estudios con un proyecto del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas).

Destaca de estas ofertas laborales la oportunidad de cambiar de manera tangible la calidad de vida de las personas con algún tipo de discapacidad: “Cuando fuimos al hospital y vimos el robot Da Vinci, me encantó la opción de que alguien pueda operar a un paciente sin ni siquiera estar delante. Fue muy impactante y eso me hizo elegir la robótica, porque con cosas como esa o con los exoesqueletos ves cómo cambia por completo la vida y las oportunidades de la gente”.

En este sentido, Lorena Rabasco Martínez ya ha podido comprobar, con apenas 23 años, la importancia de la apuesta por la ingeniería y la investigación con una financiación suficiente: “Estando en el laboratorio ves las ideas que tienen, las cosas que desarrollan y luego te vas al mundo real y no tiene nada que ver. Se desarrolló el Da Vinci, pero no todos los hospitales tienen un Da Vinci y no todos los hospitales tienen el espacio para dedicar un quirófano para un robot. Hay muchas ideas que se quedan ahí porque cuesta dinero, no solo invertir en el desarrollo sino también en comercializarlo y que llegue al público”.

EL PERFIL DEL INGENIERIO BIOMÉDICO

A pesar de que las ingenierías son carreras universitarias en las que predominan los hombres sobre las mujeres de manera muy evidente, en el caso de la ingeniería biomédica, cuenta Lorena Rabasco Martínez, esto no es así: “En clase éramos más o menos la mitad chicos y la mitad chicas, algo que no veía en el caso de otras amigas que estaban estudiando ingeniería de telecomunicaciones o industrial donde había cuatro o cinco chicas por clase, pero ingeniería biomédica, al final, trata un tema médico y puede ser un puente entre el sector de la salud y la ingeniería”.

Esta carrera, explica su egresada, es ideal para personas curiosas que saben que quieren hacer una ingeniería, pero no quieren cerrarse puertas profesionales: “Es genial si en el bachillerato ves que te gusta la física y las matemáticas, pero también disfrutas mucho de la biología. En esta carrera aprendes a adaptarte a todos los ámbitos y al final puedes entender un poco de todo: yo con mis amigos puedo hablar de cirugía, pero también de ciberseguridad”

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