Con motivo del Día Mundial del Arte, la Residencia Alameda de Ribera Perpetuo, pone en valor la historia de Charo, una mujer cuya vida estuvo profundamente ligada a la pintura y cuya obra hoy se convierte en testimonio de cómo la creatividad puede mantenerse incluso en procesos neurodegenerativos como el alzhéimer.
Charo, Rosario Parra Rodríguez, comenzó a pintar en los años 70, desarrollando una producción artística de más de 200 cuadros. Su pintura, alejada de normas rígidas, reflejaba su forma serena y sensible de observar el mundo, capturando escenas cotidianas, paisajes y pequeños detalles con gran precisión. Hoy, como paciente con alzhéimer, su historia permite comprender no solo la evolución de la enfermedad, sino también cómo algunas capacidades pueden resistir durante más tiempo. En sus últimos cuadros se aprecia ese proceso: una menor precisión técnica, pero todavía presente una base sólida de talento, sensibilidad y habilidad.
Según explica el neuropsicólogo del centro, Alfonso Morales, “el cerebro no se deteriora de forma uniforme, sino que algunas áreas se ven más afectadas que otras, lo que permite que ciertas capacidades, como la creatividad, se mantengan activas durante más tiempo”.

Este fenómeno se relaciona con la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y crear nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida. En el caso de Charo, décadas dedicadas a la pintura han generado una red especialmente fuerte en torno a esta habilidad. “Cuando una persona ha trabajado una capacidad durante toda su vida, como el dibujo, es más difícil que una enfermedad neurodegenerativa la afecte en las primeras fases”, señala Morales.
No obstante, la evolución de la enfermedad acaba afectando también a estas áreas. En su último cuadro, realizado en 2022, ya se percibe el impacto del Alzhéimer: “se observa una menor precisión, pero sigue conservando una gran habilidad psicomotora y de planificación”, añade el especialista.
Más allá del caso individual, esta historia pone de relieve el valor del arte como herramienta terapéutica en el abordaje del Alzhéimer. Las actividades artísticas forman parte de las terapias no farmacológicas que se desarrollan en el centro, con el objetivo de mantener las capacidades cognitivas y emocionales de los pacientes y mejorar su calidad de vida. «Estas terapias activan y refuerzan redes cerebrales existentes e incluso pueden generar nuevas conexiones, contribuyendo a proteger el cerebro frente a la enfermedad”, explica Morales. Además, este tipo de intervenciones favorece la socialización y el bienestar emocional, aspectos clave en el cuidado integral de las personas.
Actualmente, las obras de Charo se encuentran expuestas en la Residencia Alameda, en Cartagena, como homenaje a su trayectoria artística y a su historia de vida. Una exposición que invita a mirar más allá del diagnóstico y a reconocer la identidad y el talento que permanecen. “Detrás de todos los síntomas sigue existiendo la persona y su dignidad. Puede que su cerebro haya cambiado, pero sigue habiendo una parte de ella que permanece”, concluye el neuropsicólogo.⁋
Fuente: Grupo Ribera
REDACCIÓN
