El pasado mes de octubre, el Ministerio de Juventud e Infancia anunció que están trabajando para crear una ley que regule la exposición de niños y niñas en redes sociales por parte de sus progenitores, una práctica conocida como sharenting. Laura Davara, doctora en Derecho, especialista en protección de datos, redes sociales y menores y en desconexión digital, socia Davara&Davara (despacho especializado en estos temas) puntualiza que esta práctica de sharenting también debe incluir en su definición a las fotografías que comparten otras personas del círculo cercano de los niños, como pueden ser abuelos, tíos u otros familiares.

Otro concepto de importante definición en este contexto de sharenting es la huella digital. Esto, explica Laura Davara, “es el rastro de tu presencia online, en todo lo que tiene que ver con el ámbito digital. Ese rastro está formado por dos cuestiones: lo que tú dices de ti mismo en Internet y lo que otros dicen o comparten de ti en Internet. Es cierto que, jurídicamente, existe el derecho al olvido que permite eliminar determinada información, pero, al final, el descontrol es tal que una vez sale de tu dispositivo, tú no sabes si se lo descarga alguien, si lo comparte, si le hace una foto con otro dispositivo. Al final, pierdes muchísimo ese control y las consecuencias pueden aparecer a corto, medio y largo plazo”.
Para conocer hasta qué punto hay información sobre uno mismo o sobre los hijos en redes sociales e Internet, Laura Davara propone una práctica llamada ‘vanity searching’, es decir, buscar el propio nombre en un buscador como puede ser Google o en una herramienta de inteligencia artificial como puede ser Chat GPT.
De otra manera, para conocer la información sobre nosotros o nuestros hijos almacenada en las redes sociales, la experta en protección de datos nos sugiere ejercer nuestro derecho de acceso. “ “Normalmente no se llama así dentro de las aplicaciones como Instagram o Whatsapp sino tipo: “solicitar info de mi cuenta’ o “copia de mis datos” o “descarga tu información”. Es gratuita y muy fácil de solicitar. Te mandarán todos los datos que tiene esa aplicación sobre ti que quizá tú no eras consciente de que tenía”, explica Laura Davara.
Otra herramienta, más desconocida, pero también recomendada por la especialista en protección de datos es el Canal Prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos. “Sirve para solicitar la retirada urgente de contenido sexual o violento que te cause un daño. Tanto para los mayores de edad como para los menores de edad. Si, en algún momento, hay una foto de tu hijo (o tuya) en alguna página web o dentro de una red social de carácter íntimo, violento o sexual, aparte de utilizar los mecanismos de denuncia y retirada de contenido que todas las redes sociales ofrecen, acudir al canal prioritario (www.aepd.es/canalprioritario) es mucho más rápido, mucho más eficaz y, además, también permite, si luego se desea, denunciar tanto ante la AEPD como ante los Tribunales” apunta Laura Davara.
Si buscas más información sobre redes sociales y seguridad, Laura Davara también es autora de un libro para padres y educadores tiulado ‘El libro definitivo sobre redes sociales: claves para padres y educadores’, donde encontrarás una parte dedicada a sharenting y a consejos de privacidad y ciberseguridad.
CONSECUENCIAS PARA LA SALUD MENTAL
Además de la falta de control sobre dónde llegan esas imágenes, exponer fotografías de los niños y niñas puede tener consecuencias en su salud mental, tanto a corto como a largo plazo. El psicólogo Juan Pedro Martínez Ramón, profesor de la Universidad de Murcia y coordinador del grupo de trabajo de psicología educativa del Colegio de Psicología de la Región de Murcia advierte de ellas.
“La primera y más lógica consecuencia a corto plazo es la pérdida de privacidad y control. Cuando un adulto decide poner una imagen suya en redes sociales, está generando una imagen, está generando una marca, un perfil, pero es consciente, es autónomo y toma sus propias decisiones. En el caso de que una tercera persona, en este caso tus padres, estén haciendo esto por ti lleva, no solo la pérdida de privacidad, sino también de control. Esta falta de control puede generar, a medida que el niño va creciendo, sentimientos de incomodidad, de vergüenza, también incluso de enfado, cuando se descubre que hay determinados momentos que a lo mejor para ese niño deberían ser íntimos o los considera sensibles y ve que han sido compartidos sin su consentimiento”, argumenta el psicólogo.

Otra consecuencia, incluso más preocupante que la anterior en opinión de Juan Pedro Martínez es la siguiente: “durante la niñez, y en realidad durante toda la vida, estamos construyendo nuestra identidad y nuestro autoconcepto (el conocimiento o la imagen que tenemos de nosotros mismos). Esto se construye no solo por la información interna, sino también externa, es decir, a través de las valoraciones de las demás personas, de la información de los comentarios que nos llegan de los demás. En esta situación, las redes sociales introducen una lógica de validación basada en ‘me gusta’, comentarios y visualizaciones. Cuando la imagen del niño se expone de forma recurrente a este tipo de medios, a redes sociales, puede empezar a interiorizar que su valor está ligado a la aprobación externa. Y eso va a interferir en la construcción de una autoestima más sólida y más autónoma, alejada de variables externas como una validación de la sociedad”.
Esta influencia de las redes sociales en la autopercepción, como apunta el psicólogo, se produce durante toda la vida, pero la infancia es especialmente sensible porque el niño “no tiene mecanismos suficientes para poder filtrar lo que realmente importa de lo que no”.
La sobreexposición de los menores en redes sociales también puede influir en la relación paterno-filial. “Vemos casos en los que la actitud del niño es defensiva, de desconfianza hacia los adultos. No se fía de comentarles su vida, sus problemas, sus ambiciones, sus expectativas, sus sueños, porque teme que eso pueda ser compartido por otras personas y se crea ahí efectivamente una brecha entre padres e hijos”, advierte Juan Pedro Martínez.
A LARGO PLAZO
Además de afectar a la salud mental de los niños durante su infancia, esta sobreexposición también puede tener consecuencias a largo plazo. “La más evidente –expone el psicólogo– es la huella digital. Las redes sociales generan una huella digital permanente, por lo menos hasta ahora. En teoría se está regulando para que haya derecho al olvido, que se borren los datos a partir de ciertos años atrás, pero cualquier persona puede guardarse ese contenido. El caso es que, ahora mismo, la información pública del Internet tiende a permanecer en el tiempo y, al llegar a la adolescencia o a la adultez cuando quiera entrar en el mercado laboral, el menor puede encontrarse con una entidad digital construida por otros, no por el mismo, que no refleja quién es ni cómo desea presentarse. Esto puede generar conflictos de identidad y malestar psicológico”.
Crecer con esta sobreexposición también puede crear “una dificultad para delimitar qué es público y qué es privado. Es decir, crecer en un entorno donde la intimidad se expone de forma sistemática, de alguna forma puede dificultar el aprendizaje de límites saludables. Es decir, algunos jóvenes pueden llegar a normalizar la sobreexposición porque lo ha visto como algo totalmente natural, que toda su vida tiene que ser totalmente pública, todos los fracasos, todos los éxitos”, explica el psicólogo, “y también podría darse lo contrario, es decir, que cierre totalmente todo contacto con redes sociales o con tecnología. Estar convencido de que la tecnología es mala o que no la van a utilizar. Y tampoco hay que demonizar la tecnología, puede ser utilizada de forma positiva”.
La ya comentada consecuencia en la autopercepción durante la infancia por la sobreexposición en redes sociales también se traslada a la adolescencia. Así lo advierte el psicólogo Juan Pedro Martínez: “La exposición temprana y continuada a este tipo de fenómenos puede contribuir, en combinación con otros factores, a una mayor vulnerabilidad. Hablamos de tener episodios de ansiedad, ataques de pánico, sintomatología ansiógena, sintomatología depresiva. Sabemos también que la comparación social excesiva se relaciona mucho con problemas en la alimentación. El hecho de querer tener siempre un cuerpo que esté valorado socialmente, compararte con personas, esa necesidad de validación externa. Todo eso le va a afectar a la autoestima”.
RECOMENDACIONES
Tanto Laura Davara desde la perspectiva de la ciberseguridad como Juan Pedro Martínez desde el punto de vista de la psicología ofrecen unos consejos y advertencias antes de compartir una fotografía en las redes sociales en las que aparezca un menor de edad:
➡️Priorizar el interés del menor: antes de publicar una fotografía, lo conveniente es preguntarle al menor en caso de que tenga edad para poder contestar y preguntarnos a nosotros mismos si es realmente necesario que esa fotografía esté publicada en una red social.
➡️Pensar ‘mal’: la existencia de redes de pornografía infantil en todo el mundo que se ‘nutren’ con contenido cotidiano y diario nos obliga a analizar exhaustivamente una fotografía antes de compartirla. En este punto, Laura Davara insiste en no publicar jamás ningún contenido que incluya al menor o la menor en traje de baño, en situaciones en las que no lleve ropa, o contextos similares.
➡️Analizar la información indirecta: además de la propia imagen del menor, en las fotografías se puede estar compartiendo mucha información sobre su rutina y su vida si en las mismas se ve, por ejemplo, el uniforme del colegio al que va, un parque o zona reconocible.
➡️Controlar el mensaje que le transmitimos al menor: compartir con el niño o niña el ‘feedback’ que está teniendo la imagen que se ha publicado de ellos puede impactar en su salud mental. Evitar comentarios del tipo ‘mira qué guapo estás, a cuánta gente le ha gustado tu foto’.

