JÓVENES
Es innegable que las redes sociales son, hoy por hoy, el principal foco de tendencia e influencia en jóvenes y no tan jóvenes. Esto ha servido, en muchos casos, para empezar a dar más importancia a ámbitos como la salud mental o la alimentación saludable, pero a menudo también son el origen de tendencias que se alejan mucho de la salud. Una de estas tendencias, que fue la gran protagonista a principios de los años 2000 y que ahora ha vuelto a coger importancia, es la búsqueda de la delgadez. Si ya de por sí este tipo de modas son peligrosas para la salud, en redes sociales el principal problema es que lo enmascaran como una búsqueda de salud.

Victoria García, de 27 años, explica que “últimamente he visto mucho en redes sociales perfiles que hablan sobre dietas que te dicen que son saludables, pero en realidad están enfocadas solo a perder peso. Te explican cómo hacer el ayuno intermitente, o cómo tomar ciertas cosas como agua con limón para quitarte el hambre entre horas y luego te dicen que, para cenar, una pieza de fruta. En realidad, no es saludable y está enfocado a perder peso, y creo que eso puede derivar en problemas como trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia), desmayos u otros problemas”.
Paloma Padilla, de 26 años, también encuentra contenido relacionado con la alimentación de una manera poco saludable. En su caso, destaca la combinación entre los ya conocidos como ‘trends’ o ‘retos’ y la alimentación: “Aparecen perfiles que te dicen que van a estar un mes comiendo solo proteína, para ver cómo reacciona su cuerpo y cuánto peso pierden; o cuentas que te dicen ‘sigue estas recomendaciones para perder 20 kilos en tres semanas y llegar delgada al verano’. Son cosas imposibles o muy peligrosas que, además, no explican el efecto rebote que tendrás después”.
AVANZADO PERO POCO

Las jóvenes, que han pasado en ambos casos por procesos de dietas en diferentes momentos de su vida, cuentan experiencias muy dispares que demuestran cómo ha avanzado este ámbito en el sector profesional de la nutrición y cómo se ha quedado estancado en redes sociales. En el caso de Paloma, que en su infancia le recomendaron este tipo de dietas muy restrictivas, recuerda el fracaso que suponían: “me decían que tenía que comer, por ejemplo, 30 gramos de pasta y 40 gramos de carne. Lo pienso ahora y me pregunto cómo podía comer eso sin morirme de hambre. Al final, esas dietas nunca vas a poder seguirlas durante mucho tiempo, y eran tan restrictivas que al final te causaba más ansiedad y más culpa, más sensación de no poder controlarte”.
Ya de adulta, Victoria también se sometió a una dieta, con un enfoque muy distinto: “Cogí peso por una época de mucho estrés y quería perderlo –explica Victoria–, pero si luego salía un fin de semana o me iba de viaje y no seguía la pauta que me habían indicado, no me castigaba ni dejaba de comer al día siguiente. Pero veo mucha gente que hace eso, que al día siguiente de haberse ‘saltado la dieta’ no come, o intenta comer cosas que le dicen que son ‘detox’, porque entienden que han hecho algo muy malo. Incluso con cosas muy pequeñas, de repente se comen una croqueta y deciden dejar de comer hasta el día siguiente”. Estos comportamientos, aunque desapercibidos y normalizados, pueden ser señales de alarma muy graves de que se está produciendo un trastorno de la conducta alimentaria que debe diagnosticar y valorar un profesional.
EL PAPEL DE LAS INFLUENCERS

Además de las cuentas en las que se comparten rutinas de ejercicio o dietas con las que, supuestamente, vas a conseguir el físico que te indican, las y los influencers también se han aficionado a compartir sus rutinas y hábitos con los que, también supuestamente, han conseguido el físico que poseen. “Hay muchos que te enseñan cambios y te dicen ‘este era yo antes’ de la dieta o de la rutina de ejercicio que te están diciendo ‘y este soy ahora’ después de haberla seguido, con fotos de dos físicos muy diferentes. Pero igual no vale para tu cuerpo y, al intentarlo, te frustras. Sobre todo la gente más joven”, asegura Paloma.
Del mismo modo, continúa Victoria, aunque las y los influencers se jacten de compartir todo ese proceso de adelgazamiento, la realidad es que no lo cuentan todo: “no te dicen que se hacen operaciones estéticas, tratamientos estéticos, o que se pasan muchas horas en el gimnasio con un entrenador personal. Son cosas que tú, en tu vida normal, no te puedes permitir porque tienes obligaciones y no te puedes dedicar a tu cuerpo. Pero luego ellas suben que se están comiendo un plato enorme y la gente puede pensar ‘¿cómo come todo eso y no engorda y yo sí?”
También hay una influencia indirecta que relaciona el éxito con una corporalidad muy concreta. Las jóvenes así lo han notado, a lo que Paloma asegura que “el 90% de las chicas que triunfan son delgadas, y del 10% que triunfa que no es delgada es porque es graciosa o tiene algún otro talento. Es como si las chicas delgadas pudieran vivir de enseñar su vida y las que no lo son, se les exigiera saber hacer algo más”.
REDES SOCIALES EN MENORES DE 16 AÑOS
Esta influencia negativa en la salud mental y en la conducta alimentaria que las redes sociales tienen en los más jóvenes es una de las motivaciones que ha llevado a que se haya aprobado prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años. Paloma, a este respecto, opina que “debería haber un punto medio. Las redes sociales existen, están ahí, y prohibirlas puede hacer que los jóvenes quieran entrar más. Pero sí debería haber algún control parental como ocurre en las películas, para controlar qué contenido les llega a los niños porque ellos pueden estar viendo un perfil que les da unas recomendaciones y creen que es un profesional que les va a ayudar pero no saber distinguir”.
Victoria concuerda con Paloma y asegura que esto, aunque sería complicado, es posible: “ya prohibieron el año pasado hacer publicidad encubierta y también publicitar medicamentos. Podrían controlar que ciertos perfiles no le aparezcan a menores de 16 años”◙

