Las adicciones como el alcoholismo surgen por un desequilibrio en el funcionamiento del cerebro y puede extenderse al entorno del adicto. La doctora Berenice Guadarrama Flores, licenciada y maestra en biología experimental, doctora en biotecnología especializada en bioquímica, y biología molecular, explica qué le pasa a nuestro cerebro cuando bebemos, las implicaciones que puede tener la familia dentro de las adicciones y cómo influyen en nuestro entorno.
Alcoholismo y cerebro
Nuestro cerebro funciona a través de una serie de neurotransmisores, hormonas y procesos químicos que nos indican cuándo estamos felices, tristes, asustados… La doctora Berenice Guadarrama explica que “las personas alcohólicas tienen descompensado el sistema de recompensas del cerebro y cuando beben, estimulan el núcleo accumbens, que está alterado. Lo que sucede entonces es que nuestro cerebro no va a decirnos ‘basta’, lo que hace que el organismo se estrese por exceso de sustancia y para compensar este estrés, genera endorfinas, encefalinas, dopamina y GABA, entre otros neurotransmisores, que nos hacen sentir bien de manera inmediata pero no a largo plazo”.
Por este motivo las personas con alcoholismo se sienten bien cuando consumen alcohol, aunque posteriormente se deprimirán, como añade la doctora Berenice Guadarrama, ya que “el alcohol es una neurotoxina que afecta y deprime el sistema nervioso de la persona consumidora”.
Precedente familiar
La descompensación del sistema de recompensas del cerebro que se da en las personas con alcoholismo puede aparecer por dos vías: herencia familiar o consumo.
Si en nuestra familia, apunta la doctora Berenice Guadarrama, hay personas con alcoholismo como nuestros padres o abuelos, es posible que heredemos esa descompensación. En el caso de no ser así, un consumo continuado puede generar la descompensación que, a su vez, sí podría llegar a nuestra descendencia.
“Aproximadamente, el 40% de las posibilidades de tener alcoholismo es genético, pero el 60% resulta de nuestras propias decisiones y nuestros hábitos de vida. Se puede venir de una estructura alcohólica y si tengo los mismos hábitos, puedo caer. Pero si yo, sabiendo que tengo más riesgo por la predisposición, cambio mis hábitos y mis comportamientos, no tiene por qué generarse la adicción”, explica la doctora Berenice Guadarrama.
Del mismo modo, si una persona con precedente familiar no genera la adicción, reduce la posibilidad de que su descendencia tenga esa descompensación.
Co-alcoholismo
La adicción que produce la descompensación del sistema de recompensa del cerebro puede estar motivada, además de por sustancias como el alcohol o el azúcar, por personas. Este es el caso, apunta la doctora Berenice Guadarrama, de los co-alcohólicos, los familiares y entorno de la persona con problemas de alcoholismo.
“Un co-adicto es una persona que convive con una persona que consume, en este caso alcohol. La persona alcohólica depende del alcohol pero la co-adicta depende de la persona adicta. Cuando esto sucede, la persona alcohólica se convierte en el centro de la vida de la persona co-adicta, que está pendiente a todas horas de dónde va, qué come, qué toma”.
Esto se produce porque “el placer que la persona alcohólica obtiene al consumir, la persona co-adicta lo obtiene al buscar a esta persona, que le genera el estrés que posteriormente el organismo tiene que compensar produciendo neurotransmisores asociados al placer como las endorfinas”.
El riesgo de esta circunstancia, concluye la doctora Berenice Guadarrama, es que, cuando un co-adicto ya ha generado esa descompensación, puede generarse otra adicción para ‘sustituir’ la adicción original, que es la persona alcohólica, y terminar siendo adicto al tabaco, al azúcar o a las drogas.
