Padres y abuelos agotados: les maltratan sus hijos y sus nietos

Aumentan cada año los casos de violencia filioparental y ya hay 74 denuncias presentadas en la Región de Murcia

Normalmente, en los medios de comunicación y en los ámbitos sociales y educativos se habla de varios tipos de maltratos: físico, psicológico, violencia de género, mobbing en el ambiente laboral, acoso escolar…, pero se dice muy poco del maltrato que ejercen determinados menores de edad a sus padres y a sus abuelos, e incluso a sus profesores en el entorno educativo, que en algunos casos se presenta con actitudes y conductas directamente agresivas, y en otros con manifestaciones pasivo-agresivas y sutiles.

Se debe abordar con profundidad este problema y ponerle solución cuanto antes para que no vaya a más, porque esos niños que hoy maltratan a sus progenitores, van creciendo y se convierten en una auténtica ‘bomba de relojería’ en la edad adulta.

PANORAMA ACTUAL

Están aumentando de forma considerable los casos de maltrato de hijos a padres o abuelos año tras año. Se ha hecho público un informe procedente de la Fundación Amigo, basándose en los datos del Ministerio Fiscal, en donde se indica que en 2023 se presentaron en España más de 4.000 denuncias de maltrato de hijos a padres.

En la Región de Murcia se registraron 74 denuncias.

Esta estadística sobre la violencia filioparental solo representa la punta del iceberg, ya que es posible que a bastantes padres les cueste denunciar a su hijo al ser algo de por sí doloroso, o les dé vergüenza reconocer que son víctimas de sus propios descendientes.

La psicóloga clínica y doctora en psicología, Nieves Martínez Hidalgo, que ya ha tratado algunos de estos casos, subraya que el perfil de los chicos que ‘hacen la vida imposible a sus padres’ coincide con adolescentes de entre 15 y 16 años en su mayoría, y en un 30% de los casos son hijos o hijas únicos.

Igualmente, se observa en el perfil de los adolescentes que protagonizan violencia hacia sus padres que suelen tener un bajo rendimiento académico. En un 23% han sufrido también acoso escolar o han sido víctimas de violencia en su propia familia. En un 50% presentan algún tipo de adicción, sobre todo a la marihuana.

La doctora Nieves Martínez Hidalgo

Para que una interacción familiar sea considerada violencia filioparental, es necesario que la situación se mantenga en el tiempo (un episodio ocasional puede ser algo anecdótico o, por el contrario, la antesala de una conducta futura), y se plasme en agresiones físicas, psicológicas o económicas, o todas a la vez, y dirigidas de los hijos/as a sus progenitores

LA INTENCIONALIDAD

“Normalmente, la violencia filioparental tiene siempre una intencionalidad, no es algo al azar, porque lo que busca el chico o la chica con ese tipo de comportamientos es conseguir cosas. Si es un acto puntual, una agresión ocasional por una discusión o porque en un momento de desregulación emocional esa persona le da un golpe al padre o a la madre, no podríamos etiquetarlo como violencia filioparental. Para que sea considerado así, el maltrato tiene que ser continuado en el tiempo y guardar una intencionalidad”, razona la psicóloga Nieves Martínez Hidalgo.

La psicóloga entrevistada también apunta la influencia que ejercen ciertos videojuegos y películas, que transmiten a los adolescentes la idea de que la violencia es una buena herramienta para conseguir lo que se quiere o para solucionar conflictos.

Por otro lado, es importante poner de relieve que la responsabilidad de haber llegado a esta situación de violencia, no es sólo de los hijos, sino también de los padres y de la propia sociedad, en la que se han podido desdibujar los roles y los valores a transmitir de padres/madres a hijos/as. La psicóloga Nieves Martínez Hidalgo subraya que se ha pasado de una educación autoritaria que tampoco era eficiente, al extremo contrario, a la sobreprotección y a la permisividad.

“Ahora se les da voz y voto a los hijos, ellos deciden, y ante ese vacío de poder ellos empiezan a sentirse más importantes y, sobre todo, solo con derechos y sin ninguna obligación. Y, entonces, esos padres se sienten culpables, abrumados, y vienen a la consulta con depresión porque sienten que han perdido el control, las riendas de la educación y las normas a seguir en la casa porque son los hijos quienes ya deciden qué se hace y cuándo se hace, en unos casos con violencia psicológica, física, con amenazas o con chantaje”, relata la psicóloga entrevistada

LAS SOLUCIONES

Ante este panorama desolador descrito, ¿qué se puede hacer en la práctica? La psicóloga Nieves Martínez Hidalgo es contundente: “En primer lugar, no tener vergüenza de comentarlo con la familia, y por supuesto, actuar con discreción fuera de casa.»

El segundo paso es acudir a un profesional de la salud mental (psicólogo o psiquiatra) para recabar apoyo técnico, e incluso recurrir al centro escolar para pedir información, porque se ha comprobado que un 30% de los maltratadores filioparentales han sufrido algún tipo de acoso escolar en las aulas que luego tiene sus secuelas en casa.

También se puede acceder a los servicios sociales de los ayuntamientos, por si tienen una red de apoyo profesional que pueda asesorar a la familia afectada.

Solo en los casos más graves, cuando se tema por la vida de algún familiar y el hijo que ejerce la conducta de violencia no acceda a someterse a terapia, habrá que denunciarlo ante jueces y Policía.

Nieves Martínez Hidalgo concluye que es importante pedir ayuda profesional ante las primeras señales de violencia, no minimizar ni excusar estas actitudes de falta de respeto, insultos, retos o chantajes, sea cual sea la edad del menor. Siempre es mejor y menos costoso, a todos los niveles, establecer pautas de prevención y promoción de conductas saludables y eficientes, que abordar graves problemas de comunicación e interacción en la familia por haber esperado a ver si llegaba la madurez del hijo o se resolvía solo el tema.

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