
El 3 de diciembre se celebra Día Internacional de las Personas con Discapacidad, para concienciar y promover una mayor comprensión de los distintos tipos de discapacidad, los visibles y los invisibles, facilitar el acceso a derechos fundamentales como la educación y la inclusión.
Durante décadas, siguiendo el modelo médico guiado por buscar la cura o la eliminación de las deficiencias físicas, el concepto de discapacidad hacía referencia a una anomalía que alguien presentaba en contraste con las características presentes en la mayoría de la población. La nueva visión de la discapacidad aportada por el modelo social con enfoque en derechos humanos y que es definida como el resultado de la interacción entre las capacidades diversas de una persona y las barreras del entorno que limitan sus actividades y restringen su participación plena, ha sido reconocida por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU.
Hace ya casi veinte años, en 2006, este tratado internacional, marcó un hito en la lucha por estos derechos. Firmado por numerosos países, reafirma que las personas con discapacidad tienen los mismos derechos y libertades fundamentales que cualquier otra persona y aboga por la ruptura de barreras físicas, sociales y de comunicación que nos alejan a unos de otros, impidiendo una cooperación y participación activa en la comunidad.
Además, este documento pone de relieve la importancia de respetar la autonomía personal, incluyendo la libertad de tomar las propias decisiones, y, además, resalta la necesidad de proteger a las personas con discapacidad de todo tipo de discriminación y abuso, habiéndose convertido en una poderosa herramienta para el cambio, ya que proporciona un marco legal y moral para las organizaciones y las administraciones públicas en sus estrategias y planes de actuación para promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidad.
NO HAY UNA SOLA DISCAPACIDAD
Existen distintos tipos de discapacidad o diversidad funcional, este último término mayormente aceptado por resultar menos estigmatizante y favorecer una visión más positiva e inclusiva de las diferencias entre las personas, aunque a nivel médico y legal sigue vigente el término de discapacidad para poder acceder a recursos y apoyos.
Por otro lado, todas las personas tenemos algún tipo de discapacidad en distintos momentos de nuestra vida, al no ser capaces de realizar ciertas tareas o funciones, pero no por eso somos ‘discapacitados’ o ‘minusválidos’, como se decía hace algunos años, vocablos que pueden conducir a actitudes de rechazo y discriminación y al propio autoestigma, creyendo la persona que es inferior, débil y no válida. En concreto, todos los seres humanos contamos con capacidades diversas que nos pueden llevar a brillar en unos ámbitos y a necesitar ciertos apoyos en otros para poder acceder a derechos fundamentales como la educación, la cultura, la salud, la vivienda o la justicia.
Sucede que, cuando se habla sobre tipos de discapacidad, recordamos sólo los más visibles como la discapacidad física, que afecta al movimiento, a la fuerza o a la postura, y puede estar presente desde el nacimiento o aparecer más adelante por una enfermedad o un accidente; la discapacidad sensorial, con limitaciones que afectan uno o varios de los sentidos humanos, siendo las más comunes la visual y la auditiva; la discapacidad intelectual con limitaciones de carácter intelectual y de carácter adaptativo; o la discapacidad cognitiva que afecta a los procesos que utilizamos para pensar y recordar como atención, memoria, razonamiento o resolución de problemas.
DESAFÍOS, BARRERAS Y DERECHOS
Sin embargo, existe otro tipo más de discapacidad: la discapacidad psicosocial, que no es tan visible, pero que afecta al procesamiento de la información y se caracteriza por dificultades en el funcionamiento emocional, social y cognitivo que la persona con algún tipo de problema de salud mental y/o neurodivergencia (autismo, TDAH o TLP) realiza a partir de estímulos procedentes del ámbito social y sociocomunicativo.
Las personas con discapacidad psicosocial se enfrentan también a desafíos y barreras como el estigma que limita sus oportunidades y su participación en la sociedad, la dificultad para acceder a servicios de salud mental y apoyos adecuados y una mayor vulnerabilidad como víctimas de violencia y abuso. Sus limitaciones en el funcionamiento psicosocial pueden afectar diversas áreas de la vida, como las relaciones interpersonales, el trabajo, la educación y la participación social.
Por ello, hay que tener en cuenta sus necesidades y facilitar el acceso a derechos humanos, como el derecho a la igualdad y la no discriminación; a la autonomía y la independencia, ya que las personas con discapacidad psicosocial tienen derecho a tomar decisiones sobre su vida y a vivir de manera independiente, con el apoyo que necesiten; a la accesibilidad a servicios, instalaciones y recursos que sean adecuados para sus necesidades; a la salud y rehabilitación, recibiendo atención sociosanitaria adaptada a sus necesidades; y a la participación y la inclusión social, pues, como ciudadanos/as de pleno derecho, es necesario facilitarles esta inclusión y participación en el ámbito escolar, en el laboral y en el social.
Demos visibilidad a la discapacidad psicosocial en este Día Internacional de las Personas con Discapacidad◙
