El esfuerzo es “el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades”, así lo define la Real Academia de la Lengua. Prácticamente, sin esfuerzo es casi imposible conseguir nada o casi nada en la vida. Y en el campo de la salud el esfuerzo es imprescindible para vencer la enfermedad y recuperar el bienestar.

Pongamos un ejemplo. Cuando nos referimos a la nutrición, sabemos de sobra los alimentos que no nos convienen porque nos perjudican clara mente, y nos advierten por activa y por pasiva de que nos olvidemos de las carnes rojas, los platos precocinados, menús muy salados, los excesos de dulces, las grasas y el consumo desmedido de alcohol.
La tendencia humana es a disfrutar con lo que nos gusta, a fomentar la cultura hedonista aunque nos pueda perjudicar. En este caso, habrá que realizar un esfuerzo desterrando esos ‘alimentos perniciosos’ y fomentando el consumo de frutas y verduras, por ejemplo, a pesar de que no te gusten, porque sabes que al final los niveles de colesterol y de triglicéridos se equilibrarán dentro de los parámetros considerados normales, y ahí encontraremos la recompensa satisfactoria al esfuerzo realizado por no comer ‘solo lo que me gusta’.
En el caso del ejercicio físico, es archiconocido que es conveniente moverse y realizar algo o mucho deporte para mantenerse en forma y combatir el sedentarismo, que es el germen de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Sabemos que hacer ejercicio supone un esfuerzo en sí mismo, ya que hay que vencer la pereza, poner en marcha todos los músculos y articulaciones del cuerpo, lo que ya de por sí puede implicar un proceso doloroso suave y genera cansancio. Pero al final del esfuerzo viene la recompensa en forma de reto cumplido y mejoría en todo el organismo.
Si nos referimos al cumplimiento de los tratamientos, especialmente si consiste en seguir una pauta de medicación, sabemos de sobra lo penoso que puede resultar adquirir la rutina de tomarnos cada día la pastilla (o las píldoras) correspondiente. Unas veces será el olvido, en otras ocasiones será el cansancio de seguir con la ingesta diaria, y todavía habrá situaciones en las que abandonemos el tratamiento porque no apreciamos mejoría aparentemente.
En este último escenario, el esfuerzo consistirá en ‘hacer de tripas corazón’ y aguantar el tipo para seguir cumpliendo con la medicación, superando todo tipo de inconvenientes y dificultades, y esperando conseguir los resultados esperados, aunque haya que aportar grandes dosis de paciencia.
Estos son solo algunos ejemplos que reflejan la necesidad de incorporar a nuestra vida diaria la política del esfuerzo para alcanzar los objetivos y las metas que nos hayamos trazado. Y en el campo de la salud está claro que sin sentido común, sin pedir ayuda y sin esfuerzo no conseguiremos nunca ahuyentar a la enfermedad y alcanzar la tan ansiada felicidad.

