Con el corazón en las manos del cardiólogo murciano

El Dr. José Abellán es un cardiólogo que se ha convertido en una de las figuras más famosas de la medicina en España.

Nacido en Murcia el 10 de julio de 1986, el joven cardiólogo es licenciado en Medicina por la Universidad de Murcia, y especializado en cardiología. Subespecializado en cardiología intervencionista. Doctor en Medicina por UCAM. Máster en riesgo cardiovascular por la UCAM. Master en cardiología intervencionista por la Universidad Juan Carlos I. Máster en diagnóstico por imagen en Cardiología por la UCAM. Es el autor de más de 30 artículos científicos en revistas indexadas. Miembro del tribunal evaluador de tres tesis doctorales. Es cardiólogo intervencionista y clínico en el Hospital General Universitario Santa Lucía de Cartagena.

Su afán por promover la salud y estilo de vida saludable, lo convirtió en divulgador en redes sociales (@doctorabellan), captando la atención de más de medio millón de personas que se interesan por sus consejos, tan breves y concisos como útiles. Participó en la novena edición de MasterChef España. Se unió al programa más adelante debido a sus obligaciones como sanitario durante la pandemia de COVID-19.

¿Qué te motivó a especializarte en cardiología?

José Abellán Huerta: Me atrajo que es una especialidad que combina el pensamiento clínico médico con intervencionismo, ya que siempre me ha gustado mucho todo lo que implique desarrollar habilidades manuales. No me motivaba una especialidad puramente quirúrgica, porque tenía la impresión en que iba a centrar mi carrera en aspectos técnicos y algo menos de trabajo intelectual, por así decirlo y con el máximo respeto a mis compañeros cirujanos.

No obstante, tengo que reconocer que en la decisión también intervino ‘lanzar una moneda al aire’, porque la otra especialidad que me atraía era traumatología, por mi pasión por el deporte. Pero finalmente opté por cardiología, y desde luego que no me arrepiento.

«La cardiología es una de las especialidades con más investigación, inversión y avances».

¿Cuáles son los mayores avances que has presenciado en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares?

J.A.H: La cardiología es una de las especialidades con más investigación, inversión y avances. Está a la par de la oncología, que lleva una carrera investigadora brutal; serían, en mi opinión, las dos especialidades que experimentan mayores novedades. Los avances técnicos que estamos viendo en el intervencionismo cardiaco son espectaculares. Cuando yo terminé la carrera no existía la posibilidad de arreglar una válvula cardiaca sin abrir el pecho del paciente, y hoy se realiza a la mayoría de pacientes con estenosis aórtica. Por poner otro ejemplo, los stent que hay actualmente no se parecen en nada a los que había hace tan solo diez años. Hay que tener en cuenta algo que la gente no sabe, y es que la cardiología intervencionista, como subespecialidad, no tiene ni cincuenta años. Los avances son increíbles año a año e, incluso, semestre a semestre. Pero lo que más me emociona de esto, es como se aplican estos avances a la salud de las personas.

¿Qué 3 hábitos diarios recomendarías para mantener un corazón sano?

El doctor Abellán durante la entrevista en un conocido hotel de Murcia

J.A.H: No cabe ninguna duda; lo tengo clarísimo. Lo primero es que se muevan. Seguimos teniendo una tasa de sedentarismo enorme. Lo segundo es que no compren productos de alimentación que no sean naturales. Ya solo con estos dos consejos estarías consiguiendo el 90% de lo que puedes hacer por tu salud. El tercero sería que conectaran más con el planeta y con su gente. Esto no significa solo descansar durante la noche, que también, sino estar activo durante el día, despertarse con el sol o poco después, dedicar ratos a conectar con la naturaleza y, sobre todo, dedicar tiempo a nuestra familia y amigos. Este último sería el anti estresante más potente.

¿Cuáles son las señales de advertencia más comunes de un problema cardiaco que la gente debería conocer?

J.A.H: El síntoma principal de la cardiopatía isquémica es la angina. Por lo general, sería que cuando se hace ejercicio o cierto esfuerzo, se siente como una quemazón o una especie de cansancio dentro del pecho que el propio sentido común te dice que algo no va bien. Ese sería el inicio de lo que luego será una angina.

Otro síntoma, pero mucho más inespecífico, sería la falta de aire. Y otro del que más se me quejan los pacientes son las palpitaciones; pero hay que tener en cuenta que las palpitaciones no siempre reflejan una arritmia, porque muchas veces son debidas a otras cosas.

Hay una curiosidad sobre un avance tecnológico que se ha convertido en un aliado en nuestras consultas, y son las pulseras de actividad. En algunos casos estas pulseras tienen detectores de arritmia, y nos sirven como información complementaria, nunca, evidentemente, por sí solos, ya que no son tan acertados como un electrocardiograma o el propio médico. Pero son útiles también para el seguimiento del paciente una vez diagnosticada la arritmia.

¿Cómo afecta el estrés a la salud cardiovascular y qué estrategias recomiendas para gestionarlo?

J.A.H: En mi opinión, es más importante, incluso, de lo que en medicina hemos estudiado acerca de él. En un estudio muy amplio que se realizó no hace mucho, en un grupo enorme de pacientes, se analizó cuáles eran los factores que podían explicar la mayor parte de enfermedad cardiovascular generada. Resultaron, de forma objetiva, nueve factores de riesgo que podían explicar el 90% de los infartos, y el estrés era uno de ellos. Las personas gestionamos bien los ‘picos’ de estrés, y además nos sirve para estar activados en ciertos momentos y ante ciertas situaciones. El problema es el estrés continuado; no estamos hechos para vivir permanentemente estresados.

Es cardiólogo intervencionista y clínico en el Hospital General Universitario Santa Lucía de Cartagena.

¿Qué papel juega la genética en las enfermedades del corazón?

J.A.H: Esa pregunta es algo perversa porque, en casos aislados, la genética juega un papel total. Hay enfermedades genéticas del corazón que determinan la supervivencia de una persona. Por ejemplo, la muerte súbita prematura en menores de 35 años suele deberse a enfermedad congénita del corazón, en su mayoría. Lógicamente, para estas personas, la importancia genética es del 100%.

Pero si nos preguntamos sobre el cómputo global, el de la mayoría de nosotros, cuánto afecta la genética, es muy poco. Cuenta mucho más nuestro ambiente y como ese ambiente ha modificado nuestro genoma, es decir, cómo nuestros hábitos y nuestro estilo de vida transforma un poquito la expresión de nuestro genoma. Es muy difícil dar un dato pero, en general, cuando tú analizas toda la gente que se muere de enfermedad de corazón, y preguntas cuántos tienen desordenes genéticos importantes, suele salir entorno a un 20 o 25%, y todo lo demás es consecuencia de los hábitos.

¿Cómo influye la dieta mediterránea en la prevención de enfermedades cardiacas?

J.A.H: Creemos que la dieta mediterránea es lo que se come al lado del mediterráneo y, para nada es eso (risas). La dieta mediterránea es una dieta basada en plantas, en alimentos naturales, sin ultraprocesados, que incluye un 10 o 20% de productos animales como huevo, lácteos. Son legumbres, es verdura, es ensalada, son cereales integrales, es patata. Una dieta que, en resumidas cuentas, tu acabas de comer y no te sientes hinchado.

También hay cosas del concepto ‘dieta mediterránea’ que no me gustan, como que permite el consumo moderado de alcohol. Cuando se incluyen los cereales la gente suele interpretarlo como el pan blanco, hecho con harinas refinadas. Pero, hecha esta matización, la dieta mediterránea ha demostrado venirle muy bien a nuestro corazón. Y siempre suplementada con aceite de oliva virgen extra, ya que es la mejor combinación.

«Tenemos que concienciar a la gente joven que la comida basura es basura».

¿Qué mensaje le darías a las personas jóvenes sobre el cuidado de su corazón?

J.A.H: Esta misma semana he leído un artículo muy interesante en una revista científica, que decía que la cantidad de azúcar tomada durante los primeros tres años de vida determina nuestra probabilidad de ser hipertenso, diabético y de sufrir un infarto cuando seamos mayores. Ojo, que la cantidad de azúcar que tomamos cuando somos adultos también influye. Pero lo que me ha chocado de este estudio es que creíamos que cuando somos niños, como estamos creciendo, se puede comer de todo, y realmente no es así.

Tenemos que concienciar a la gente joven que la comida basura es basura. De que tiene que moverse, ya que al final de adolescencia o adultez temprana, entre los 17 o 18 años, por razones de estudios o cualquier otra cosa, como salir con los amigos, dejan de hacer deporte, cuando a lo mejor venían practicándolo de forma regular.

Luego está el peligro que representan los tóxicos a esa edad. El tabaco, los vapeadores hoy en día, sabemos que dañan la salud, aumentan el riesgo de cáncer e infarto y, desde mi punto de vista, deberían estar prohibidos.

¿Qué tal fue la experiencia en MasterChef?

J.A.H: (Risas) Fue muy buena y muy enriquecedora. Yo me lo tomé como un modo de darme a conocer como divulgador de la salud en redes. Tuve la ocasión de participar y con esa intención lo aproveché. Y tengo que reconocer que verdaderamente supuso un impulso, no muy definitivo ni potente, pero sí que me hizo sumar alrededor de 15.000 seguidores.

Lo recuerdo con mucho cariño. Hice muchos amigos y todavía trato con Jordi o con Pepe Rodríguez… De hecho, Jordi, ha escrito el prólogo de mi libro. Yo me lo pasé muy bien, la verdad.

«Tienes que saber ‘jugar’ en redes sociales, y esto implica mostrar tu cara continuamente».

¿Cuál es la intención final de su participación en redes sociales?

J.A.H: Para mí fue una especie de inquietud, de sensibilidad ética por amor a mi profesión y a mi gente. Yo no soy religioso, pero sí espiritual, y de alguna forma sé que estoy aquí para ayudar a las personas. Cuando ya estás haciendo mucho en el hospital, y teniendo en cuenta el poder de las redes sociales, la divulgación que puedes hacer en el hospital se queda en mantillas. Siempre se me ha dado bien la comunicación, y lanzarme a comunicar sobre salud fue un acto dirigido hacia los demás.

Luego viene todo lo demás (risas)… Tienes que saber ‘jugar’ en redes sociales, y esto implica mostrar tu cara continuamente, cuidarte para predicar con el ejemplo, vas a tener que gestionar tu relación con los haters, porque surge gente que te odia, pero el cómputo es muy positivo.

¿Al final, merece la pena?

J.A.H: Yo me siento muy bien comunicando temas de salud a través de las redes, pero sí que es verdad que en otros aspectos de mi vida sí que me lastra. Añade mucho trabajo. También me ha lastrado en las relaciones de pareja porque les crea mucha inseguridad.

Ser una persona de ‘éxito’ o con mucha resonancia social, resulta bastante difícil para las personas que tienes al lado. Lo he sufrido bastante y lo sigo sufriendo. Me gustaría formar una familia y siempre está ahí el miedo a las redes sociales, porque pareces una persona que te mira todo el mundo, te quiere todo el mundo, y eso crea mucha sensación de inseguridad a los que tienes al lado. Pero, en resumen, estoy muy contento… Quizá cuando tenga 60 años te diré otra cosa (risas) ◙




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