Intentar cuidarnos, comer sano y seguir hábitos saludables es uno de los objetivos de mucha gente. En redes sociales, miles de perfiles prometen ayudar a conseguir dicho objetivo analizando y desgranando cada alimento y producto alimentario para dirimir si son o no saludables. Esta práctica puede parecer, a priori, recomendada y buena para la salud, pero puede esconder un trastorno de la conducta alimentaria: la ortorexia.

Mª Victoria Bermejo, psicóloga y coordinadora del Grupo de Trabajo en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Colegio de Psicología de la Región de Murcia, explica que la ortorexia “es una obsesión patológica por comer saludable, por consumir únicamente alimentos que se consideran saludables, limpios o puros, que son algunos de los términos que se suelen emplear cuando hablamos de este perfil. A diferencia de otros trastornos de la conducta alimentaria, el foco no está tanto en la cantidad ni en las calorías, sino más en la calidad de los alimentos”.
Lo más importante en estos casos, añade la psicóloga, es “entender que no se trata de un simple interés saludable por querer cuidarse o querer comer equilibrado, sino que es esto mismo, pero llevado al extremo. Al final, lleva a un funcionamiento obsesivo donde la preocupación ocupa un espacio excesivo en la vida de la persona, y lleva a condicionar planes familiares o sociales. La persona evita comer, por ejemplo, si no controla etiquetado de los alimentos o cómo ha sido el proceso de cocinado del mismo. Esto hace que se pueda negar a una comida familiar o a un evento social donde haya comida, porque al final hay una necesidad extrema de controlar lo que come y va eliminando de manera muy estricta alimentos que consideran malos”.
Además de esta evitación, la persona con ortorexia “dedica mucho tiempo a planificar comida, planifica menús muy estrictos, porque otro de los aspectos importantes es que hay un funcionamiento muy rígido junto con esa necesidad extrema de controlar. Suelen ver los alimentos como en blanco y negro. O son buenos o son malos”, apunta Mª Victoria Bermejo.
El resultado de esta necesidad excesiva de control y de esta evitación es el aislamiento social, o la aparición de sentimientos de culpa o ansiedad cuando no pueden seguir estas normas que son inviables.
La dificultad ante la ortorexia, tal y como apunta la psicóloga, es que es difícil de detectar porque se puede confundir con una simple tendencia comer más sano. “Estos comportamientos se camuflan muy bien en la sociedad actual. También es importante recalcar que la ortorexia realmente no tiene una entidad diagnóstica como tal en el manual diagnóstico de trastornos mentales (DSM5), estaría encuadrado dentro de los trastornos de la conducta alimentaria no especificados. Ahí se suele diagnosticar”, explica la psicóloga.
Aun así, como señales de alerta ante las que estar atentos, continúa la experta, destacan “esta vigilancia extrema con la comida, la eliminación progresiva de alimentos sin motivo médico, una ansiedad intensa o mucho malestar cuando hay que comer fuera de casa. Decidir no acudir a planes como cumpleaños o comidas familiares. También puede aparecer una obsesión por etiquetas y las calorías, por ver los ingredientes de cada alimento, cómo se ha cocinado, o aparecer un ejercicio físico también extremo o muy compulsivo. La persona en cuestión puede querer llevarse su comida a los eventos o seguir en redes sociales a muchos perfiles que tengan que ver con la alimentación que denominan ‘limpia’ o ‘clean eating’”.
Aumento de los TCA
Tanto en casos de ortorexia como de otros tipos de trastorno, los TCA están aumentando de forma significativa. “Especialmente desde la pandemia, los profesionales de Atención Primaria están alertando de que han aumentado aproximadamente un 8% las consultas relacionadas con problemas de alimentación entre jóvenes de 12 a 36 años. También hay un incremento de la gravedad clínica en edades más tempranas”, advierte la psicóloga Mª Victoria Bermejo, que añade: “la Organización Mundial de la Salud actualmente estima que alrededor del 9% de la población mundial desarrollará un trastorno de la conducta alimentaria a lo largo de su vida. Y cada vez están empezando antes”.

Buscando el motivo por el que los TCA golpean cada vez en edades más tempranas, la coordinadora del Grupo de Trabajo en TCA del Colegio de Psicología apunta que “antes predominaba más una idea de delgadez extrema. Ahora están apareciendo modelos muy ligados al fitness, a una hiperproductividad, y a una búsqueda obsesiva de un bienestar perfecto. Un TCA es como un iceberg, el problema con la comida es solo la punta. Más allá vemos un perfil de persona perfeccionista, exigente, que le lleva a engancharse mucho más fácilmente a este control sobre la alimentación porque es muy manejable. Por otro lado, ahora con las redes sociales tenemos un acceso a la información ilimitada y sin ningún tipo de filtro. En esto, las chicas y los chicos en edad adolescente que todavía no tienen el desarrollo de la personalidad ni el pensamiento crítico maduro, es mucho más fácil que caigan en esta información distorsionada”.
Cómo evitarlo y cómo actuar
Toda la situación descrita puede llevar a las familias a preguntarse cómo evitar que su hijo o hija caiga en un TCA. Sobre este respecto, la psicóloga del Colegio de Psicología recuerda que la prevención es muy importante “tanto desde casa como desde el resto de entornos, haciendo campañas de prevención en el ámbito escolar. Esto es fundamental porque, al final, el trastorno de la conducta alimentaria no es solamente cuerpo y comida. Por debajo hay una autoexigencia, unos deseos de encajar, vulnerabilidades o puntos débiles que empujan a la aparición o desarrollo de un TCA. En los hogares es necesario favorecer buenos vínculos, buenas relaciones sociales, un entorno sano. A los hijos debemos darles espacio donde puedan expresarse sin miedo a ser juzgados, donde, si necesitan ayuda, sientan que pueden pedirla en vez de esconder el problema. También es fundamental tener un control sobre el contenido que ven los hijos en redes sociales”.
En caso de sospechar que un hijo o cualquier persona del entorno cercano podría estar sufriendo un trastorno de la conducta alimentaria, la psicóloga Mª Victoria Bermejo recuerda que es importante “la detección precoz. Aquí el tiempo es un aliado, cuanto antes se empieza, más fácil es el abordaje del problema. Siempre se recomienda acercarse desde la empatía y la preocupación y no desde el juicio y la etiqueta. Recordamos que los trastornos de la conducta alimentaria no son un capricho ni una cuestión de voluntad, son trastornos psicológicos complejos. Lo recomendable siempre es acudir a un profesional especializado cuanto antes. En este caso, psicólogo a psicólogo, a pediatra o médico de atención primaria y a partir de ahí consultar sobre lo que se está observando en casa que preocupa”.
