La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) advierte que el melanoma es uno de los tumores malignos cuya incidencia más ha aumentado en los últimos años. Según el informe ‘Las cifras del cáncer en España 2026’, este año se diagnosticarán en nuestro país 8.074 nuevos casos de melanoma. Que este aumento en los casos no se traduzca en una catastrófica cifra de fallecidos se debe a los avances médicos que se han conquistado en los últimos años. La combinación del diagnóstico precoz, la inmunoterapia y las terapias dirigidas ha cambiado radicalmente el pronóstico de muchos pacientes, tanto en estadios iniciales como avanzados de la enfermedad, permitiendo supervivencias prolongadas e incluso respuestas mantenidas a largo plazo en un número creciente de casos.
La doctora Eva Muñoz-Couselo, vocal de la Junta Directiva de SEOM y oncóloga médica del Hospital Universitario Vall d’Hebrón, explica cuáles son estos avances y por qué la prevención y el diagnóstico precoz siguen siendo fundamentales.
¿Cómo han cambiado la detección, el éxito en el tratamiento y la supervivencia del melanoma en la última década?
EVA MUÑOZ-COUSELO: La última década ha supuesto una auténtica revolución en el tratamiento del melanoma. Tradicionalmente, cuando el melanoma se diagnosticaba en fases avanzadas o metastásicas, las opciones terapéuticas eran limitadas y la supervivencia a largo plazo era muy excepcional.
Hoy la situación es radicalmente diferente. Gracias a los avances terapéuticos, especialmente la inmunoterapia y la terapia dirigida, muchos pacientes con melanoma avanzado pueden alcanzar respuestas muy prolongadas e incluso mantener la enfermedad controlada durante años y llegar a ser lo que llamamos ‘largos respondedores’, ‘largos supervivientes’.
De hecho, actualmente alrededor de la mitad de los pacientes con melanoma metastásico tratados con estas estrategias más modernas pueden estar vivos a 10 años, algo impensable hace apenas una década. Además, hemos mejorado mucho el diagnóstico precoz gracias a una mayor concienciación de la población, a las campañas de prevención y los avances en dermatología y dermatoscopia. Todo eso contribuye a detectar más melanomas en fases iniciales, cuando las probabilidades de curación son mucho más elevadas.
¿Qué es la inmunoterapia?
E.M.C.: La inmunoterapia es un tratamiento que estimula el propio sistema inmunitario del paciente para que tenga la capacidad de reconocer y destruir las células tumorales, es decir, en lugar de actuar directamente sobre el cáncer, ayuda a nuestras defensas naturales a combatirlo.
El melanoma es uno de los tumores donde ese tratamiento ha tenido un mayor impacto y un mayor papel. Sabemos que las células tumorales desarrollan mecanismos para esconderse del sistema inmunitario. Los fármacos inmunoterápicos eliminan estos frenos que tienen estas células y permiten que los linfocitos puedan identificar y atacar al propio tumor.
Actualmente, la inmunoterapia se utiliza tanto en pacientes con enfermedad avanzada como también en algunos pacientes operados que presentan un melanoma con un alto riesgo de recaída. Gracias a estos tratamientos, hemos conseguido aumentar significativamente la supervivencia y, en algunos casos, alcanzar respuestas muy duraderas que se mantienen incluso después de haber finalizado el tratamiento.
Desde la SEOM también declaran la importancia de las terapias dirigidas frente a la mutación BRAF. ¿Podría explicarnos de qué se trata esto?
E.M.C.: Aproximadamente la mitad de los melanomas presentan una alteración genética denominada mutación BRAF. Esta mutación actúa como un potencial interruptor que mantiene activadas de forma permanente las señales de crecimiento del tumor. Las terapias dirigidas son mecanismos diseñados específicamente para bloquear esa alteración molecular concreta.
Habitualmente, se administran combinando dos fármacos que actúan sobre la misma vía de señalización y consiguiendo una eficacia mucho más elevada y también respuestas más rápidas y más duraderas. Lo importante es que representan un ejemplo de medicina de precisión. Antes de iniciar el tratamiento, se analiza el tumor para saber si presenta nuestra mutación y, si está presente, disponemos de esta opción terapéutica que es muy eficaz y que, al igual que la inmunoterapia, ha cambiado de manera muy significativa el pronóstico de estos pacientes.
Desde la Sociedad Española de Oncología Médica también inciden mucho en la importancia del diagnóstico precoz. ¿Cómo cambia el pronóstico?
E.M.C.: Cuando un melanoma se detecta en fases iniciales y está localizado únicamente en la piel, la cirugía suele ser suficiente y las probabilidades de curación son muy altas, superando en muchos casos el 90%. Sin embargo, cuando el diagnóstico se realiza más tarde y el tumor ya se ha extendido a los ganglios linfáticos o a otros órganos, el tratamiento se vuelve bastante más complejo y, aunque hoy disponemos de terapias muy eficaces, sigue siendo mucho mejor detectar el melanoma antes de que tenga capacidad de diseminarse.
Por eso se insiste en una manera tan importante en la vigilancia de los lunares y en consultar ante cualquier lesión sospechosa. Contra el melanoma, el tiempo importa.
Para lograr esta detección temprana es importante que el paciente pueda reconocer las señales de alarma. ¿Podría explicarnos cuáles son?
E.M.C.: La regla más conocida es la de ABCDE. A de asimetría, que es que un lunar tenga una parte más homogénea y otra que sea diferente. B de bordes, que pueden ser irregulares o mal definidos. C de color, que es que hay una presencia de varios colores o de cambios de color. D de diámetro, que las lesiones aumenten de tamaño o superen aproximadamente los 6 milímetros. Y E de evolución, que es cualquier cambio, tanto en tamaño, forma, color, síntomas, que justifique que haya una interacción y una consulta de dermatología. De hecho, la E de evolución es probablemente el signo más importante.
También debemos prestar atención a lesiones que pican, sangran, forman costras o simplemente son diferentes al resto de lunares de la persona. Lo que llamamos el ‘signo del patito feo’ es aquel lunar que destaca claramente sobre los demás y muchas veces es el motivo de consulta. Por lo tanto, ante cualquiera de estas señales, es muy recomendable consultar con un dermatólogo.
A pesar de esto, sigue siendo fundamental la fotoprotección, ¿verdad?
E.M.C.: Sin duda, sí. Los avances terapéuticos han sido extraordinarios, pero la prevención sigue siendo nuestra mejor herramienta. La radiación ultravioleta es el principal factor de riesgo modificable para el desarrollo de tumores como el melanoma. Por ello, recomendamos utilizar fotoprotector de amplio aspecto de forma habitual, evitar las quemaduras solares, buscar sombra en las horas centrales del día y utilizar medidas físicas de protección como puede ser sombrero, gafas de sol o bien ropa adecuada.
Además, es muy importante recordar que la fotoprotección no es solo para el verano o para la playa. La exposición solar acumulativa a lo largo de toda la vida es independiente del lugar donde la recibamos. Por eso, proteger nuestra piel cada día ayuda a reducir este riesgo de melanoma, pero también de otros cánceres cutáneos.

