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La pandemia no solo es una enfermedad infecciosa. La COVID-19 tiene también efectos mentales secundarios tanto por la enfermedad como por los efectos de la desaparición de las rutinas, el distanciamiento social, los confinamientos, las cuarentenas y el miedo a la infección.

Estas situaciones ponen en riesgo la salud mental. Estudios indican que una de cada tres personas está sufriendo estrés, ansiedad y depresión lo que, a su vez, tiene un impacto negativo en su bienestar y se ha convertido en un problema de salud pública.


Me llamo Ángel López, tengo 31 años, y hace poco vencí la batalla contra el cáncer de testículos. Todo comenzó allá por mayo de 2019 con una inflamación feroz en las glándulas mamarias.

Yo no podía imaginar lo que se me venía encima, pero según me contó mi oncólogo hace unas semanas, fue ahí cuando empezó a gestarse el tumor testicular y esa fue la reacción de mi cuerpo.


Marilyn Monroe decía que “vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso”. La soledad es un sentimiento, es una percepción subjetiva.

En los últimos años los hogares unipersonales en España son más del 25%. Pero no es lo mismo vivir solo que sentirse solo: hay personas que viven solas y no acusan la soledad, y hay personas que están solas viviendo en compañía.


Las cefaleas, las migrañas o los dolores de cabeza en general, se consideran la segunda causa de discapacidad a nivel mundial. Se calcula que, al menos una vez al año, un 90% de las personas tienen dolor de cabeza, y que para el 40% de ellas se alterará significativamente su calidad de vida.


Hemos dejado atrás el que seguramente ha sido el año más triste y nefasto de nuestras vidas. Ese que nos ha hecho cambiar nuestras costumbres, alejarnos de familia y amigos, trabajar de otra forma. Y, al mismo tiempo, el que nos ha ayudado a valorar la salud, a los profesionales sanitarios y solidarizarnos con los demás, apreciar que lo mejor es vivir sin enfermedad y tratar de ser mejores.


Los psicólogos coinciden en que las celebraciones de Navidad aumentan los niveles de estrés y ansiedad y, en algunas personas, provocan un profundo sentimiento de angustia. Cumplir con todos los compromisos sociales, las aglomeraciones de personas, los gastos de las compras navideñas, etcétera, son parte del origen de este aumento. Si a estos datos le sumas las restricciones derivadas de la crisis sanitaria, el descalabro económico que se está generando asociado al aumento creciente de la inseguridad laboral, el impacto psicológico de la pandemia se verá agudizado.


Estimados lectores: parto del hecho de que las autoridades sanitarias, así como sus respectivos expertos, se están enfrentando al mayor lío que se hubiesen imaginado por culpa de un ‘bichito’ que mide 60 nanómetros de diámetro y con alto poder infeccioso.


“La salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Esta es la definición de salud en la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que entró en vigor el 7 de abril de 1948. En realidad, tradicionalmente la salud mental y la salud social no han sido tan consideradas como la salud física, pero son esenciales en todas las etapas de vida.


Mª Trinidad Herrero, catedrática de la Universidad de Murcia y Presidenta de la Real Academia de Medicina de Murcia

La pandemia COVID-19 sigue aquí y parece que va a continuar con nosotros durante mucho tiempo. Esta pandemia global ha cambiado la vida, hábitos y costumbres, de millones de individuos en todo el planeta. Estamos aterrados ante sus consecuencias no solo sanitarias sino también económicas y sociales. Todavía siguen explorándose las secuelas de la infección por el virus; no solo las secuelas en la salud sino también las consecuencias sociales y económicas.


Doctor Rafael González Tovar, médico Atención Primaria de Salud

Por primera vez escribo sobre esta pandemia. Agradezco la invitación de Salud 21. Gracias.

Desde el principio decidí no intervenir por el respeto que debía a quienes tienen la responsabilidad de hacer frente a una situación inédita, de repercusiones desconocidas, contra un virus silencioso, asesino, y que se propaga de forma rápida, masiva (28 millones de infectados ya) y, en muchos casos, letal (más de 30.000 compatriotas muertos en España). Tiempo habrá para realizar la evaluación que tanto necesitamos.


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