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Como un tsunami para el cerebro

Abril 15, 2021 254Veces visto
El cerebro es un órgano muy luminoso y adaptable

No hay que ser apocalíptico, pero nadie duda de que la pandemia se ha cebado particularmente en un órgano sensible para la vida y la conciencia: el cerebro. Ese órgano viscoso, misterioso y dotado de plasticidad que supuso muchas horas de trabajo para el insigne Nobel Santiago Ramón y Cajal, ha sido ‘ultrajado’ por un mísero coronavirus que no estaba invitado a nuestra mesa.

¿Y cuál ha sido la consecuencia de tal ultraje?: los cambios de comportamiento y las alteraciones cerebro-emocionales que han experimentado numerosos seres humanos, pero especialmente los más vulnerables: niños y adolescentes, sin olvidar a los ancianos.

Así lo pude constatar en una de las sesiones de la XVIII Semana Mundial del Cerebro que se celebró, vía online, del 12 al 18 de marzo en Murcia, organizado por numerosos organismos y estupendamente coordinado por la catedrática de Medicina María Trinidad Herrero.

Para reflexionar

 Sin pretender resumir las interesantes sesiones de la jornada dedicada a la ansiedad en niños y adolescentes, y a las urgencias psiquiátricas, a cargo de los psiquiatras Eladio Aparicio Castro, César Toledo y Mercedes Sánchez de las Matas, pretendo fijarme en lo que más me llamó la atención.

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, el 80% de los niños y adolescentes han sufrido cambios de comporta - miento, y el 70% muestran cambios de humor, están más irritables y protestan por cualquier cosa con conductas desafiantes a raíz de la pandemia.

Los psiquiatras certifican su diagnóstico: “Hemos observado un enorme aumento de alteraciones de conducta en niños y adolescentes”. Es como si se hubiesen enfrentado a un auténtico ‘estado de guerra’ y su cerebro se habría descontrolado por el confinamiento y por la excepcionalidad que les ha tocado soportar: aislamiento en casa, ausencia de sus amigos, miedo a enfermar, la desazón de sus padres, etc.

La paradoja

La paradoja también existe. Mientras el confinamiento ha exacerbado las adicciones de los niños y jóvenes por las nuevas tecnologías, también se ha propiciado un aumento de la lectura.

Tampoco se debe olvidar que durante el encierro en casa los hijos únicos han tenido más dificultades para socializar por no tener hermanos, y ha habido otros adolescentes que lo han pasado peor: el confinamiento agravó la situación de los menores que sufren abusos en su entorno familiar.

El doctor Eladio Aparicio, que ejerce de psiquiatra en el Hospital General de Elche, lanzó un mensaje de optimismo, dirigido sobre todo a los adultos: “Hay que adiestrar a los padres para que identifiquen los problemas que presenten sus hijos y pidan ayuda para que los niños vuelvan a sonreír”.

Se trata, en resumidas cuentas, de que el estrés psicosocial que han sufrido niños y padres se resuelva lo antes posible sin que queden secuelas. Los psiquiatras no quieren ser agoreros, pero lo cierto es que con las expectativas existentes en la actualidad y con lo que queda para acabar la vacunación, esperan en el futuro una oleada de personas con enfermedades de salud mental.

La conclusión final podría ser que la vuelta a la normalidad tal como la conocíamos antes será lenta y difícil, pero no es una tarea imposible y lo podremos contar.

(*) Crónica de J. A. CELESTINO.  Forma parte de tres capítulos dedicados a reflejar los contenidos de la Semana del Cerebro, que se irán publicando en las próximas ediciones del periódico físico.

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