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Bienvenidos, residentes

Recordando la mítica canción de Miguel Ríos, es para el Sistema Sanitario y especialmente para los Centros de Salud, una autentica bendición el día que llegan nuestros nuevos médicos residentes, por lo que suponen para todos nosotros, los médicos tutores en renovar ilusiones y método.

Todo por hacer, todo por vivir, todo por aprender, todo por relacionarse y todo por adquirir una formación adecuada que les ayude el día de mañana ofrecer a nuestro ciudadanos una medicina de calidad.

Nosotros formamos médicos de familia (MF), en mi caso desde el año 89 y ha sido a lo largo de mi ya dilatada vida profesional tras mi matrimonio, mis hijas y mis nietos, el trabajo que más satisfacciones me ha reportado.

La labor del tutor de residentes es una intermediación entre la familia y la profesión y nos permite ayudar en lo profesional pero también en lo personal. Otros compañeros entienden que la relación con el residente debe ser pura y estrictamente profesional.

Llegan con lo último, grandes teóricos de la medicina, que hay que ir remodelando para que conozcan y reconozcan la auténtica realidad de la medicina social que deben practicar. Pasar de lo puramente teórico a la práctica habitual del día a día. Hay que recomponer sus conocimientos y su cabeza, a lo que realmente ocurre en la realidad de la práctica clínica.

Instrumentos como la historia clínica, la exploración de los pacientes, los iniciales diagnósticos, el diagnóstico diferencial, la petición de pruebas complementarias…. Y un montón de circunstancias nuevas para el novato que irá conociendo con sorpresa y a veces estupor.

Pero no están solos. Los tutores poco a poco vamos transfiriendo autoridad médica y asunción de responsabilidades, pero nunca la última responsabilidad, en eso consisten las tutorías, en observar, corregir y estimular.

En estos periodos la mejora científico-técnica se hace evidente, pero también aparecen en el camino el amor, el desamor, la competencia científica y la aparición de desarrollar proyectos profesionales de más calado…. en fin, la vida.

En el caso del Centro de Salud de Espinardo, nuestros residentes reciben un “ficticio bautizo” que les hace recibir la “gracia” de nuestro equipo, siguiendo el pasaje de Juan el Bautista con Jesús. Una excusa que nos sirve para confraternizar, acercándonos poco a poco a los nuevos personajes, contando siempre con la gran ventaja de que por nuestras manos han pasado en muchos casos más de 20-25 promociones.

Inicialmente se produce la elección de tutor por parte del residente, que previamente realiza una labor de investigación, a veces algo pesadita, para conocer la gran cantidad de virtudes de su futuro tutor y el escaso número de elementos negativos que lo pueden adornar. A continuación y por estricto orden en el examen MIR, eligen con el que convivirán los próximos 4 años, aunque en el caso de nuestra especialidad decimos que 2 de ellos los pasarán en el “Lado Oscuro”, referencia injusta a su paso por el hospital.

Y bueno, a trabajar, a conocer el OMI (programa informático del SMS para la Atención Primaria), primeros pacientes, primeras guardias, todo desconcierto, sufrimiento, preguntas de por qué, por qué me he metido en este lio, pero al final, una inmensa satisfacción.

Las reuniones iniciales con los responsables docentes, suelen ser duras, se plantea algo tan difícil como articular el futuro, pero se hace y se hace bien entre todos, contando también con la familia. Se trata al fin y al cabo, de desarrollar el programa de la especialidad. MFyC, Medicina Familiar y Comunitaria.

Y luego llega el primer sueldo, cierta satisfacción por la ridícula nómina. Pero es suya, se la han ganado y nunca mejor dicho, con el sudor de su frente. Y siguen y mejoran, aparecen las pegas, se resuelven, y se quejan,  y nos quejamos pero salen adelante, salimos adelante.

Observan la consulta de Atención Primaria, inicialmente con cierto temor, pero en poco tiempo como su casa y se pasa del tutor protector, al tutor confidente en la ciencia y en la vida. La compra de un coche suele ser casi inmediata, lo mismo que una entradita para un pisito. Y por mi experiencia, les puedo asegurar que en unos meses surge el amor, un amor que en muchos casos se solidifica y suele tener consecuencias a futuro. En otros casos se disuelve y se compensa trabajando más y haciendo más guardias.

Estos son algunos breves aspectos del comienzo de nuestros nuevos residentes, esos que el pueblo denomina “ayudantes” y en el caso de algunas médicas “la nenica nueva”, pero también los hay hirientes que dicen “¿Cuándo se jubila usted, Don Juan?”…. Malditos.

Pasión y orgullo he tenido por todos ellos, ninguno me defraudó, y les puedo asegurar que en la actualidad son muy útiles a la sociedad a la que sirven, y solo me queda a todos ellos darles las gracias.

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