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En esta ocasión he querido ponerme en el lugar del enfermo que no podrá presenciar la Semana Santa en la calle, ni la semana de pasión que supone la campaña electoral porque está recluido en la UCI, la Unidad de Cuidados Intensivos, ese santuario de la tecnología médica que trata de retener la vida y hacerle un corte de manga a la muerte.