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Siempre se ha dicho que los hijos son la imagen que sus padres proyectan en ellos.

Así, lo habitual es que si nosotros, como padres, leemos en casa, nuestros hijos leerán; si hacemos deporte, ellos se contagiarán e incorporarán este hábito tan saludable a su vida cotidiana. Si gritamos y blasfemamos, ellos lo verán como normal y nos imitarán. Si no respetamos a las personas, ellos tampoco lo harán.


En muchas ocasiones tras una visita de un paciente a nuestra consulta los médicos tenemos la sensación de que si no recetamos alguna pastilla, algún medicamento, la persona no se va contenta.